Política y Sociedad Europa

Sarajevo, la ciudad multicultural que pudo ser

Sarajevo, la ciudad multicultural que pudo ser
Fuente: Michał Huniewicz

Sarajevo es una ciudad bendecida por la historia. Durante siglos fue una urbe que consiguió albergar diferentes culturas de manera pacífica, creando una tradición de convivencia y cultura exquisitas en el corazón de los Balcanes. Sin embargo, la capital bosnia es, a su vez, una ciudad con una historia trágica. Se le relaciona con el asesinato del archiduque de Austria en 1914 y con el más reciente sitio de Sarajevo durante la guerra de Bosnia en los años 90. Sarajevo abrió y cerró el siglo XX, pero su trascendencia va más allá de estos acontecimientos.

Cuando uno da el primer paso en el centro de la capital bosnia, lo primero que salta a la vista es la mezcla de diferentes estilos arquitectónicos, que se explica por la amalgama de culturas que ha albergado la ciudad a lo largo de los últimos siglos. En apenas cien metros podemos encontrarnos ante una iglesia católica, una iglesia ortodoxa, una mezquita y una sinagoga. Este es el único sitio en Europa donde estas cuatro religiones coexisten tan cerca las unas de las otras: católicos, ortodoxos, judíos y musulmanes convivieron de manera pacífica en Sarajevo durante siglos. Más tarde, con la llegada de los nacionalismos modernos y por tanto con el desarrollo de nuevas identidades —o más bien etiquetas—, serbios ortodoxos, croatas católicos, bosniacos musulmanes, así como judíos y romaníes, compartieron la ciudad y contribuyeron al desarrollo de Sarajevo.

El segundo paso en Sarajevo tiene un sabor más amargo. Los edificios que caracterizan una época dorada de tolerancia entre diferentes culturas, como el antiguo centro otomano, los cautivadores mahalas ―distritos o barrios― judíos en la parte empinada de la ciudad, o los edificios de estilo austrohúngaro permanecen en pie, pero repletos de cicatrices. Estas heridas de la historia moderna no son otra cosa que orificios producidos por los disparos y la metralla de finales del siglo XX, cuando Sarajevo se vio sometido a uno de los peores cercos de la historia moderna, un asedio que dinamitó la convivencia entre los sarajevitas y convirtió la ciudad moderna en una urbe mucho menos heterogénea. La ciudad quedó ―y aún permanece― dividida por fronteras invisibles que separan a bosniacos, serbios y croatas. La ciudad multicultural que simbolizó un cruce de civilizaciones en Europa es ahora menos multicultural que nunca. El sarajevita que va más allá de estas etiquetas y que se considera simplemente bosnio es hoy en día casi un extraño en su propia tierra.

Las diferentes comunidades que pueblan los Balcanes. Bosnia es uno de los países más multiculturales de la región.

Para ampliar: “República Srpska: Serbia dentro de Bosnia”, Blas Moreno en El Orden Mundial, 2017

El Jerusalén europeo: un crisol de culturas  

Cuenta Miguel Roán —balcanófilo empedernido y experto en el sudeste europeo—, en su apasionante obra Maratón balcánico, que hablar de musulmanes, católicos, ortodoxos o judíos no es más que una forma de dividir el mundo. Y ciertamente, si así fuera, a Sarajevo habría que dividirlo en al menos cuatro pequeños mundos.

La ciudad que sirvió de puente entre Oriente y Occidente fue fundada por el Imperio otomano a finales del siglo XV, poco después de su llegada a Bosnia. La población eslava ya estaba presente en la zona en dicha época, aunque solo con la llegada la Sublime Puerta se consiguió  desarrollar la ciudad y que esta alcanzara su máximo esplendor. Algunos de los monumentos más destacados de la ciudad, como la mezquita del emperador, la biblioteca de Gazi Husrev-beg y los primeros baños públicos con agua corriente de Europa fueron construidos por el Gobierno otomano durante el siglo XVI.

La llegada del Imperio otomano a la región produjo una relevante variación de la identidad confesional de los sarajevitas. A finales del siglo XV el 73% de la población se identificaba como cristiana —católicos, ortodoxos y bogomilos—, mientras que a mediados del XVI el 97% de la población de la capital viró hacia el islam. Esta rápida conversión al islam se debió, entre otras muchas razones, a que los ciudadanos no musulmanes tenían menos privilegios que la población musulmana, pues en general pagaban más impuestos. Aunque los privilegios entre las distintas comunidades difirieron durante esta época, las tradiciones de los diversos grupos eran respetadas y la relación entre ellas positiva, en general.

Para ampliar: “Islamization of the Balkans with a special reference to Bosnia”, Alexander Lopasic en Journal of Islamic Studies, 1994

Una de las comunidades que encontró cobijo en la Bosnia otomana durante el siglo XVI fue la población judía sefardí, que había sido expulsada de España por los Reyes Católicos. Aunque la gran mayoría acabaría en el norte de África, Turquía y Grecia, un número significativo de sefardíes terminó por asentarse en el corazón de los Balcanes debido a la importancia económica de Sarajevo en aquel tiempo. Consigo, los sefardíes trajeron su cultura, incluyendo la lengua ladina, que, aunque con cuentagotas, sigue presente en la capital bosnia. A pesar de que carecieron de igualdad de condiciones respecto al estatus de la población musulmana, a los judíos sefardíes se les permitió la construcción de sinagogas y mahalas. De hecho, las relaciones entre musulmanes y judíos fueron en general mejores que las de los cristianos y estos últimos, y durante mucho tiempo más positivas que en el resto de Europa.

Los siglos venideros fueron para Sarajevo el ocaso de su gran esplendor. En 1878, como parte del Tratado de Berlín, el Imperio austrohúngaro anexionó de facto Bosnia y la convirtió en una unidad administrativa autónoma del Estado. El séquito de altos funcionarios imperiales empezó a circular por Sarajevo de manera constante. En una de estas visitas, el archiduque Francisco Fernando de Austria, heredero al trono austrohúngaro, fue asesinado por el joven proserbio Gavrilo Princip el 28 de junio de 1914. Jamás el asesinato de un príncipe ha acaparado tanta atención como se le ha dedicado a este suceso en los libros de historia. La razón es simple: a Princip, que pertenecía al grupo Joven Bosnia —que apoyaba la creación de Yugoslavia y rechazaba la ocupación austrohúngara—, se le culpa de haber precipitado el inicio de la Primera Guerra Mundial, que realmente venía gestándose desde hacía tiempo. De esta manera, a Sarajevo se le adjudicó el sambenito de haber inaugurado el siglo XX con el comienzo de la Gran Guerra.

Para ampliar: “The Bosnians who speak medieval Spanish”, Susanna Zaraysky en BBC, 2018

El proyecto yugoslavo

Aunque Sarajevo consiguió zafarse de una gran parte de las ofensivas militares durante la IGM, la época de entreguerras supuso un declive en importancia de la ciudad bosnia. Belgrado, que había sufrido en carne y hueso las acciones militares durante el curso de la guerra, adquirió mayor importancia al convertirse en la capital del nuevo Reino de Yugoslavia. El estallido de la Segunda Guerra Mundial, sin embargo, pondría en jaque la coexistencia entre las diferentes comunidades sarajevitas. El ejército fascista croata Ustacha y la Alemania nazi persiguieron de manera sistemática a las comunidades serbia y judía, y se calcula que cuando Sarajevo fue liberada por los partisanos comunistas de Tito en abril de 1945, más del 80% de los judíos de Sarajevo habían sido ejecutados.

El nuevo proyecto socialista de Tito había establecido como gran meta limar las asperezas entre las distintas comunidades mediante la creación del lema “hermandad y unidad”. Se trataba, por tanto, de crear una cultura e identidad yugoslava que fuera más allá de las etiquetas socioculturales de la época de preguerra —serbio, croata, bosniaco, etcétera—, pero que a su vez fuera compatible con éstas, dando lugar así a una especie de identidad paralela. Bosnia, y en especial Sarajevo, se convirtió en el principal eje central de este nuevo proyecto. El número de personas inscritas en los registros ciudadanos como “yugoslavos” ―y no de cualquiera de las identidades nacionales― era allí el más alto de todo Yugoslavia.

Para ampliar: “La Yugoslavia de Josip Broz Tito, Pol Vila en El Orden Mundial, 2018

Ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de Invierno de Sarajevo, 1984. Fuente: Wikimedia

La celebración de los Juegos Olímpicos de Invierno de 1984 en Sarajevo no solo brindó la oportunidad de consolidar la imagen multicultural de la ciudad en todo el mundo, sino que además fortaleció su identidad yugoslava, convirtiéndose en un punto de inflexión para la identidad de los propios sarajevitas. Además, la canalización de dinero estadounidense a través de grandes obras de infraestructura, tales como las nuevas instalaciones deportivas o la remodelación del aeropuerto de Sarajevo, desembocaron en una modernización significativa de la ciudad. En apenas medio siglo, la población de la ciudad creció de cien mil habitantes a medio millón. El éxito absoluto de esta competición puso a Sarajevo en el mapa mundial y supuso un acontecimiento inolvidable para la ciudad yugoslava. Sarajevo —y también Yugoslavia— se convirtieron en un símbolo de apertura y tolerancia en toda Europa, hasta que los nacionalismos de finales de 1980 y principios de 1990 terminaron por disolver la ilusión del Estado yugoslavo.

En la antecámara de la disolución de Yugoslavia surgió, sin embargo, un grupo de jóvenes cómicos bosnios que representaba a la perfección la identidad multicultural de Sarajevo: Top lista nadrealista (‘Lista de éxitos surrealistas’ en serbocroata). Integrado por actores de las tres principales comunidades bosnias, su humor satírico profetizó el futuro trágico de Bosnia pocos años antes del inicio de la guerra. Algunos sketches llegaron a mostrar un muro para dividir Sarajevo en diferentes comunidades, conflictos entre familias, o incluso los ataques de francotiradores que atemorizarían la ciudad años más tarde. Colegas inseparables al principio, terminaron enemistados y divididos tras el final del conflicto, mostrando cómo el discurso nacionalista instaurado en la élite política acabó por calar en gran parte de la población bosnia y finalmente enfrentarla.

La fragmentación de Yugoslavia, no obstante, se resistió en Sarajevo hasta 1992. De hecho, aún quedan en la retina imágenes impactantes del preludio del sitio de la ciudad como la marcha por la paz del 5 de abril de ese mismo año, donde decenas de miles de sarajevitas de todas las identidades exigieron que el nuevo Gobierno que representaba a las tres identidades mayoritarias dimitiera. La respuesta del Ejército serbobosnio —que más tarde sería capitaneado por el criminal de guerra Ratko Mladić— fue abrir fuego contra la multitud desde el hotel Holiday Inn, causando seis víctimas mortales. De manera inmediata, las carreteras que entraban y salían de Sarajevo y el aeropuerto quedaron cerrados a cal y canto. Empezaba así uno de los sitios más largo de la época moderna: casi medio millón de personas pasarían atrapados cerca de cuatro años sin acceso directo a alimentos, medicinas ni suministro eléctrico.

Para ampliar: “Desintegración y guerras de secesión en Yugoslavia”, Marcos Ferreira en El Orden Mundial, 2015

De símbolo de la paz a ciudad dividida

El sitio de Sarajevo ―y las guerras yugoslavas en general― fueron uno de los primeros acontecimientos bélicos en ser retransmitidos por televisión. Como si de un videojuego se tratara, espectadores de todo el mundo observaron día tras día cómo la población sarajevita se veía sometida a un aislamiento total donde las muertes por disparos de francotirador eran el pan de cada día. Para su desgracia, y de la noche a la mañana, Sarajevo se convirtió en uno de los principales símbolos de la violencia en la antigua Yugoslavia, junto con las matanzas de 1995 alrededor de Srebrenica.

En esos tiempos de supervivencia extrema, algunos ciudadanos corrientes intentaron hacer frente al asedio manteniendo, en lo posible, la naturalidad del día a día. Merece la pena destacar el concurso de belleza Miss Sarajevo 1993, que se celebró en un sótano de la ciudad y al que más tarde la banda de rock irlandesa U2 dedicaría una canción homónima. El mensaje era claro: había que seguir viviendo. El acontecimiento se convirtió en un símbolo antibélico, ya que al final del desfile las concursantes acabarían por mostrar un cartel con el lema “no dejen que nos maten”. Mientras tanto, comentaristas intrépidos y poco acertados se apresuraron a explicar el conflicto bélico a través de presuntas tensiones históricas entre las distintas comunidades. La mayoría de la población bosnia, en cambio, afirmaba que semejantes acontecimientos jamás podrían tener lugar en Bosnia incluso cuando el conflicto se había estallado en Croacia. Mucho menos podría ocurrir en Sarajevo, que era el símbolo multicultural de Yugoslavia. Sin embargo, la historia probó lo contrario.

El músico bosnio Vedran Smailović toca el chelo en Biblioteca Nacional de Sarajevo en 1992. La biblioteca, un símbolo de la ciudad, fue destruida durante la guerra y después vuelta a construir. Fuente: Wikipedia

Los cuatro edificios que servían como lugar de culto para las cuatro religiones que convivían en Sarajevo resultaron dañados. La Biblioteca Nacional, símbolo y memoria literaria de coexistencia cultural durante siglos, fue destruida. Con ella también desaparecieron miles de libros que albergaban la memoria literaria de Sarajevo. De la noche a la mañana, Sarajevo había perdido su elemento multicultural. El dirigente político serbobosnio Radovan Karadžić llegó incluso a plantear copiar el muro de Berlín, pues propuso la división de Sarajevo en dos, una parte para los serbios y la otra para bosniacos y croatas. Esta idea, sin embargo, fue rechazada tácita y explícitamente por Richard Holbrooke, uno de los diplomáticos estadounidenses que más se esforzó para poner fin a las guerras en Bosnia y Croacia.

Holbrooke sería, además, uno de los principales arquitectos de los acuerdos de paz firmados en Dayton, Estados Unidos, que pondrían fin a la guerra en Bosnia y Croacia en diciembre de 1995. Después de casi cuatro años de sitio y más de 13.000 víctimas mortales, la población sarajevita dejó de oír el ruido constante de francotiradores y ametralladoras. Los acuerdos de paz traerían consigo el cese de las hostilidades, pero no sirvieron para la consolidación de una paz duradera. Dayton, además de crear un sistema de Gobierno muy enrevesado con tres presidentes, dividió el país en dos partes: la Federación —habitada mayoritariamente por bosniacos y bosniocroatas— y la República Srpska —integrada principalmente por serbobosnios—. Dayton creó un sistema político para bosniacos, serbios y croatas; sin embargo, obvió incluir a los ciudadanos que se consideraban sencillamente bosnios.

Distribución de las distintas comunidades antes y después del conflicto en Bosnia.

Sarajevo, aunque sin un muro físico, también quedó dividido en una frontera invisible marcada por la pertenencia étnica. La ciudad multicultural de antaño se ha convertido en una urbe mayoritariamente bosniaca, mientras que la población serbia ha pasado a ocupar casi la totalidad del este de Sarajevo. Antes del conflicto, la ciudad estaba habitada por cerca de un 50% de bosniacos y un 30% de serbios. En la actualidad, se estima que el 80% de sarajevitas pertenecen a la comunidad bosniaca. En Sarajevo, la última víctima de la guerra fue el cosmopolitismo.

Para ampliar: “Bosnia, el alto el fuego que no significó la paz”, Esther Miranda en El Orden Mundial, 2016

2 comentarios

  1. Ivo Andric y su preciosa obra: “Un puente sobre el Drina”, ventana a 400 años de convivencia multicultural en Bosnia. Recomendado para cualquiera que esté interesado en Bosnia, su historia y sus gentes.

    Los bosniacos tuvieron, en verdad, la suerte de caer en manos de Austria Hungría durante una época de nacionalismos y revanchismo contra ello turco en el este de Europa como es el siglo XIX. La guerra balcánica de 1912-13 en que los jóvenes países balcánicos Serbia, Bulgaria, Montenegro y Grecia expulsan casi en su totalidad a los turcos de Europa dio pie a una de los mayores éxodos vistos en este continente en su historia. No es casualidad que en esos países a fecha de hoy no hayan subsistido comunidades musulmanas relevantes como sí lo hicieron en Bosnia. Ese ánimo de revancha de ortodoxos/católicos les llegó a los bosniacos casi un siglo más tarde, Austria Hungría lo evitó en su momento, Tito lo aplazó después con una idea de unidad que se desmoronó en cuanto se murió y desapareció su figura.

    Buen artículo sobre una de mis ciudades favoritas, preciosa Sarajevo :).

  2. Buen articulo, me gustaría agregarle una cosa que le falto Pol: Bruce Dickinson, Cantante de Iron Maiden dio un concierto en pleno sitio de la cuidad el 14 de diciembre de 1994, en el Centro Cultural de Bosnia. Recientemente Bruce fue galardonado por el ayuntamiento de Sarajevo con motivo de dicho recital. Esto se puede ver en el documental «Scream for me Sarajevo»
    Saludos desde el 3er mundo y sigan adelante…..