En 2015, el partido Ley y Justicia (PiS, por sus siglas en polaco) salió escogido por mayoría absoluta. En la actualidad, tanto el presidente Andrzej Duda, como el primer ministro Mateusz Morawiecki, pertenecen al PiS, así como la mayoría de diputados del legislativo. Desde entonces, las controvertidas medidas tomadas por su Gobierno han forjado una relación muy tensa con la Unión Europea.
El partido ultranacionalista se vio aupado al poder en parte gracias a varios temores: a perder sus valores por un lado, y a ceder soberanía a Bruselas por otro. La identidad polaca, muy ligada a la Iglesia católica y a la tradición, consideran que se ve puesta en riesgo por la afluencia de inmigrantes con culturas diferentes —y, sobre todo, con religiones diferentes—. La soberanía nacional, por su parte, se considera vulnerable a la interferencia europea, que perdió legitimidad desde que la crisis puso en duda los beneficios de pertenecer a la Unión.
De esta forma, la mayoría absoluta del PiS garantizó un Gobierno de Beata Szydlo de línea dura: rechazó los acuerdos establecidos por la Unión Europea sobre la acogida de inmigrantes que llegaban al continente y puso en marcha una senda política que ponía al poder judicial bajo el control gubernamental. Esto no fue bien recibido en la UE y la relación entre las instituciones comunitarias y la primera ministra se enfrió hasta límites insospechados. Tanto fue así que el propio partido Ley y Justicia decidió reemplazar a Szydlo al frente del Ejecutivo en 2017. En su lugar se asentó Mateusz Morawiecki, un perfil en principio más compatible con la política de Bruselas.
Sin embargo, la retórica ultranacionalista continuó y también lo hicieron las medidas que vulneraban el Estado de derecho de acuerdo a la Unión Europea, así como el acercamiento al líder húngaro Viktor Orbán. En este sentido, algunas de las principales medidas incluyen la reforma de los juzgados ordinarios, el tribunal nacional y el constitucional, poniendo en p...