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La inmigración se ha vuelto un debate envenenado donde es utilizada como arma política. Como en otros países, en España se repite que los inmigrantes nos quitan el trabajo, viven de “paguitas” y están detrás de la violencia. La ultraderecha en concreto ha simplificado y magnificado la discusión dándole peso al componente identitario y restándoselo a factores económicos que muestran una realidad más compleja.
En nuestro caso, la inmigración empezó a aumentar bastante en el cambio de siglo, atraída por “la España que iba bien”. El boom inmobiliario y hostelero demandaba mano de obra, y la Ley de Extranjería facilitó la incorporación al mercado de miles de personas en el país. España llegó a recibir más de 600.000 inmigrantes netos al año entre 2002 y 2007, pero esta tendencia se frenó con la crisis y después con la pandemia. La cifra no volvió a superarse hasta 2022.
El aumento de la inmigración en los últimos años ha reavivado un debate dominado por la ultraderecha y con percepciones de base equivocadas. En promedio, los españoles percibimos que los inmigrantes son más de un cuarto de la población del país, que tienen una tasa de paro del 40% y que más de la mitad reciben ayudas sociales. Pero en realidad representan el 16% de la población, tienen una tasa de paro del 16% y el 11% recibe ayudas sociales. Además, los inmigrantes han aportado en España el 70% de la nueva fuerza laboral en el último año y sus aportaciones a la Seguridad Social son clave para el sistema de pensiones. Sin embargo, el desconocimiento y el uso político de la inmigración han consolidado varios mitos.
“Nos quitan el trabajo y disminuyen nuestros salarios”
Aparte de sus propios motivos, los inmigrantes llegan a un país porque las empresas necesitan cubrir puestos de trabajo. Al llegar, aumentan la oferta de trabajadores, y como muchos aceptan menos remuneración que los nacionales, es lógico pensar que ocuparán sus puestos de trabajo y llevarán a reducir sus salarios. Sin embargo, los inmigrantes también aumentan la demanda de bienes y servicios, lo cual fomenta la producción para satisfacer ese consumo. Eso resulta en la creación de empleo a corto plazo.
Asimismo, distintos estudios concluyen que el aumento de la demanda de trabajadores de un país es mayor o igual al de la oferta de trabajadores. Por lo tanto, según una revisión de la evidencia empírica del instituto alemán IZA World of Labor, el efecto de la inmigración en los salarios de los nativos menos cualificados (a quienes se supone que más perjudica la inmigración) es casi nulo en países industrializados. Esto se debe a dos motivos: normalmente estos inmigrantes no son una mayoría como para ser significativo, y los nacionales suelen moverse a otras responsabilidades dentro de la empresa sin que caigan sus salarios.
España es un ejemplo de que los trabajadores inmigrantes no son un lastre, sino necesarios. Representan el 12,9% del total, pero el porcentaje es muy distinto según el sector: destacan entre los empleados del hogar (42,3%), organizaciones internacionales (27,6%), hostelería (25,8%), sector agrario (25,7%) y construcción (18,9%). Aunque están concentrados en sectores poco cualificados, la inmigración cualificada también ha aumentado en los últimos años, llegando al 43% en 2022, por encima de Alemania e Italia.
¿Y por qué no se cubren las vacantes con españoles si hay más de un 11% de paro? Puede deberse a que muchos no cumplen los requisitos exigidos o no aceptan condiciones laborales que los inmigrantes sí. Lo segundo se le suele criticar al recién llegado, no al empleador, que en ocasiones lo traduce en condiciones abusivas, pero también se debe a que España es el país con mayor sobrecualificación de la Unión Europea.
En el fondo, la cantidad de empleos en un país no es fija. Así como la entrada de las mujeres en el mercado laboral no expulsó a los hombres de sus puestos de trabajo, la evidencia empírica señala que la llegada de inmigrantes no tiene un efecto significativo a largo plazo en el empleo de los nacionales poco cualificados. En el corto, es posible que la inmigración fomente que las empresas encuentren trabajadores sin mejorar los salarios, ralentizando la caída del paro, pero el análisis del IZA concluye que a la larga los inmigrantes más cualificados aportan a la adaptación tecnológica y los poco cualificados a la movilidad laboral.
“Viven de las ayudas”
¿Cuántas veces hemos oído que los inmigrantes “se quedan todas las ayudas” o “vienen a vivir de paguitas”? El partido ultraderechista Vox, promotor de este discurso, llegó a poner carteles en el metro de Madrid. Pero son bulos lejos de la realidad. La OCDE analizó veinticinco países, entre ellos España, durante el período 2006-2018 para ver si los inmigrantes aportaban más o menos de lo que el Estado les aportaba en sanidad, educación y protección social. La conclusión es que los inmigrantes aportan más de lo recibido en estas áreas, siendo su saldo fiscal neto cercano a cero. El informe también destaca que casi todos los Estados estudiados gastan menos dinero por persona en los inmigrantes que en los nativos.
El aporte de los inmigrantes en España es superior a la media de los países analizados: un 1,7% del PIB frente a un 1,56%. Por otra parte, España recauda un 56% más por cada euro gastado en una persona nacida en el extranjero que por una nacida en España. Además, las ayudas sociales suelen otorgarse en función de la vulnerabilidad económica de la persona u hogar. En España, el 22,8% de los españoles está en riesgo de pobreza o exclusión social, frente al 35,2% de los extranjeros comunitarios y el 60,4% de los extracomunitarios. Pese a ello, solo el 10,96% de los extranjeros usan los servicios sociales.
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Lejos de acaparar las ayudas, los inmigrantes aportan a la innovación y el crecimiento de los países. Según un análisis de Estados Unidos, un 16% de los inventores de patentes son inmigrantes y fueron responsables del 36% de la innovación desde 1990 hasta 2016. Otro análisis de doce países europeos, incluido España, concluye que la presencia de muchos inmigrantes no afectó al número de aplicaciones de patentes de sus regiones entre 1991 y 1995 y 2001 y 2005. No obstante, señala que sus habilidades pueden complementar y beneficiar a los nativos. Una revisión de la literatura publicada en 2023 señala que también ayudan a concentrar en las ciudades a personas con intereses de investigación similares. Y un estudio reciente de la OCDE destaca que la inmigración puede impulsar el crecimiento en países con puestos no cubiertos.
“Aumentan la violencia”
El aumento de la violencia y la inseguridad, o su percepción, se ha vuelto una de las razones principales del rechazo a los inmigrantes. Pero según una revisión reciente en la revista Journal of Economic Perspectives sobre varios estudios, la inmigración no aumenta el crimen en los países receptores, incluido España. Sin embargo, los datos dicen que los inmigrantes, en especial los que están en situación irregular, están sobrerrepresentados (salvo en Estados Unidos) en las condenas de cárcel respecto a su población.
Los autores de la revisión sugieren tres posibles factores: el primero es que los inmigrantes estén siendo discriminados por la Policía o las autoridades judiciales, sin cometer más crímenes que los nativos pero siendo condenados en mayor proporción que ellos. El segundo es que algunos inmigrantes hayan sustituido a criminales nativos en su actividad delictiva y, como resultado, no aumenten las tasas de crimen generales aunque los inmigrantes tengan una mayor tasa de criminalidad que los nativos. El tercero, más simple pero no por ello más cierto a falta de evidencia, es que la proporción de inmigrantes sea demasiado pequeña sobre la población general como para tener un alto impacto en la tasa de criminalidad.
En España, es verdad que los extranjeros son condenados a prisión 2,41 veces más que los españoles. Como consecuencia, tienen una mayor tasa de encarcelamiento respecto a su población, aunque ha disminuido desde 1998. Aun así, su sobrerrepresentación en la tasa de criminalidad puede deberse a otros factores. Entre estos están la falta de recursos para una mejor defensa, que se benefician menos de los terceros grados penitenciarios o semilibertad por no tener arraigo, domicilio familiar o empleo, o que son más interpelados e investigados por las autoridades, como indican los datos sobre España.
Es decir, que no es la nacionalidad sino factores como la pobreza o la exclusión los que pueden influir en mayor medida en el origen de las personas condenadas. Una investigación sí que ha encontrado evidencia de aumento del crimen en Cataluña como consecuencia de la inmigración, pero su autora destaca que es una razón para estudiar las causas de estos crímenes, como el desempleo, que afecta más a los inmigrantes.
Entonces, ¿por qué muchos creen que la inmigración aumenta la delincuencia? En España, aunque no hay correlación entre aumento de extranjeros y recluidos, sí han aumentado los foráneos entre los detenidos e investigados desde 2010, lo cual puede estar detrás del aumento del sentimiento de inseguridad respecto a la inmigración. Un sentimiento que después explotan sectores de la ultraderecha como Vox o el eurodiputado Alvise Pérez. En esa línea, otra respuesta es el papel de algunos medios de comunicación.
Por ejemplo, un análisis de 2024 señala que los medios en Suiza aumentaron sus noticias sobre crímenes cometidos por inmigrantes antes del referéndum de 2009 sobre la prohibición de la construcción de más minaretes, causando un mayor apoyo en la prohibición. Otro estudio sobre Chile entre 2010 y 2017 encuentra que, aunque la inmigración no aumentó el crimen, en las zonas con muchas emisoras de radio creció la percepción de que sí ocurría. Los autores sugieren que se debe a que las emisoras tendían a publicar más noticias relacionadas con los crímenes cometidos por extranjeros para conseguir más oyentes.
La inmigración es, sobre todo, una realidad
Más allá de las opiniones, la inmigración es un fenómeno histórico que seguirá existiendo. Aparte de gestionar las fronteras, en Europa está extendida la idea y la política de apoyar el desarrollo de los países de origen para desincentivar la migración. Sin embargo, un estudio de 2024 sobre ingresos e inmigración publicado en la Journal of Development Economics muestra que el aumento de la renta no disminuye la migración, sino que la incrementa. En el libro Los mitos de la inmgiración, el experto Hein de Haal señala con evidencia que esto se debe a que al poseer más recursos las personas aumentan su aspiración y posibilidad de migrar. La migración desde los países pobres, explica, aumenta a medida que se desarrollan.
En concreto, según un análisis previo publicado en IZA World of Labor, por lo general la migración aumentará hasta que los países de origen dispongan de una renta cercana a 7.000-8.000 dólares estadounidenses en paridad de poder adquisitivo. Esto significa, por ejemplo, que para que disminuya la migración por razones económicas desde Marruecos a España la renta per cápita de los marroquíes debería duplicarse. Para países como Níger, debería multiplicarse por más de diez.
Mientras tanto, la inmigración es una realidad que contribuye a la economía de los países de destino. En España, además, alivia a medio plazo las finanzas de la Seguridad Social. Actualmente tenemos algo más de dos ocupados por cada pensionista, pero para 2050, según prevé la Comisión Europea, se reducirán a 1,36. Esto quiere decir que el déficit de la Seguridad Social aumentará, pero sin inmigración el problema sería mucho más grave. Por lo tanto, sus efectos reales distan mucho de las acusaciones antiinmigratorias. Y al contrario de lo que algunos intuyen, los inmigrantes aportan al Estado más de lo que reciben, contribuyendo al bienestar social además de al suyo propio.
Fe de errores: en una primera versión se aseguraba que el 19,8% de los extranjeros usan los servicios sociales, cuando en realidad es el 10,96%.