Unos exigían que Rusia cesara de inmediato sus movimientos militares en su frontera con Ucrania y cumpliera con los acuerdos de Minsk. Otros, que la OTAN detuviera su expansión y volviera a las fronteras de 1997, es decir, que se retirara de Europa del este, los países bálticos y los Balcanes. En las conversaciones entre Moscú y Washington para rebajar la tensión en el conflicto ucraniano no han faltado peticiones y líneas rojas. Tampoco amenazas de someter por la fuerza a un país soberano. Lo que ha brillado por su ausencia hasta ahora han sido, sin embargo, los acuerdos y las concesiones.
Pero eso no ha sido lo único que se ha echado en falta. Y es que lo que está en juego es la integridad territorial de un país de 44 millones de habitantes y la seguridad de una población que, aun con dificultades económicas y escasas perspectivas de futuro, vive hoy en democracia.
Pese a esto, apenas se ha prestado atención a las opiniones de los ucranianos sobre Rusia, la OTAN y el resto de partes implicadas en el conflicto. Ni en las trascendentales negociaciones que arrancaron a principios de enero ni en los centenares de artículos que se han escrito al respecto.
Poco le importa a Vladímir Putin, por ejemplo, que el 75,5% de los ucranianos de las regiones oeste y centro del país estén a favor de ingresar en la Unión Europea, tal y como concluyó una encuesta realizada por el Kyiv International Institute of Sociology en diciembre de 2021. O a Joe Biden que, según otro estudio realizado por Ipsos en el verano de 2020, en el sureste apenas el 50% de los ciudadanos piensen que la OTAN tendrá un impacto positivo en la política internacional de la próxima década.
A nivel nacional, según las cifras del Kyiv International Institute of Sociology, el 67% de los encuestados votaría «sí» en un referéndum sobre la entrada de Ucrania en la UE y el 59% en el caso de la OTAN. Es importante aclarar, no obstante, que ambas encuestas no cubrieron la República Autónoma de Crimea y algunos distritos de Donetsk y Lugansk bajo control rebelde.
Así, en lo que a la disputa OTAN-Rusia se refiere, la opinión de los ucranianos está claramente dividida en dos regiones: la parte occidental, que confía firmemente en Estados Unidos, la OTAN y la Unión Europea, y se muestra muy a favor de acceder al club comunitario y, aunque con menos convicción, a la alianza atlántica; y la zona donde se concentran los rusohablantes y los movimientos secesionistas del país —Crimea y el Donbás—, esto es, el este y el sur de Ucrania, que mira con más dudas hacia los socios atlantistas, sobre todo hacia Washington.
Pero si hay una parte que genera un rechazo generalizado en todo el país esa es Rusia: solo el 24% de los ucranianos cree que el papel de Moscú tendrá un impacto positivo en la política internacional, una proporción que en la región este apenas asciende al 30% y en la sur al 31%.
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El punto de inflexión lo marcó la anexión de Crimea: si en marzo de 2014 el 43% de la población del país rechazaba que Kiev entrara en la OTAN, en septiembre de ese mismo año la situación se había volteado y el mismo porcentaje apoyaba ya el ingreso, según otra encuesta del Center for Insights and Survey Research (CISR). En noviembre de 2021 ya era el 54%.
La mismo ocurrió con una posible entrada de Ucrania a una unión aduanera con Rusia, Bielorrusia o Kazajistán o a la Unión Europea: es muy posible que la hostilidad y el intervencionismo de Moscú haya provocado que del 32% de ucranianos que preferían integrarse en la UE en septiembre de 2012 se pasara al 59% apenas dos años después. De hecho, antes de la crisis de 2014 la mayoría de la población ucraniana apostaba por una relación cordial y equilibrada con Rusia.
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