Política y Sociedad Europa

Las minorías olvidadas de los Balcanes

Las minorías olvidadas de los Balcanes
Cuadro de un mercado en Sarajevo del pintor checo Václav Příhoda. Fuente: Wikimedia.

En la península balcánica cohabitan un gran número de pueblos que llevan poblando la región desde tiempos inmemorables. Además de los pueblos con Estado propio —como los croatas, serbios, albaneses o macedonios— existen otras minorías que carecen de un Estado afín en los Balcanes. Judíos, romaníes o goranis son solo algunos de ellos, si bien esta lista es inexhausta. ¿Cómo viven? ¿De qué manera se integran en las sociedades de la región?

Existen muchos tópicos en torno a los Balcanes. Uno de los más populares es el que trata de explicar la región como un caldero étnico cuyos pueblos están condenados a vivir separados los unos de los otros. De esta manera simple, pero también desatinada, se trató de explicar que croatas, bosnios, serbios o albaneses se matasen los unos a los otros en la última década del siglo XX. Como si en el ADN de los individuos de estos pueblos se encontrase un gen malévolo que incitase al odio entre personas de distinto grupo étnico. Aunque absurda, esta fue la manera en que se empezaron a presentar los Balcanes al exterior. Sin embargo, los países balcánicos, que acogen diferentes culturas, idiomas y religiones, también han sido ejemplo de convivencia pacífica durante siglos

La mayoría de estos países albergan un gran número de pueblos o nacionalidades, y raramente se puede hablar de países homogéneos en la región. Esta heterogeneidad se explica a través de los distintos intereses políticos y económicos que confluyen en una zona que ha servido históricamente como puente entre Oriente y Occidente, y como región estratégica para distintos imperios. No en vano, las fronteras de Serbia, Croacia, Albania o Macedonia fueron trazadas en torno a los intereses de las grandes potencias en el Tratado de Berlin de 1878, entre otros. 

Las diferentes guerras que se sucedieron en la antigua Yugoslavia a finales de la década de 1990 variaron el componente étnico de la región. En Croacia, por ejemplo, existe una minoría importante de serbios al este del país que supone aproximadamente un 5% de la población total, aunque antes del conflicto este porcentaje alcanzaba más del 12%. En Serbia, la presencia de húngaros en la Voivodina, al norte del país, aún es significativa y asciende al 13% del total de la región, aunque este número lleva en descenso desde finales de la Segunda Guerra Mundial. Los bosniacos, o bosnios musulmanes, todavía conforman una mayoría en la zona del Sandžak serbio, al oeste del país y, en especial, en Novi Pazar, la capital de la región. Los albaneses tienen cierta presencia en el valle de Preševo, en el sureste de Serbia, y también existen pequeñas comunidades de checos y eslovacos, y de búlgaros, pero representan un número ínfimo en la población total serbia. 

En Kosovo, la antigua provincia meridional serbia que declaró su independencia en 2008, el cuadro étnico sigue siendo complicado. Los serbios representan aproximadamente el 8% de la población, mientras que la gran mayoría de los kosovares, que suponen cerca de un 90%, son étnicamente albaneses. También existe una minoría de bosniacos al noroeste y suroeste del país que supera el 1%. Por el contrario, la vecina Albania es uno de los Estados más homogéneos de la región, aunque aloja un número importante de griegos en el sur del país y un 14% que no se identifica con ningún grupo.

Al norte, Montenegro acoge una presencia importante de albaneses al sur del país, un 5% de la población. Las poblaciones serbia y bosniaca, con casi un 30% y un 10% respectivamente, residen, en cambio, al este del país. Bosnia y Hercegovina, que fue la antigua república yugoslava más golpeada por el conflicto de la década de 1990 sigue sin tener un grupo dominante claro y está dividida entre croatas, con un 15%; bosniacos, con un 50%; y serbios, con un 30%. Por último, la composición de Macedonia del Norte es complicada de calcular, pues el último censo data de 2002. La minoría albanesa, que entonces estaba censada en un 25%, podría alcanzar ahora un tercio de la población. 

El mosaico étnico de los Balcanes.

A estos pueblos con Estado propio se le suman una serie de minorías que carecen de un Estado madre; algunos en la región, aunque otros incluso de forma global. La minoría turca en los Balcanes occidentales, la comunidad judía y el pueblo romaní son tan solo algunos de los ejemplos de la heterogeneidad de la región. Menos este último, el resto de grupos comparten una circunstancia común: todos ellos se encuentran en constante declive demográfico.

Para ampliar: “Desintegración y guerras de secesión en Yugoslavia”, Marcos Ferreira en El Orden Mundial, 2015

La minoría judía, en el anonimato

Aunque hoy es un grupo minoritario, la población judía en los Balcanes tuvo gran importancia antes del comienzo de la Segunda Guerra Mundial. La fecha de su llegada a la región es difícil de estimar, aunque alguna fuentes citan su  presencia desde comienzos del siglo XIII. No obstante, su número empezó a aumentar con el edicto de expulsión de los judíos sefardíes por parte de los Reyes Católicos en 1492. Una gran parte de judíos desterrados de la península ibérica acabarían asentándose en los países balcánicos, Turquía y Grecia incluidos. Bajo el Imperio otomano, los judíos encontraron un mayor respeto a sus derechos y libertades y, aunque su estatus no era el mismo que el de los ciudadanos musulmanes del Imperio, gozaron de ciertas libertades, como la construcción de sus propios barrios y sinagogas

Para ampliar: “Los sefardíes y las llaves de España”, Blas Moreno en El Orden Mundial, 2016

El Holocausto reduciría la población judía en los Balcanes notablemente. Se calcula que cerca de 66.000 judíos yugoslavos fueron exterminados entre 1941 y 1945. El campo de concentración de Jasenovac (Croacia), tutelado por el régimen fascista ustasha, se convirtió en el matadero de los Balcanes, en el que también murieron serbios, gitanos o musulmanes. Pasado el conflicto, el primer censo de la Yugoslavia socialista, de 1948, identificaría apenas 6.500 judíos en el país, aunque se estima que este número era ligeramente mayor, ya que muchos judíos preferían identificarse como serbios o croatas después de la contienda. En Albania, en cambio, tuvo lugar un acontecimiento cuando menos singular para la época: a pesar de ser ocupada por Italia y Alemania durante la guerra, fue uno de los países más seguros en Europa para los judíos. Gracias al código de honor albanés besa, Albania fue el único país europeo que vio aumentar su población de judíos, que pasó de doscientos en el periodo de preguerra a alrededor de 2.000 al final de la Segunda Guerra Mundial.

Durante el comienzo de la época socialista, la población judía yugoslava siguió menguando de manera paulatina, en especial con olas de migración al nuevo Estado de Israel. Sin embargo, consiguió mantenerse estática y no se vio drásticamente perjudicada por las guerras que desintegraron el Yugoslavia en la década de 1990. En la actualidad, Serbia es el país que alberga el mayor número de judíos en los Balcanes occidentales; cerca de ochocientos, según el censo de 2011. En el extremo opuesto, la minoría judía en Macedonia o Kosovo es casi inexistente. En Croacia quedan alrededor de quinientos judíos, y sus derechos como minoría están recogidos en la Constitución. Con todo, este amparo legal no ha librado a la población judía croata de sufrir antisemitismo, en particular desde 2016, cuando llegó al poder un Gobierno conservador. El nuevo gabinete ha puesto en marcha una serie de políticas revisionistas sobre el papel del Estado croata, títere de los nazis, durante la Segunda Guerra Mundial. 

En Bosnia y Herzegovina, la comunidad judía ha permanecido activa en la vida pública y política de manera notable. En el corazón de la capital, Sarajevo, todavía existe una sinagoga donde se canta en judeoespañol, o ladino, el idioma hablado por la comunidad judía sefardita. Aunque el número de judíos bosnios apenas supera el millar, ha habido importantes personalidades judías en la política bosnia, como Emerik Blum, antiguo alcalde de Sarajevo durante la época socialista, o Sven Alkalaj, ministro de Asunto Exteriores entre 2007 y 2012. No obstante, los judíos en Bosnia se han visto perjudicados por las singularidades del kafkiano sistema político bosnio. La Constitución dicta que los individuos que se no se identifiquen con uno de los tres grupos mayoritarios —serbios, bosniacos o croatas— no pueden presentarse a las elecciones parlamentarias y presidenciales. Esta flagrante discriminación contra judíos y otros grupos minoritarios fue considerada como tal por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos en 2009, pero la situación no ha cambiado. 

La discriminación todavía existente en el sistema político bosnio, el descenso de la población judía, la consiguiente desaparición del idioma ladino y el auge del antisemitismo en algunos países de la región son quizá las preocupaciones más candentes en la realidad judía en los Balcanes. 

Para ampliar: “Sarajevo, la ciudad multicultural que pudo ser”, Pol Vila en El Orden Mundial, 2019

El pueblo gitano, entre fanfarria y discriminación

Llevados a la gran pantalla por el director yugoslavo por antonomasia, Emir Kusturica, acompañado por el no menos célebre Goran Bregovic en la banda sonora, la población gitana de los Balcanes se ha presentado al mundo como excelentes trompetistas en las orquestas de música balcánica. Sin embargo, más allá de los tópicos regionales, ¿cuál es la historia de este pueblo? ¿Cuál es su lengua predominante? Aunque su pasado es impreciso, se cree que sus raíces provienen del norte de la India. Su llegada a los Balcanes, no obstante, vino de la mano del Imperio otomano y se calcula que su presencia en la región data de finales del siglo XV. Su religión fue variando de acuerdo a las circunstancias de la época y, de esta manera, hoy conviven no solo distintas religiones dentro de esta comunidad, sino también de diferentes subgrupos. 

Para ampliar: “Tras las huellas del pueblo gitano”, Luis Martínez en El Orden Mundial, 2018

En Serbia, la gran mayoría de romaníes pertenecen a la Iglesia ortodoxa, la mayoritaria en el país, aunque también existe un número significativo que profesa el islam en el sur del país, en la zona limítrofe con Kosovo. También en Bosnia, Macedonia del Norte, Albania y Kosovo, la población gitana profesa el islam casi en su totalidad. Dicho esto, existen varios subgrupos romaníes en estos países. Entre ellos están los ashkali, cuyo idioma principal es el albanés, y que comparten los postulados albaneses en Kosovo; por el contrario, a la población romaní de habla romaní se les achaca de haber tomado partido por Serbia durante el conflicto en Kosovo en 1999. Finalmente, están los llamados “egipcios” , de habla albanesa y que gozan a menudo de un mayor nivel de vida en comparación con los otros dos grupos. Todos ellos poseen representación política y tienen garantizando un escaño en el Parlamento kosovar.   

Población romaní en Europa. Fuente: Wikipedia

En cuanto a números se refiere, la población romaní es sin duda la minoría más numerosa de los Balcanes occidentales. Aunque es difícil de calcular el número total, ya que no siempre están inscritos en los registros civiles de los países de la región o simplemente se registran como ciudadanos del país que habitan, se estima que hay alrededor de 300.000 romaníes en los Balcanes occidentales. Esta cifra, sin embargo, aumenta de manera exponencial si se agrupan países vecinos como Bulgaria o Rumanía. En comparación con la alarmante despoblación que sufren Serbia, Croacia, o Bosnia, el pueblo gitano parece ser el único grupo en la región con un crecimiento constante. Por ejemplo, según el Centro de Estudios Demográficos rumano, la población romaní podría llegar a representar el 40% de la población del país en 2050

A pesar de estos números y de la implementación de proyectos para la mejora de las condiciones de vida de la población romaní, el nivel de vida de la población gitana en los Balcanes continúa siendo inferior al de las demás comunidades. En Serbia, Bosnia o Kosovo los indicadores son muy poco esperanzadores. En Kosovo, por ejemplo, la tasa de paro en la población romaní supera el 50%. En Serbia, el abandono escolar se sitúa en torno al 80%, y se estima que alrededor del 60% viven en asentamientos con escaso acceso a luz y agua. En este sentido, a pesar de que ha habido una mejora sustancial en comparación a los datos de la primera década de los 2000, aún queda un largo camino para alcanzar la igualdad de condiciones entre la población romaní y otras poblaciones de la región.

Para ampliar: “En la casa común europea no hay sitio para los gitanos”, Marcos Ferreira en El Orden Mundial, 2015

La evanescencia de las pequeñas comunidades 

Todavía pueden encontrarse vestigios de pequeñas comunidades que pasan casi desapercibidas en los Balcanes. La lista es larga y discutida, ya que muchos grupos mayoritarios argumentan que estas minorías son simplemente una variante de un grupo mayor; con todo, su presencia en los Balcanes aún sigue presente. El número de circasianos, un pueblo proveniente del Cáucaso, bunjevci o šokci, considerados habitualmente subgrupos croatas, es insignificante, ya que han sido absorbidos por otras comunidades más grandes. Sin embargo, sus tradiciones aún siguen intactas. Otras comunidades como los turcos, torbesi, valacos o goranis siguen aún presentes en la realidad multicultural de los Balcanes. 

La presencia de turcos se remonta a la llegada del Imperio otomano a la región en el siglo XIV. Hablan una variante del turco moderno y su población varía en función del Estado balcánico donde se encuentren, siendo Bulgaria, Macedonia del Norte y Kosovo los países con mayor número de turcos. En el primero, se estima que los turcos suponen casi el 10% de la población, entre 750.000 y un millón de personas. En Macedonia del Norte, la cifra es más modesta: el número de turcos roza los 80.000, aunque muchos de ellos se consideran simplemente macedonios musulmanes o torbesi. En Kosovo, la cifra apenas llega a los 20.000, pero sus habitantes tienen una gran importancia en torno la región de Prizren, donde representan casi el 95% de la población en algunas localidades. La Constitución kosovar les otorga dos escaños y existen al menos dos partidos políticos que representan a la minoría turca en la antigua provincia serbia.

Este mapa de 1918 revela la existencia de numerosos pueblos en la región. Fuente: Jovan Cvijić

Los valacos, también llamados aromunes, son quizá una de las poblaciones balcánicas más antiguas. Descendientes de los antiguos tracios, hablan un idioma latino parecido al rumano actual y se concentran sobre todo en el este de Serbia, Rumania, Macedonia, Albania y Grecia. Seguidores de la Iglesia ortodoxa, hay un número importante de valacos que consideran Rumanía como su Estado afín, pues es el único Estado latino en la región, a pesar de que la población valaca no es originaria de Rumanía. Se estima que hay alrededor de 50.000 valacos en Albania, 35.000 en Serbia y 10.000 en Macedonia. En numerosas ocasiones, sin embargo, es difícil de estimar su número exacto, ya que la perspectiva lingüística, religiosa y étnica está muy interrelacionada, y los valacos acaban identificándose como rumanos, serbios o albaneses, lo que estimula la asimilación de este grupo.

La minoría gorani, una de las más desconocidas de los Balcanes, es otro de los grupos que se ha ido asimilando en últimos años con otros grupos mayoritarios como los bosniacos, macedonios o serbios. Esta población eslava musulmana habla un idioma parecido al macedonio conocido como “našuski” y habita sobre todo en el sur de Kosovo, en el área montañosa de Gora. Su número ha ido disminuyendo en los últimos años y se calcula que apenas hay alrededor de unos 10.000 en la actualidad. También ellos tienen un escaño reservado en el Parlamento kosovar para representar y discutir los intereses de la población. Sin embargo, la asimilación de goranis a otras comunidades, así como la falta de trabajo en la región y la emigración a otros países, ha puesto en peligro la supervivencia de este minoría.

Todas estas minorías, con excepción de la romaní, se enfrentan a un descenso demográfico alarmante. Ya sea por la asimilación a otros grupos mayoritarios, por el descenso de la natalidad o la emigración a otros países, las poblaciones de goranis, judíos, turcos o valacos llevan cayendo desde hace más de medio siglo y la fórmula para asegurar su supervivencia es compleja.

Para ampliar: “La Yugoslavia de Josep Broz Tito”, Pol Vila en El Orden Mundial, 2018

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