Así ve el mundo China: un mapa para convertirse en la gran potencia global

Pekín ha diseñado su propio mapamundi para romper con el dominio cartográfico occidental y reivindicarse como el corazón geográfico del globo
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América arrinconada, partida en dos y del revés en los márgenes del globo; el océano Ártico reconvertido en una especie de mar Mediterráneo que conecta Asia con Norteamérica; los Polos como ejes de gravedad de un mundo con China en el centro. Tras décadas de ascenso, Pekín está preparada para reclamar la hegemonía global, el liderazgo de un orden mundial alternativo. Y para ello, quiere darle la vuelta —literalmente— al mapamundi.

La proyección vertical de China, oficializada en 2013 y adoptada por la Comisión Militar Central en 2019, sitúa al gigante asiático en el corazón geográfico del globo. Con ello rompe con la tradición cartográfica occidental, que lleva siglos mapeando el mundo de este a oeste, con el océano Pacífico a ambos lados y Europa en el centro.

Mapa vertical de Hao Xiaoguang, versión topográfica (2014) | Fuente: Hao Xiaoguang

El mapamundi occidental actual es, además de un corsé geográfico, una vergüenza para China. Una foto incómoda que le recuerda su incapacidad para defender los límites imperiales de la dinastía Qing del colonialismo europeo en el siglo XIX. En el conocido por los chinos como “siglo de la humillación”, el gigante asiático perdió cerca de un tercio de su territorio y acabó encerrado en unas fronteras que ahora le provocan claustrofobia.

En cambio, el mundo visto desde China muestra una Europa periférica, reducida a un mero apéndice de la masa euroasiática; un Atlántico desplazado a los márgenes y una América desmembrada y marginada. Su autor, el geofísico Hao Xiaoguang, ha llegado a definir su creación como “una revolución copernicana”.

El mapa vertical chino no sólo empuja a Estados Unidos, el gran rival geopolítico de China, a los confines del mapa, sino que también dibuja una nueva esfera de influencia para Pekín, una oportunidad para vengarse de la historia y recuperar su esplendor territorial. De ese modo, reconfigura los equilibrios geográficos y permite a China construir una nueva hegemonía a partir del océano Índico y el continente euroasiático, precisamente los principales nodos de su Nueva Ruta de la Seda.

Un diario chino ya lo titulaba en 2014: “¿Podría ser este un mapa que cambie el mundo?”.

El Reino del Medio

El nombre de China en chino viene a significar ‘Reino del Medio’ (Zhōngguó), una denominación que remite a esa idea histórica de China como núcleo político y civilizatorio de Asia, y a una centralidad que Pekín se ha propuesto recuperar en este siglo.

El mapa de Hao Xiaoguang no es el primero que coloca a China en el centro del mundo. De hecho, la proyección vertical está inspirada en una cartografía elaborada por un jesuita italiano que ya trasladó el eje del globo a la región del Himalaya hace más de cuatrocientos años. En su “Mapa de los Diez Mil Países de la Tierra”, datado en 1602, el misionero Matteo Ricci dibujó el imperio de la dinastía Ming en el centro de todo el territorio conocido.

Su cartografía gustó tanto al emperador Wanli que Ricci vio en su agradecimiento una ventana de oportunidad para evangelizar China. Roma acabaría descartando un siglo después adaptar las costumbres cristianas a la tradición china, pero el mapa del jesuita quedó anclado en el imaginario chino hasta tal punto que el mapamundi oficial del país asiático tiene hoy el mismo encuadre.

Copia japonesa del mapa de Matteo Ricci (1604, autor desconocido) | Fuente: Wikipedia
Copia japonesa del mapa de Matteo Ricci (1604, autor desconocido) | Fuente: Wikipedia

Aunque este tipo de proyecciones son relativamente comunes en Asia, al geofísico Hao Xiaoguang, investigador del Instituto de Geodesia y Geofísica de la Academia China de Ciencias, se le seguía escapando algo. Por eso pasó más de diez años trabajando en una versión vertical del mapamundi que reflejase mejor la relación entre los hemisferios norte y sur, redujera la deformación de los Polos y ofreciera una representación más equilibrada de continentes periféricos como África u Oceanía. En 2001 ya presentó una versión inicial de su mapa.

“Estados Unidos está al norte de China, no al este”. La irrupción de Hao en las esferas políticas y militares chinas se produjo en 2006, en una conferencia sobre los satélites BeiDou. Desarrollado por Pekín y rival del GPS estadounidense, este sistema de posicionamiento tiene un importante componente militar, y en un intento por optimizar recursos, las autoridades chinas habían decidido priorizar la cobertura de China y el océano Pacífico. Delante de doscientos expertos, Hao se levantó y dijo: “En caso de guerra, la ruta más corta para los misiles estadounidenses es el Ártico, no el Pacífico”. El culpable del error de cálculo, se convenció, era el mapamundi horizontal.

Pero su mapa es mucho más que una corrección técnica: es un mapa para un nuevo tiempo. Es un desafío a los cánones cartográficos occidentales y una forma de devolver a China, el “Reino del Medio”, su propia visión del mundo. Para el nacionalismo chino, construido sobre una civilización con más de 5.000 años de historia, el dominio global de Occidente y el ascenso de Estados Unidos en el siglo XX no es más que un paréntesis histórico.

La difusión del mapa coincide con el gran ciclo de ascenso chino: el crecimiento de dos dígitos, la entrada en la Organización Mundial del Comercio en 2001, el adelantamiento como segundo potencia económica a Japón en 2011 y, finalmente, la guerra comercial con Estados Unidos, que ha confirmado a China como un competidor capaz de disputar la hegemonía global. También con una renovada proyección geopolítica, que pasó del “desarrollo pacífico” bajo el liderazgo de Hu Jintao en 2003 al “sueño chino de rejuvenecimiento nacional” de Xi Jinping en 2012 y el actual “futuro compartido” con el resto del mundo.

Un nuevo mapa para un nuevo orden mundial

Asomarse a la proyección vertical de Hao es asomarse al orden internacional que China imagina para el siglo XXI. El mapa no sólo redefine la posición de los países en el plano, sino que asigna a cada región un papel específico en el orden liderado por Pekín y dividido en círculos concéntricos.

Toda la cartografía del poder chino parte de una obsesión geopolítica: romper el enclaustramiento estratégico de China en el Pacífico. El núcleo del mapa corresponde al espacio de máxima prioridad estratégica, el entorno marítimo chino. Y aquí la geografía juega contra Pekín. Pese a ser la mayor potencia comercial del planeta, China no dispone de un acceso libre al océano. Su salida al Pacífico está bloqueada por dos cadenas de islas controladas por aliados o gobiernos afines a Estados Unidos.

La primera cadena —que conecta Japón, Taiwán, Filipinas y Malasia— encierra a China en sus propios mares costeros. La segunda —que abarca desde Japón hasta Indonesia, pasando por Guam o Palaos— limita todavía más su capacidad de proyección hacia las aguas abiertas del Pacífico. Por si fuera poco, a ese bloqueo marítimo se suman las barreras naturales del desierto de Gobi y la meseta del Tíbet en tierra firme, que empuja a la población hacia las costas.

EL CERCO DE ESTADOS UNIDOS A CHINA EN EL PACÍFICO

El cerco de Estados Unidos a China en el Pacífico

Esta claustrofobia geográfica explica la agresividad china en su vecindad cercana. Para Pekín, recuperar Taiwán y la soberanía sobre el mar de la China Meridional son requisitos innegociables para recuperar el espacio de seguridad con el que contaba en tiempos de la dinastía Qing (1636-1912). De ahí la conocida como “línea de los nueve puntos”, una reclamación marítima que figura desde 1947 en los mapas oficiales chinos y que pisa las aguas de Filipinas, Vietnam, Malasia, Indonesia y Brunéi, además de incluir Taiwán e islas disputadas como las Spratly o Paracelso.

Para China, controlar estas aguas es una cuestión de orgullo nacional y una necesidad: es la única forma de romper la primera barrera insular estadounidense y controlar el acceso al estrecho de Malaca, su particular talón de Aquiles. Aproximadamente el 75% del crudo que importa Pekín pasa por un estrecho que controlan Indonesia, Malasia y Singapur —donde Estados Unidos cuenta con una base militar— y que en cualquier momento puede verse comprometido, como ha ocurrido en Ormuz. En esta línea, Indonesia ya ha coqueteado con la idea de imponer un peaje en Malaca.

Precisamente por esa limitación de acceso al mar, el mapa vertical de Hao da mayor importancia al oeste. En esa dirección, Asia central es el eje del segundo círculo estratégico para Pekín, el espacio donde China intenta compensar su enclaustramiento mediante la conectividad terrestre. Aquí aparece el gran proyecto geopolítico de los trece años de Xi Jinping en el poder: la Iniciativa de la Franja y la Ruta.

También llamada Nueva Ruta de la Seda, la iniciativa busca conectar el interior chino con Asia Central, Oriente Próximo, África y Europa mediante corredores ferroviarios, puertos, oleoductos y redes logísticas. Es un intento de reorganizar la geografía económica mundial para reducir la dependencia china de las rutas marítimas controladas por Estados Unidos.

Sin embargo, para el Partido Comunista chino, las rutas terrestres son parches temporales. En la visión de Xi Jinping para el futuro de China, el país sólo recuperará su esplendor si rompe el muro que la rodea. Por lo tanto, la reunificación con Taiwán y el control de sus mares circundantes no son sólo objetivos políticos, sino también requisitos geográficos para poder alcanzar la hegemonía global.

Dentro de este segundo círculo, Rusia emerge como un socio indispensable para China. Con una Rusia aislada internacionalmente y debilitada por la guerra de Ucrania, Pekín aprovecha su posición de fuerza para obtener un suministro energético a bajo coste, vital para alimentar su desarrollo. Pero el beneficio va más allá del combustible: su alianza es clave también para la Nueva Ruta de la Seda, el acceso al Ártico y su confrontación con Estados Unidos.

LOS CÍRCULOS CONCÉNTRICOS DEL MAPA CHINO

Los círculos concéntricos del mapa chino

Finalmente, el último escalón de esta jerarquía corresponde a la vecindad lejana: una periferia que integra a África, a Europa Occidental y, de forma estratégica, a las regiones polares. Son zonas que no comparten una frontera con China pero sí vínculos económicos, lazos comerciales o acuerdos en materia de seguridad, y que por tanto quedan bajo la influencia de Pekín.

En esa periferia, Europa deja de ser el centro del mundo para convertirse en el destino final de una red comercial cuyo origen y reglas se dictan en Pekín. En un contexto de máxima fricción con Washington, y con unas relaciones transatlánticas debilitadas, el acceso al mercado europeo se vuelve vital. Para China, Europa es la periferia necesaria para mantener el pulso comercial con Estados Unidos.

En cambio, los Polos son nuevas fronteras estratégicas donde China ambiciona imponer sus reglas. Pekín pretende explotar la falta de control internacional en estas zonas —que también incluyen los fondos marinos y el espacio exterior— para imponer una posición de poder y fijar el marco que regirá su gobernanza.

La proyección vertical de Hao ayuda a visualizar esta realidad de forma especialmente clara. Vista desde Asia, la distancia entre China y Estados Unidos a través del Ártico es mucho más corta de lo que sugieren los mapas tradicionales centrados en el Atlántico. Así, el mapa ayuda a Pekín a justificar su creciente presencia en el Ártico, a pesar de su lejanía. Las rutas árticas, que gracias al cambio climático ya son navegables cinco meses al año, permiten a China puentear el estrecho de Malaca y las rutas marítimas dominadas por Estados Unidos para alcanzar el océano Atlántico.

En el caso de la Antártida, China está desplegando bases de investigación de última generación, multiplicando sus capacidades en la zona y posicionándose como un actor indispensable ante una posible revisión del Tratado Antártico, que expira en 2048, con sus recursos pesqueros y minerales a la vista.

La proyección china en estos tres círculos concéntricos se consolida en un contexto de creciente fragilidad del orden liberal liderado por Washington. La guerra de Ucrania, el conflicto en Oriente Próximo o la crisis petrolera actual, junto con el aislacionismo y la deriva autoritaria del Estados Unidos trumpista, han abierto una crisis de legitimidad en el sistema internacional construido por Occidente y han allanado el camino a Pekín.

Frente a un Estados Unidos al que cada vez más países perciben como belicista e intervencionista, la potencia asiática aspira a proyectarse como un “hegemón responsable” capaz de garantizar esa ansiada estabilidad global. El mapa de Hao, organizado en círculos concéntricos alrededor del “Reino del Medio”, es la representación gráfica de esa lógica: un mundo donde China ocupa el centro no sólo como ejercicio de poder, sino como eje de una responsabilidad global.

Álvaro Merino

Ciudad Real, 1996. Datos y visualización en El Orden Mundial. Máster en Periodismo de Investigación, Datos y Visualización (Unidad Editorial y URJC). Interesado en temas sociales (migración) y Unión Europea.

Celia Hernando

Madrid, 2000. Graduada en Estudios Internacionales por la UAM y Máster en Geopolítica y Estudios estratégicos por la UC3M. Interesada en la geopolítica, la seguridad energética y el proceso de ampliación de la UE.

3 comentarios

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    vicente jorge jimenez

    Buenos días; quiero guardar el artículo ‘asi ve el munod china …’ en pdf y me sale una aplicacion printfriendly diciendome que no estoy suscrito. ¿Me pueden explicar – por favor – como guardar el artículo entero en pdf? Muchas Gracias.

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    Excelente artículo. Es curioso que el mapamundi dominante siga siendo eurocéntrico y no «americéntrico». He visto algunos intentos de situar EEUU en el centro pero, siguiendo la proyección de Mercator, partían China en dos, una chapuza.

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    SALVADOR HERRERA HERNANDEZ

    Curioso mapa. Es un interesante reflejo de cómo perciben la realidad los chinos ( ni siquiera China está en el centro) La frase final sobre la aspiración de China como hegemon responsable frente al belicismo yankee es también interesante. ¿Existe algún caso en la historia de hegemon responsable global sin ser belicista?