Montenegro es uno de los países europeos más montañosos, con una altitud media que supera los mil metros. Esta orografía ha dificultado la conexión entre las principales ciudades, alargando los viajes a cada extremo del territorio. No hay ninguna autopista o autovía de ese calibre, aunque sí varias en construcción. Una de las más polémicas y megalómanas unirá la ciudad costera de Bar con la localidad serbia de Boljare, al noreste de Montenegro. Tendrá 163 kilómetros que podrán recorrerse en unas dos horas, menos de la mitad que el trayecto actual. Sin embargo, esta importante obra de infraestructura se ha complicado debido a las dificultades para pagarle al proveedor de los servicios y al juego geopolítico que enmascara.
La trampa de la deuda china
Tras una ronda de contactos fallidos con inversores europeos, el Gobierno socialista de Milo Djukanović cerró en 2014 un acuerdo con la empresa pública China Communications Construction Company para construir los primeros 41 kilómetros de autopista. Para ello, Montenegro ya se ha endeudado en cerca de mil millones de dólares con un préstamo de Exim Bank, también estatal chino. Siete años más tarde, la primera parte de la autopista está fuera de plazo y el primer reembolso de 67 millones de dólares vence en 2022.
Por si fuera poco, y después de treinta años de gobierno socialista, las nuevas autoridades del país desde finales de 2020 comunicaron ya en 2021 que no podrían pagar la deuda al banco chino. Todas las alarmas saltaron en Podgorica y Bruselas. La Unión Europea ha visto cómo Pekín gana peso en los Balcanes, y una de sus mayores preocupaciones es que influya cada vez más en Montenegro, aspirante a Estado miembro, por medio de esa trampa de la deuda. Por ejemplo, el contrato estipula que Montenegro podría verse obligado a ceder parte del control del puerto industrial de Bar a las autoridades chinas si no puede pagar, poniendo en peligro su soberanía.
Asimismo, la construcción de la autopista ha despertado críticas por daños medioambientales y corrupción. La fiscalía ya ha mostrado indicios de que la empresa china no estableció medidas de protección ambiental, afectando espacios como el río Tara, que es patrimonio de la humanidad por la Unesco. Entretanto, más de un tercio de los subcontratistas elegidos en los concursos públicos tenían vínculos con dirigentes del partido socialista de Djukanović.
Al inicio, la UE se mostró reticente a financiar la deuda, e incluso instituciones financieras internacionales advirtieron a principios de 2010 que el proyecto era insostenible, pero la insistencia de Montenegro para recibir ayuda y evitar la dependencia de China ha hecho cambiar de opinión a Bruselas. Aunque tarde, la Unión se ha percatado de que el poder blando de Pekín en los Balcanes puede poner en jaque su influencia en la región y desestabilizar una zona con historial de juegos geopolíticos entre potencias. Como resultado, el ministro de Finanzas de Montenegro, Milojko Spajic, anunció el pasado mes de junio que las instituciones financieras europeas estarían dispuestas a financiar la deuda con China.
Montenegro y la UE parecen haber resuelto el problema con el pago del primer plazo en julio, pero este episodio es tan solo un ejemplo de la estrategia del gigante asiático en los Balcanes: financiar grandes infraestructuras y conceder préstamos opacos que puedan endeudar a los países más allá de lo previsto. Solo en Montenegro, China ha superado a Rusia como mayor inversor extranjero con setenta millones de euros en inversiones directas en 2020, y posee una cuarta parte de su deuda total, que superó el 100 % del PIB el año pasado.
China, un competidor más en los Balcanes
Los problemas de Montenegro para pagar la deuda china son tan solo la punta del iceberg. Junto con otros Estados balcánicos, el país ha visto aumentar la inversión del gigante asiático en los últimos años. En junio de 2020, por ejemplo, Montenegro firmó un contrato de 54 millones de euros con un consorcio chino-montenegrino para la reconstrucción de una central térmica al norte del país. Pero aunque la inversión extranjera puede beneficiar el desarrollo de Montenegro a corto plazo, en países en construcción democrática puede ser un arma de doble filo. Algunos estudios sugieren que la inversión proveniente de Estados autoritarios tiene una doble agenda: puede hacer que Estados frágiles, como algunos en los Balcanes, sean vulnerables a su influencia política, haciendo peligrar la consolidación del Estado de derecho y el respeto a los derechos humanos.
Aunque existen diferencias entre las inversiones chinas en infraestructuras en los Balcanes, con Serbia a la cabeza y Kosovo a la cola, Pekín las enmarca todas en la Nueva Ruta de la Seda para mejorar su conectividad con la UE. No obstante, esa financiación todavía representa apenas un 6% del comercio regional, lejos del predominio de Bruselas.
La ampliación europea como telón de fondo
La financiación de potencias extranjeras en Montenegro y en los Balcanes occidentales suele reñir con el objetivo de adhesión a la Unión Europea por el tipo de inversiones y su falta de transparencia. El caso de China choca no solo con los valores comunitarios, sino que incumplen su acervo en muchos aspectos, como la protección ambiental o la debida contratación pública, fundamentales para entrar en la Unión.
Al mismo tiempo, el coqueteo de Montenegro y del resto de la región con Pekín responde a la desconexión de la UE y la fatiga política sobre su posible ampliación. China y otras potencias como Rusia y Turquía han empezado a copar ese vacío, con buen rédito político a base de poco esfuerzo al lado de la presencia e inversión predominante de Bruselas. Si Europa no aprovecha la debacle de la deuda china para avivar el proceso de ampliación en los Balcanes occidentales, es probable que casos como el de la autopista se repliquen y que los países intensifiquen sus relaciones ya no solo con Pekín, sino con Moscú y Ankara. El riesgo adicional es que China convenza a los países de la región de que el desarrollo económico no siempre va ligado a la democracia y al respeto de los derechos humanos.