Ni Estados Unidos ni China conseguirán seducir al Sur Global

Washington y Pekín ven en el Sur Global un valioso aliado en su lucha por la hegemonía mundial. Sin embargo, estos países quieren más representación en el orden internacional, rechazan la disputa entre superpotencias y su injerencia, y persiguen políticas exteriores independientes.
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Ni Estados Unidos ni China conseguirán seducir al Sur Global
Fuente: elaboración propia con imágenes de Midjourney

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El Sur Global está ganando peso en el sistema internacional. Este grupo, formado por 77 países en desarrollo de África, América Latina, el Caribe y Asia, representa el 17% del PIB y el 61% de la población mundial. También supone el 39% de los miembros de Naciones Unidas y entre todos suman un 71% de los votos que requieren algunos órganos, como la Asamblea General, para aprobar resoluciones. Además, algunos de sus miembros, como Brasil, Arabia Saudí o India, que preside la decimoctava cumbre del G20 del próximo 9 de septiembre, desempeñan un papel cada vez más importante en la geopolítica mundial.

Por estas razones, el Sur Global se ha convertido en objeto de disputa entre Estados Unidos y China. Ambas superpotencias necesitan su apoyo económico y diplomático para liderar la comunidad internacional. Sin embargo, ningún país del grupo está dispuesto a alinearse con alguna de las dos, como demostró la cumbre online La Voz del Sur Global, celebrada a principios de año por iniciativa de India. Ni Washington ni Pekín acudieron a la cita, a pesar de que reunió a 125 países de todo el mundo.

Más poder para contener a China

Estados Unidos quiere contrarrestar la influencia china, pero le faltan aliados. La guerra en Ucrania ha demostrado que el mundo ya no se divide en bloques ideológicos, como en la Guerra Fría, sino que los países del Sur Global tienen agendas geopolíticas independientes. La mayoría no se ha sumado a las sanciones occidentales contra Rusia y considera el conflicto un problema europeo. Aunque casi todos han condenado la invasión rusa en la Asamblea General de la ONU, no han tomado partido en el conflicto.

No obstante, Washington necesita su apoyo para seguir dominando el orden internacional. Por eso la Administración de Joe Biden está dando pasos para conseguirlo. En 2022 anunció el Marco Económico del Indo-Pacífico para la Prosperidad, la Asociación de las Américas para la Prosperidad y la Estrategia para el África subsahariana con el fin de mejorar esas relaciones. Además, la mitad de los países que visitó el año pasado el secretario de Estado, Antony Blinken, eran del Sur Global. Incluso Biden apoyó en septiembre la incorporación permanente de Estados africanos y latinoamericanos al Consejo de Seguridad de la ONU.

El Sur Global, en cambio, no ve bien estos intentos de acercamiento. Los considera políticas oportunistas que sólo fortalecen a Washington en su lucha con China en lugar de solucionar los verdaderos problemas para estos países, como la inflación o la seguridad alimentaria y energética. También critica la hipocresía de la política exterior estadounidense, que busca su apoyo pero no acaba con su infrarrepresentación en las grandes organizaciones internacionales, como el Consejo de Seguridad, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. Para el Sur Global, Estados Unidos es el imperio del siglo XXI, ya que desde la Guerra Fría ha intervenido en todos los continentes para defender sus intereses.

Más aliados contra el orden liberal internacional

China, por el contrario, tiene mejor reputación entre los países del Sur Global, ya que se considera parte de este grupo. Desde principios de siglo ha construido unas relaciones con estos Estados basadas en la igualdad e independencia. Así se ha diferenciado del condicionamiento democrático y las intervenciones militares propias de la política exterior estadounidense. La Nueva Ruta de la Seda también le ha convertido en uno de los principales socios comerciales de la mayoría de países en África, América Latina y Asia. Asimismo, las organizaciones internacionales que ha creado al margen de las convencionales, como el Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras o la Organización de Cooperación de Shanghái, le sirven para reivindicar el liderazgo político del Sur Global.

Pekín ha aprovechado la guerra en Ucrania para acercarse más a estos países. De ahí el impulso de los BRICS desde 2022: más de cuarenta países del Sur Global han mostrado interés en unirse al grupo y seis lo harán a principios de 2024. Los BRICS se han erigido como una alternativa al orden liberal internacional, e incluso han planteado acuñar su propia moneda para debilitar al dólar. China, además, defendió en el undécimo Foro Mundial por la Paz el pasado julio sus Iniciativas Globales de Seguridad, Desarrollo y Civilización, tres intentos por promover una visión del orden mundial acorde con los valores del Sur Global.

Pero Pekín no las tiene todas consigo. Los países del Sur Global ven con recelo que se haya vuelto el mayor acreedor oficial del mundo y posea buena parte de sus deudas externas. En 2021, 42 países en desarrollo debían una cantidad equivalente al 10% de su PIB a China, y en 2020 Zambia cayó en impago con Pekín. Esto, la rivalidad con Estados Unidos, no haber condenado la invasión rusa de Ucrania y que Xi Jinping no vaya a participar en la cumbre del G20 en India, aleja a China del Sur Global, que rehúye la competición entre potencias.

Ni Washington ni Pekín: estrategias independientes

El Sur Global también tiene su propia visión del orden internacional. Rechaza el sistema unipolar actual, encabezado por Estados Unidos, porque reproduce las desigualdades socioeconómicas entre el Norte Global —antiguos Estados colonizadores— y el Sur —antiguos Estados o territorios colonizados—, y legitima una visión occidental de las relaciones internacionales. Tampoco defiende un orden bipolar, con China en el otro extremo, porque seguiría estando infrarrepresentado.

En su lugar, existen voces en el Sur Global que abogan por un “orden mundial múltiple”. En él, ningún Estado ni bloque de países tendrían la hegemonía, los actores no gubernamentales y los movimientos sociales adquirirían mayor protagonismo, las regiones serían importantes para la gobernanza mundial y las finanzas globales no estarían dominadas por Occidente. En definitiva, sería un orden internacional más justo y representativo para el Sur Global, que ya tiene una estrategia para conseguirlo: no alinearse de forma activa. Es decir, no tomar partido por ninguna gran potencia y defender sólo los intereses propios.

Cada vez más países del Sur Global están adoptando esta política para ganar influencia en la comunidad internacional. India es el caso por excelencia, pues negocia con las dos superpotencias a conveniencia. Brasil también está siguiendo una política independiente. El presidente Lula da Silva ha intentado mediar en la guerra en Ucrania reuniéndose con Volodímir Zelenzski, Vladímir Putin, Joe Biden y Xi Jinping, y en mayo celebró la primera Cumbre de Sudamérica en diez años para ofrecer al mundo una imagen de unidad regional. Asimismo, Indonesia se plantea crear una organización como la OPEP, pero del níquel, después de haber prohibido la exportación de este metal en 2020 para priorizar su desarrollo industrial. Estos son sólo algunos ejemplos de la nueva etapa para el Sur Global: pragmatismo e independencia de las grandes potencias.

Ana Raya

Madrid, 1998. Graduada en Relaciones Internacionales (UCM) y Máster en Geopolítica y Estudios Estratégicos (UC3M). Interesada en conflictos espaciales, fronteras, mapas y geopolítica crítica.