Si Rusia se decide a invadir Ucrania, el Ejército ucraniano apenas tendría posibilidades de detener la ofensiva. Moscú ya ha movilizado cerca de l00.000 soldados en la frontera y continúa enviando refuerzos. Además, la OTAN ha confirmado que no intenvendría para ayudar a Kiev frente a un ataque y la respuesta de la Unión Europea se limitaría a las sanciones.
La puerta a una solución negociada parece haberse abierto tras la reunión entre el secretario de Estado estadounidense, Anthony Blinken, y su homólogo ruso, Serguéi Lavrov, el 21 de enero en Ginebra. Pero son muchos los indicios que todavía apuntan a un posible enfrentamiento militar. Aunque quizá solo Putin sabe qué forma podría tomar esta ofensiva, se barajan tres grandes opciones.
Avance desde el este y anexión de algunos territorios
El primer gran escenario sería similar a la guerra de Georgia de 2008. Entonces Rusia lanzó una ofensiva rápida y limitada que le permitió controlar las regiones georgianas de Osetia del Sur y Abjasia en menos de dos semanas. De igual manera, una invasión de Ucrania podría limitarse a determinadas zonas, a las que Moscú extendería su control con facilidad, antes de que el Ejército ucraniano siga fortaleciéndose con nuevo material militar y el país se acerque más a Occidente.
Lo más sencillo para Rusia sería entrar por el Donbás, la región del este de Ucrania ya controlada por grupos rebeldes prorrusos. Las fuerzas rusas podrían quedarse en esta zona o incluso ampliarla hacia el oeste: sus opciones de victoria serían casi seguras y las consecuencias negativas a nivel internacional, escasas. La ocupación podría ser temporal, por ejemplo para forzar una renegociación de los acuerdos de paz de Minsk, pero también estar destinada a anexionar el Donbás a Rusia.
Otra alternativa es avanzar todavía más hacia el oeste, creando un corredor de aproximadamente trescientos kilómetros a lo largo de la costa hasta la península de Crimea, ya anexionada por Rusia en 2014. Esta seguiría siendo una opción sencilla, pues evitaría combatir en grandes núcleos urbanos como Járkov o Kiev, aunque sí requeriría conquistar la ciudad costera de Mariúpol. Además, este corredor costero no contaría con ninguna protección natural como montañas o ríos, por lo que sería difícil de defender. Pero sí permitiría a Rusia combinar el frente oriental con ataques lanzados desde Crimea, en el sur, y resolvería la grave crisis de desabastecimiento de agua que sufre la península.
Finalmente, el Kremlin podría avanzar todavía más hacia el oeste por la costa, cruzando la desembocadura del Dniéper y llegando hasta el enclave prorruso de Transnistria, dentro de Moldavia, de forma que Ucrania quedara convertido en un país sin salida al mar. Esta opción requeriría, ya sí, de una gran batalla urbana para tomar Odesa, ciudad de un millón de habitantes, lo que exigiría una ofensiva que incluyera fuerzas navales y paracaidistas. Además de los beneficios de la propia expansión territorial, esta opción daría a Rusia una enorme influencia sobre Ucrania, que quedaría convertida en un país rural sin viabilidad económica y totalmente dependiente de Moscú.
Guerra punitiva con posibles ataques desde Bielorrusia
Si Putin quisiera ir más allá y garantizar que Ucrania nunca se una a la OTAN o se aleje de Occidente, necesitaría extender la guerra a buena parte o todo el territorio ucraniano. En este escenario, el Ejército ruso avanzaría también desde el sur y el norte, añadiendo una ruta hacia Kiev y otra hacia Járkov. Con todo, los rusos seguirían evitando las batallas urbanas, limitándose a asediar las ciudades más grandes, y especialmente la capital, para ganar poder negociador. Una excepción podría ser Járkov, dada su gran importancia como nodo de transportes cercano a la frontera rusa.
El asedio a los núcleos urbanos iría seguramente acompañado de otras medidas de presión, incluidas la toma de prisioneros y la destrucción de infraestructuras. Además, a estas tres rutas de ataque se le podría añadir una ofensiva desde Bielorrusia, en el noroeste, para cercar Kiev y tomar la mitad occidental de Ucrania sin tener que cruzar el río Dniéper. La llegada de soldados y material bélico ruso a ese país parece apuntar en esta dirección.
Ya sea a través de Bielorrusia o solo desde el este, esta ofensiva total buscaría desactivar o incluso desintegrar a las fuerzas ucranianas y anular la independencia de su Gobierno. Una vez Rusia se hubiera asegurado la superioridad aérea, su infantería y blindados empezarían a avanzar, precedidos de operaciones de las fuerzas especiales, como asesinatos y actos de sabotaje, para minimizar la respuesta ucraniana. Todo ello acompañado de ciberataques como los que han tenido lugar en las últimas semanas.
Ocupación permanente ¿y anexión?
Por último, Rusia podría querer mantener la ocupación militar de Ucrania a largo plazo e incluso integrar al país y a Bielorrusia en una nueva confederación eslava gobernada desde Moscú. Con ello, el Kremlin resolvería dos problemas de manera simultánea: mantener a Kiev bajo su control y reafirmar su influencia sobre Minsk. Esta opción podría suponer sustituir al actual Ejecutivo ucraniano por un Gobierno títere, en línea con un posible plan desvelado por la inteligencia británica.
Aunque este escenario parece el más ventajoso, plantea una serie de inconvenientes que lo convierten en el menos viable de los tres. Rusia sufriría las sanciones internacionales más contundentes y no podría evitar cruentas batallas urbanas que causarían gran destrucción y numerosas bajas civiles. Incluso logrando pacificar ciudades como Kiev, ello no pondría fin a los enfrentamientos, pues se calcula que uno de cada tres ucranianos estaría dispuesto a unirse a la resistencia, y podrían recibir armas y entrenamiento de Estados Unidos. La invasión soviética de Afganistán o las estadounidenses también en ese país e Irak demuestran lo difícil que es mantener una ocupación militar a largo plazo en contra de la voluntad popular de los locales. Conseguirlo exigiría además una intensa campaña de rusificación de los más de cuarenta millones de habitantes de Ucrania.
Sea cual sea la estrategia elegida por Rusia, una guerra en Ucrania provocaría la mayor catástrofe humanitaria en la historia reciente de Europa, un país que ya acumula 14.000 muertos y cerca de millón y medio de desplazados desde que los combates estallaron en el Donbás en 2014. Si las negociaciones fracasan, el panorama político internacional podría volver a un momento de máxima tensión entre bloques como no se había vivido en Europa desde la Guerra Fría.







¿Esto es un análisis o una oficialía de partes del Departamento de Estado de los EUA?
«Podría, sería, iría», especulación pura basada en el «ahí viene el lobo»(oso ruso). Disúlpeme usted, pero mejor que el Argüelles le quedaría el Argüendes.
Qué sí, qué ya te hemos visto, que adoras a Putin. Ok. Ve aprendiendo ruso y a experimentar en carne propia. ¡Los ideales se demuestran, no se muestran!
«Nadie conoce los planes de Putin para Ucrania, pero» vamos a especular de lo lindo. Al rato van a revivir a la división azul…