Cuando los separatistas prorrusos instauraron en 2014 la autoproclamada República Popular de Donetsk (RPD), Stanislav Aséyev (Makéyevka, Ucraina, 1989) parecía tener dos opciones: huir de su provincia natal o resignarse y dejar su trabajo como periodista. El nuevo Gobierno no aceptaba informadores independientes. Aséyev tomó un tercer camino: se quedó junto a su familia y empezó a escribir para medios ucranianos como Mirror Weekly firmando con un pseudónimo, Stanislav Vasin. Nadie en su entorno lo sabía. Sus crónicas las recoge el libro In Isolation. Dispatches from Occupied Donbas (2022), no publicado en castellano.
Dos años mantuvo Aséyev este trabajo clandestino, hasta que fue descubierto en 2017 y desapareció de un día para otro. Más de un mes después, el Ministerio de Seguridad de la RPD confirmó que había sido detenido y acusado de espionaje. Pasó dos años y medio en la cárcel, hasta que fue liberado en 2019 en un intercambio de prisioneros con las autoridades ucranianas. Su experiencia quedó plasmada en otro libro, In The Torture Camp on Paradise Street (2020), no editado en España. Pero su trabajo sigue: la invasión rusa de Ucrania lo llevó a crear el proyecto Justice Initiative Fund, que “recopila información sobre crímenes de guerra rusos para asegurar que los perpetradores identificados rindan cuentas ante la justicia”.
¿Qué cree usted que pasó en 2014 en el Donbás? ¿Qué llevó a que estallara el conflicto?
Nunca había habido sentimientos separatistas previos en el Donbás. En muchos aspectos culturales sí era una región prorrusa: aquí siempre prevaleció el idioma ruso, el cine, la música, etcétera. Pero en el sentido político, la idea de separar la región de Ucrania y unirse a la Federación Rusa nunca existió, sino que fue inspirada de manera completamente artificial por Rusia durante la llamada “Primavera Rusa” a principios de 2014. Incluso trajeron un gran número de rusos desde la región rusa de Rostov.
Antes del inicio del conflicto en 2014, ¿imaginó que su región podría ser el epicentro de las disputas?
En 2012 estaba terminando mis estudios en la Universidad de Donetsk y no podía imaginar que en dos años los tanques rusos atravesarían esas calles. Durante la primera manifestación prorrusa el 1 de marzo de 2014, algunas personas ya estaban de pie en la plaza Lenin de Donetsk con banderas tricolores no de Rusia, sino de la “República Popular de Donetsk”. Pero fueron percibidos incluso por los participantes de aquella manifestación como marginales o incluso locos, porque nadie todavía entendía lo que significaban las siglas “RPD”.
No conservo ninguna conexión con quienes apoyan a Rusia, ya sean familiares o amigos de la infancia
¿Qué recuerda de su infancia en Makéyevka, en la provincia de Donetsk? ¿Cómo era la vida allí?
Debe entenderse que la Unión Soviética siguió existiendo alrededor del Donbás. Donetsk es uno de los mayores centros industriales, culturales, científicos y comerciales de Ucrania. Pero toda la aglomeración de ciudades alrededor, incluida Makéyevka, tienen una vida congelada al nivel del pasado soviético de los años setenta y ochenta. Y cuanto más alejada de Donetsk está la ciudad y más pequeña es, más detenida está en la historia. La vida en esos pueblos generalmente se desarrollaba alrededor de una mina o fábrica que daba trabajo a todos. Y la gente trabajadora no estaba interesada en nada más allá de la mina o planta. Con la RPD, todo este pasado soviético simplemente se institucionalizó y se convirtió en una guía oficial para el futuro.
Sus amigos y gente de su entorno tomaron el lado de los rebeldes prorrusos, algunos incluso luchando contra Ucrania. ¿Por qué cree que lo hicieron? ¿Sigue en contacto con ellos?
No he conservado ninguna conexión con quienes apoyan a Rusia, ya sean familiares o amigos de la infancia. Fueron a luchar de ese lado porque no tenían nada que perder. Cuando estalló el conflicto en 2014, mi generación en Makéyevka estaba en el limbo social: vivían con un salario bajo en un trabajo arduo y sobrellevaban la situación bebiendo vodka local. Cuando personas como [el excomandante ruso Ígor] Guirkin les ofrecieron contribuir a cambiar la historia uniéndose a la “milicia” separatista del Donbás por 360 dólares, la mayoría aceptó con gusto.
¿Cómo eran las condiciones en el Donbás ocupado?
El Donbás ocupado es la legalización del pasado soviético. Con la ocupación se agregó otro 1937 [la época de las purgas estalinistas] a la vida soviética de los años setenta y ochenta: volvieron la represión contra quienes no están de acuerdo con el régimen, los campos de concentración y la tortura en los sótanos.
Usted tomó el lado contrario al de su entorno y además empezó a escribir. ¿Por qué?
Como me quedé en el territorio ocupado por no alejarme de mi familia y no quedaban periodistas ucranianos allí, consideré necesario compartir con la parte libre de Ucrania lo que veía a mi alrededor. Ni mis familiares ni mi círculo más cercano sabían que trabajaba como periodista para Radio Liberty y otras publicaciones. Lo hice así por razones de seguridad.
¿Era consciente de los riesgos? ¿La población de la zona ocupada sabía cómo eran las condiciones en prisión?
Cuando trabajas bajo un seudónimo eres consciente de los peligros, pero yo no estaba preparado para el inframundo que encontré tras mi arresto. Incluso a pesar de que sabía de los sótanos donde desde hacía tres años se arrojaban a todos los sospechosos de deslealtad a las autoridades locales. Creo que esto también lo pueden decir otros lugareños: todos han escuchado esa frase “tíralo al sótano”, pero nadie imaginó la escala de crueldad. Por supuesto, tampoco conocía a las personas que me detuvieron.
No estaba preparado para el inframundo que encontré en prisión
¿Cómo fueron aquellos años en prisión? El ministro de Exteriores ucraniano ha calificado la cárcel de Izolyatsia, donde usted estuvo recluido, como “un campo de concentración en Europa en pleno siglo XXI”. Es una antigua fábrica ocupada por los rebeldes prorrusos y transformada en cárcel. ¿Se cometen allí crímenes de guerra?
Basta leer el informe de la ONU que recopila hechos desde 2014 hasta 2020. Incluye tortura eléctrica, violación de hombres y mujeres, palizas, humillaciones, trabajos forzados y asesinatos de presos. Es el espectro completo de crímenes de guerra. Los presos tienen prohibido salir de la celda sin bolsa en la cabeza, las luces están encendidas las veinticuatro horas del día y se realiza videovigilancia, incluso en los sótanos, durante el día. Los nuevos reclusos sólo pueden sentarse o caminar de pared a pared, no pueden dormir ni acostarse en las literas. El nombre de la cárcel, Izolyatsia, significa ‘aislamiento’ por la antigua fábrica de materiales aislantes, pero se ha convertido en un campo de concentración moderno.
¿Y qué aprendió allí sobre las aspiraciones políticas de los separatistas prorrusos?
Todas esas personas, sin excepción, siempre han luchado por Rusia. Para ellos, [Moscú] debió haberse anexado estos territorios en 2014, como con Crimea. Ninguno tomó en serio a la RPD.
¿Cree que los ucranianos prorrusos tienen una agenda independiente o son instrumentos del Kremlin?
Incluso con la enorme escala de la propaganda rusa, cada persona en ese territorio debe ser responsable de sus elecciones. Tal como lo sufrieron los alemanes tras su derrota en la Segunda Guerra Mundial.
¿Esperaba la invasión rusa a gran escala de 2022?
No. No creí que pasase porque pensaba que Putin era un buen analista del KGB de la vieja escuela. Debió haber tenido una idea real sobre el estado del Ejército ucraniano, sobre su modernización durante los años de guerra y sobre el ánimo de la población antes de realizar una invasión. Encima con fuerzas tan pequeñas desde el punto de vista de la ciencia militar clásica. Putin no tenía todo eso, por lo que tuvo una imagen completamente distorsionada de la realidad de Ucrania.
Y usted, ¿cómo lo está viviendo al haber crecido con una cultura e identidad cercanas a Rusia?
Hace tiempo que la guerra se convirtió en un trabajo para mí, así como Rusia en general. No siento ninguna emoción o sentimiento especial hacia el Donbás o mis familiares que eligieron el lado insurgente. Cuando comenzaron los bombardeos estaba en Brovary, un pequeño pueblo cerca de Kiev. De inmediato llamé un taxi y viajé bajo los misiles hasta la capital, donde estaba mi madre, para sacarla de allí. El 26 de febrero regresé y me incorporé a las filas de la defensa territorial.
¿Cómo fue la experiencia en el ejército?
Esta es una historia muy larga, cada día que viví allí podría ocupar un artículo completo. Por ejemplo, cuando entramos en Bucha el 6 de abril, encontramos cuatro cadáveres de civiles quemados a quienes los rusos habían matado e incinerado en el patio de una casa. El horror también estaba en los perros abandonados y hambrientos. Algunos cadáveres quemados habían sido roídos por estos perros.
¿Sigue movilizado?
No, me he quedado en la reserva para poder ir al extranjero a promover el Justice Initiative Fund, que creé para buscar criminales de guerra rusos a cambio de una recompensa.
¿Cómo funciona el proyecto?
La idea es pagar una recompensa por información actualizada sobre criminales de guerra identificados. En la web de la fundación hay varias categorías de crímenes de guerra de la Federación Rusa, como los cometidos en Izolyatsia, Bucha o el derribo del MH17 [el avión de pasajeros de Malaysia Airlines en 2014 cuando volaba cerca de Donetsk, que se atribuye a Rusia o a los rebeldes con apoyo ruso. Murieron los 283 pasajeros y quince tripulantes]. Cada categoría tiene una lista de personas sospechosas oficialmente para las autoridades estatales, y con cada nombre hay un precio que estamos dispuestos a pagar por el traslado de esta persona a Ucrania o por información que ayude a llevarla ante la justicia.
La liberación de Crimea será el principio del fin de Putin y su régimen
¿Confía en que se pueda llevar a los criminales al banquillo?
Uno de esos criminales ya ha sido detenido, de hecho: el comandante de Izolyatsia, Denis Kulikovski, apodado Palych. Está siendo juzgado en Kiev.
Vio de primera mano estallar el conflicto en 2014. Después de seguirlo de cerca durante años, ¿hacia dónde cree que se dirige esta guerra?
Después de la invasión del 24 de febrero de 2022, las cosas han cambiado radicalmente. Ya no hay alternativa, solo la victoria de Ucrania en forma de desocupación de todos los territorios para volver a la situación de 1991. Además, la liberación de Crimea comenzará procesos irreversibles dentro de la propia Federación Rusa. Este será el principio del fin tanto del régimen de Putin como del propio Putin. Es la razón por la que necesitamos las armas occidentales.
¿Cree que la sociedad ucraniana podrá recuperar la convivencia cuando la guerra acabe?
El mundo de antes de 2014 ya no existe. La sociedad ha cambiado radicalmente. En cuanto a quienes apoyaron a Rusia en esta guerra pero tienen la ciudadanía ucraniana, creo que es más una cuestión de seguridad nacional que de reconciliación: debemos hacer todo lo posible para evitar que entren en política. Por ejemplo, retirándoles la ciudadanía, como se hace en algunos países bálticos. En cuanto al contexto humanitario, el énfasis debe estar en la nueva generación. Es poco probable ya que la mía y la anterior cambien.