¿Y si África tiene la clave para negociar la paz en Ucrania?

Una delegación de siete países africanos ha visitado Rusia y Ucrania para mediar en la guerra. Aunque la paz sigue lejos, la iniciativa es un avance para la diplomacia del continente, relegado en grandes asuntos internacionales. África busca ser la voz del Sur global, sin intermediarios poderosos.
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¿Y si África tiene la clave para negociar la paz en Ucrania?
Los presidentes de Rusia y Sudáfrica, Vladímir Putin y Cyril Ramaphosa, en un encuentro en 2018. Fuente: Kremlin (Wikimedia Commons)

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África parece ajena a la guerra en Ucrania. Es el continente que más se ha abstenido de condenar la invasión rusa en la Asamblea General de la ONU. Estados Unidos y Europa lo han criticado, señalando que el impacto económico sobre el continente debería instar a sus líderes a sumarse contra Rusia. Sin embargo, de África también salió la primera delegación internacional para mediar en el conflicto. Representantes de Sudáfrica, Zambia, Senegal, Congo, Egipto, Uganda y Comoras viajaron a mediados de junio a Rusia y Ucrania para impulsar las negociaciones de paz.

La iniciativa la apoyaban Occidente, China y la Unión Africana. Es el primer intento de mediación en el conflicto, después del plan de paz presentado por China en marzo. Aunque los promotores saben que la paz es imposible a corto plazo, aspiran a sentar las bases del diálogo. Con ello, estos países africanos buscan proteger los intereses de un continente tradicionalmente menospreciado y surgir como una alternativa multilateral para resolver conflictos. De lograrlo, demostrarían que el Sur global tiene más peso internacional del que le dan las grandes potencias.

África quiere alzar la voz

Para África, mediar entre Rusia y Ucrania es una oportunidad de ganar relevancia internacional. El continente suele ser relegado en los asuntos globales como un conjunto difuso que depende de las grandes potencias, pero estas negociaciones bilaterales sirven para romper esa narrativa. No obstante, la iniciativa no es del todo africana: su impulsora es la Brazzaville Foundation, una organización filantrópica con sede en el Reino Unido que desde 2014 promueve proyectos de cooperación en África. Su fundador, el empresario francés Jean Yves Ollivier, medió en la liberación de Nelson Mandela, el fin del apartheid sudafricano y la independencia de Namibia en los años ochenta. 

La selección de países para mediar no es casual, ya que tienen distintas sensibilidades hacia el conflicto. Sudáfrica y Uganda se han posicionado más a favor de Rusia. Los dos se han abstenido en las votaciones de condena en la ONU y mantienen estrechos lazos económicos y de seguridad con Moscú. Sin ir más lejos, Sudáfrica realizó en febrero maniobras navales con Rusia y China, una colaboración criticada por Estados Unidos. No obstante, en agosto acogerá la cumbre de los BRICS, con la incómoda incertidumbre de si Vladímir Putin participará y si las autoridades lo van a capturar por la orden que emitió la Corte Penal Internacional. Por el contrario, Zambia se inclina hacia Ucrania. Ha condenado la invasión rusa en todas las votaciones en las que ha participado. Egipto y Congo se mantienen neutrales, con posiciones ambivalentes en las votaciones de condena, y Senegal también mantiene una relación fluida con Occidente.

Aunque sorprende la ausencia de grandes pesos regionales como Nigeria, Ruanda o Marruecos, los países elegidos lanzan el mensaje de fondo: África prioriza el multilateralismo sobre el creciente individualismo de muchos países. En línea con los objetivos de la Brazzaville Foundation, la iniciativa busca exportar el modus operandi de cooperación regional al escenario global. África pretende ser la voz de los países en desarrollo, sin intermediarios más poderosos como India, Brasil o China. Así, frente a las críticas de que los problemas europeos siempre se tratan como problemas globales, estos países asumen el impacto internacional de la guerra de Ucrania y apuestan por solucionarlo desde su perspectiva.

Alimentos e inflación: la guerra impacta en África

A nadie en África le interesa que la guerra en Ucrania se alargue. El continente ha sentido sus efectos económicos. El bloqueo del suministro de gas ruso a Europa derivó en una crisis energética que ha disparado los precios. Si bien los países africanos no dependen del gas ruso, e incluso Argelia o Egipto son alternativas a su suministro, sí sufren la inflación. África es una de las regiones que más aumento de precios ha registrado, con medias cercanas al 14% al cierre de 2022, lo que agrava sus problemas estructurales de pobreza. Por otro lado, la subida de los tipos de interés de la Reserva Federal estadounidense para combatir la inflación también influye en sus economías. Senegal, Ruanda o Etiopía han disminuido sus reservas de dólares, necesarios para importar; Líbano o Egipto tienen más complicado pagar su deuda externa, y Ghana ya ha pedido ayuda al Fondo Monetario Internacional para financiarla.

Otro problema es la inseguridad alimentaria, grave en gran parte del continente. Además de la inflación, se debe a los bloqueos a las exportaciones de trigo y fertilizantes de Rusia y Ucrania, principales productores. Egipto, Tanzania, Malaui, Ruanda y Somalia importan más del 70% de su trigo de los graneros rusos y ucranianos. De hecho, Somalia y Sudán del Sur entraron en riesgo alto de inseguridad alimentaria con el estallido de la guerra. Hasta ahora han sorteado la crisis gracias al acuerdo del grano auspiciado por Turquía, pero nada asegura que dure para siempre. Con los fertilizantes es parecido: el suministro depende de los esfuerzos diplomáticos de la ONU y de donaciones rusas. 

La baza de la “irrelevancia” 

Una ventaja de los países africanos de cara a la mediación es su aparente irrelevancia. Para Rusia y Ucrania, sentarse con estos países puede traducirse en más influencia o acuerdos comerciales, mientras que hacerlo con un país más poderoso puede suponer ceder a sus intereses. Como aliados de Ucrania, ni Europa ni Estados Unidos serían los mediadores más efectivos. China aspira a conseguirlo con su plan de paz de doce puntos, pero su competición con Occidente supone un obstáculo. India, Turquía o Brasil han adoptado posturas más equidistantes, pero también son más poderosos y amenazantes para Moscú y Kiev.

Además del impacto sufrido, África importa en el propio contexto de la guerra: Rusia y Ucrania han hecho esfuerzos para ganar presencia en el continente. Más allá de sus relaciones con Sudáfrica, Uganda o Eritrea, Moscú está presente a través del Grupo Wagner. Estos mercenarios han conseguido contratos de seguridad a cambio de explotar materias primas en Sudán, Burkina Faso o Mali, contrarrestando la tradicional influencia de Francia. Durante la guerra, Rusia se ha cuidado de mantener relaciones fluidas con varias giras de su ministro de Exteriores, y en julio celebrarán la Conferencia Rusia-África en San Petersburgo. En paralelo, el ministro de Exteriores de Ucrania visitó varios países africanos en octubre y mayo.

No obstante, la iniciativa africana no tiene más opciones que otras propuestas de lograr la paz a corto plazo. Ninguna de las partes está dispuesta a ceder todavía, como demostraron las reacciones de Kiev y Moscú a la visita. Rusia lleva meses fortificando el frente con trincheras y muros defensivos, y Ucrania ha lanzado su esperada contraofensiva. Además, Occidente está cada vez más involucrado en el conflicto. En mayo, Estados Unidos y varios países europeos firmaron nuevos acuerdos de ayuda armamentística a Ucrania. Ni siquiera Jean Yves Ollivier, de Brazzaville Foundation, es optimista al respecto, aunque señala que los esfuerzos africanos pueden plantar las semillas de futuras negociaciones. El hecho de que Rusia y Ucrania hayan recibido una misión de paz de estas características ya es un avance para la diplomacia africana.

Alba Leiva

Madrid, 1997. Redactora en El Orden Mundial. Graduada en Relaciones Internacionales por la Universidad Complutense y Máster en Geopolítica y Estudios Estratégicos por la Universidad Carlos III. Me interesa la política internacional, la geopolítica de los recursos, las nuevas tecnologías y la cultura.