No es sólo Meloni: la Unión Europea ya era reacia a la inmigración

La ultraderecha europea impulsa un discurso antiinmigratorio que favorece políticas cada vez más restrictivas desde Bruselas y en los países miembros. Sin embargo, la “fortaleza Europa” estaba construida desde antes y no sólo por líderes radicales. Estos últimos le han dado sustento político y ahora pretenden tomarla.
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No es sólo Meloni: la Unión Europea ya era reacia a la inmigración
Personas migrantes cerca de la frontera de Hungría con Serbia en 2015. Fuente: Gémes Sándor/SzomSzed (Wikimedia Commons)

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Giorgia Meloni está decidida a deportar migrantes a Albania. El Tribunal de Roma obligó a retornar a Italia a dieciséis personas que habían sido enviadas a un campo de internamiento acordado entre los dos países, pero la primera ministra respondió la semana pasada con un decreto ley y recurriendo ante el Supremo para asegurar su política. La decisión ha sido criticada por la oposición y el Vaticano, pero tiene el respaldo de la Unión Europea a través del Pacto sobre Migración y Asilo. Además, coincide con el endurecimiento de la ley migratoria en Francia y con medidas y propuestas contra el derecho de asilo en Finlandia o Polonia.
Incluso la Comisión ha aceptado revisar la idea de “tercer país seguro”. Esta melonización del debate sobre la inmigración es otra prueba de que las tesis de la ultraderecha ganan peso en toda la Unión: están marcando la agenda y refuerzan la percepción de que es una amenaza. Sin embargo, el proyecto de Europa como fortaleza viene de antes de que estas fuerzas ganaran peso en los Gobiernos nacionales y en las instituciones comunitarias. Los socialdemócratas, progresistas, liberales y conservadores también son responsables de esta visión de la migración que favorece la crisis humanitaria en las fronteras europeas. 
El migrante como amenaza
Los atentados de Al Qaeda el 11 de septiembre de 2001 no sólo sumieron a Estados Unidos en el terror, sino que marcaron la percepción de la migración en las décadas siguientes. Las amenazas ya no tenían por qué provenir de países, sino de individuos anónimos, sin rostro, que podrían causar un daño traumático en cualquier momento. Esta sensación aumentó con los atentados de 2004 en Madrid o los de 2005 en Londres. La xenofobia y el racismo de las sociedades occidentales reforzaron la percepción de que los inmigrantes escondían terroristas en potencia por su color de piel o sus creencias religiosas.
Ya desde los años noventa, Europa también vivía un aumento de la inmigración, tanto interna como de otra...

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Alba Leiva

Madrid, 1997. Redactora en El Orden Mundial. Graduada en Relaciones Internacionales por la Universidad Complutense y Máster en Geopolítica y Estudios Estratégicos por la Universidad Carlos III. Me interesa la política internacional, la geopolítica de los recursos, las nuevas tecnologías y la cultura.