En unas pocas décadas, España ha pasado de ser un país emisor de migrantes a necesitar la llegada de extranjeros para sostener su demografía y su mercado laboral. El desarrollo económico experimentado a partir de los noventa disparó el número de llegadas y, tras los parones provocados por la crisis económica de 2008 y la pandemia, el país ha vuelto a encontrar en la inmigración un revulsivo para su economía. Sin inmigrantes, España sería hoy un país con una población en caída libre y una menguante fuerza laboral incapaz de satisfacer las necesidades de su sector productivo.
Según datos del Instituto Nacional de Estadística de enero de 2022, España cuenta con 7,5 millones de residentes nacidos fuera de sus fronteras, el equivalente al 16% de la población, aunque si se tiene en cuenta únicamente a aquellos migrantes que no poseen la nacionalidad española la proporción desciende hasta el 12%. La mayoría de ellos proceden del continente americano: hasta el 45% de los residentes en España nacidos en el extranjero vienen de países como Colombia, Venezuela, Ecuador o Argentina.
Los hispanoamericanos se benefician de compartir el mismo idioma, pero también de un marco legal que facilita el acceso a la residencia y la ciudadanía por los lazos históricos que unen a sus naciones con España: la residencia mínima exigida para optar a la nacionalidad española desciende en su caso hasta los dos años, al igual que para los ciudadanos de Brasil, Portugal, Guinea Ecuatorial, Filipinas y Andorra, mientras que el resto de extranjeros necesitan diez años. Así, el mapa de la inmigración en España revela un reparto homogéneo de los migrantes americanos por todo el territorio, aunque son las grandes ciudades como Madrid, Barcelona, Valencia y sus periferias las que acogen a un mayor número de personas de origen latino.

Aunque la inmigración americana suele tener un componente económico, en los últimos años la inestabilidad política ha jugado un papel fundamental, como en el caso de los venezolanos o los hondureños.
Por continentes, Europa ocupa el segundo lugar en el mapa de la inmigración en España, con un 30% de los nacidos en el extranjero. En su caso se mezclan dos dinámicas distintas. Por un lado, la inmigración económica que atrajo a cientos de miles de rumanos o búlgaros cuando sus países entraron en la Unión Europea y España disfrutaba de los años de bonanza previos al estallido de la burbuja inmobiliaria. Por otro, el de los alemanes, británicos o franceses que se jubilan en el país ibérico.
De esta forma, los europeos asentados en España se agolpan en la costa, especialmente en la costa del Sol, el Levante y las Islas Canarias, atraídos por el buen clima y precios mucho más contenidos que en sus países de origen, pero también en zonas industriales y empresariales como el Corredor del Henares en el sureste de la Comunidad de Madrid, donde personas llegadas de Europa del Este nutren el sector del ladrillo y las fábricas.

La tercera mayor comunidad migrante de España la componen los africanos, que representan hasta el 18% de los residentes nacidos fuera del país. La inmensa mayoría de ellos son marroquíes, los cuales se han convertido en una pieza indispensable del campo español y la producción agrícola y ganadera —de ahí su concentración en Huelva, Almería o Murcia—.
También existe una importante población magrebí en Cataluña cuyos orígenes se remontan a la década de los setenta. Muchos marroquíes abandonaron Francia por la crisis económica de 1973 y las restricciones a la inmigración procedente de sus antiguas colonias y se instalaron temporalmente al otro lado de los Pirineos. Allí encontraron acomodo en el sector de la construcción y lo que era una mudanza temporal acabó convirtiéndose en la mayoría de los casos en un nuevo hogar, motivando un nuevo flujo de marroquíes tras la reconversión industrial y la reactivación de la economía española en 1985.

En el último lugar del mapa de la inmigración en España se sitúan los residentes procedentes de Asia —China y Pakistán, fundamentalmente—, que suponen el 7% de los nacidos en el extranjero pero se ven superados por los migrantes americanos, europeos o africanos en prácticamente la totalidad de los municipios españoles.
Muchas gracias. Tal como decís, los datos callan a muchos que no saben o no quieren ver más allá de lo que escuchan en fake news o comentarios vacíos de realidad.
Estimado Christian lo que deja claro el mapa es que alguien de Madrid o de Valladolid no puede tener la misma percepción sobre la inmigración de origen magrebí que uno de Murcia, Almería o Huelva, donde muchos municipios literalmente parecen marruecos o África, para lo bueno y para lo malo. La población de origen marroquí no se integra, trae sus costumbres que son diametralmente opuestas a las nuestras y la transmiten de padres a hijos. Todavía recuerdo el pueblo de mi madre cuando había 4 marroquís las mujeres marroquíes iban por la calle sin velo, hoy que la mitad del pueblo es marroquí, veos a varias con Burka y todas con el pelo tapado…por qué será… El problema es pensar que Madrid o Barcelona son el reflejo de España, cuando no lo es.