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Giorgia Meloni está decidida a deportar migrantes a Albania. El Tribunal de Roma obligó a retornar a Italia a dieciséis personas que habían sido enviadas a un campo de internamiento acordado entre los dos países, pero la primera ministra respondió la semana pasada con un decreto ley y recurriendo ante el Supremo para asegurar su política. La decisión ha sido criticada por la oposición y el Vaticano, pero tiene el respaldo de la Unión Europea a través del Pacto sobre Migración y Asilo. Además, coincide con el endurecimiento de la ley migratoria en Francia y con medidas y propuestas contra el derecho de asilo en Finlandia o Polonia.
Incluso la Comisión ha aceptado revisar la idea de “tercer país seguro”. Esta melonización del debate sobre la inmigración es otra prueba de que las tesis de la ultraderecha ganan peso en toda la Unión: están marcando la agenda y refuerzan la percepción de que es una amenaza. Sin embargo, el proyecto de Europa como fortaleza viene de antes de que estas fuerzas ganaran peso en los Gobiernos nacionales y en las instituciones comunitarias. Los socialdemócratas, progresistas, liberales y conservadores también son responsables de esta visión de la migración que favorece la crisis humanitaria en las fronteras europeas.
El migrante como amenaza
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