Crisis en el espacio postsoviético

Cinco mapas para entender la crisis en el espacio postsoviético

La crisis del espacio postsoviético está marcada por el avance de la OTAN en Europa y la respuesta rusa en Ucrania y otros países del entorno
CartografíaGeopolíticaRusia y espacio postsoviético

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La caída de la Unión Soviética puso fin a la Guerra Fría y al mundo bipolar que habían construido durante gran parte del siglo XX Estados Unidos y la URSS, las dos grandes potencias del momento. Sin embargo, la descomposición del bloque comunista no supuso de facto la desaparición de las lógicas geopolíticas que nacieron en aquellos años, sino más bien su mutación en nuevas dinámicas y crisis dentro de lo que hoy se conoce como el espacio postsoviético. La guerra en el Donbás ucraniano, que ya atraviesa su noveno año y que vive un nueva escalada de tensión con la amenaza de invasión rusa, o las masivas protestas en Bielorrusia o Kazajistán, donde la violencia se ha intensificado a la misma velocidad que la inestabilidad política, son algunos de los ejemplos más recientes de las nuevas tensiones que se están viviendo en esta parte del mundo. ¿Cómo se ha llegado a esta situación?

Tras la caída del muro de Berlín, el proceso de descomposición de la Unión Soviética se extendió durante varios meses de 1990 y 1991, dando como resultado la creación de quince Estados independientes de los que solo uno, Rusia, se consideró como sucesor legal de la antigua URSS. Desde ese momento, Moscú ha tratado de mantener su influencia sobre las antiguas repúblicas soviéticas ante el avance de OTAN y la Unión Europea, que lograron una fuerte ventaja en el Viejo Continente con la integración de los países bálticos —los primeros en salir de la URSS— a comienzos de la década de los 2000.

La descomposición de la Unión Soviética

Ucrania, la línea roja de la geopolítica rusa en Europa

Más allá de los países bálticos, la ampliación del área de influencia occidental también ha sido constante en otras antiguas repúblicas como Georgia, que lleva mostrando interés por incorporarse a la OTAN al menos desde 2003. Esto ha desembocado en varios conflictos armados entre Rusia y el país caucásico, como los registrados en las regiones de Abjasia y Osetia del Sur. Sin embargo, ninguna otra zona ha vivido tanta tensión como Ucrania, la principal línea roja de la geopolítica rusa en sus fronteras europeas. Desde que declarase su independencia en agosto de 1991, el país ha vivido atrapado entre los intereses de Rusia y los de la Unión Europea y los socios atlantistas.

Este débil equilibrio se terminó por romper en 2013, después de que Ucrania firmara un acuerdo de libre comercio con la Unión Europea. La presión de Rusia frenó el acuerdo y provocó la revolución del Euromaidán, que a su vez ha llevado a un conflicto de larga duración en el Donbás y a un ciclo interminable de sanciones internacionales contra Rusia por la anexión de Crimea.

La geopolítica de Ucrania

Kazajistán, el corazón geoestratégico de Eurasia

Kazajistán, por su parte, es probablemente el punto más importante en la estrategia oriental de Moscú. El país, con el que Rusia guarda la segunda frontera más grande del mundo, se encuentra situado en una posición estratégica en el corazón de Eurasia, un espacio poco conocido pero cada vez más influyente para zonas tan alejadas entre sí como Europa occidental, China, India y Oriente Próximo. Desde la caída de la URSS, Kazajistán ha mantenido fuertes vínculos con Rusia —de donde llegan el 38% de importaciones del Kazajistán—, al tiempo que trataba de crear una identidad propia y se convertía en la gran potencia de la región gracias a recursos como el uranio, del que es el principal productor mundial. Todo ello, bajo la antenta mirada de Nursultán Nazarbáyev, que se mantuvo en el poder durante cerca de tres décadas hasta su dimisión en 2019.

La salida de Nazarbáyev, sin embargo, apenas logró solucionar los problemas que se venían gestando en el país. El líder mantuvo su poder desde la sombra, mientras que su sustituto, Kasim-Yomart Tokaev, ha sostenido la mayoría de las lógicas oligárquicas —y corruptas— que han ordenado la política del país desde su independencia. De esta forma, y aunque las protestas de los últimos días han girado en torno a la fuerte subida del precio de los combustibles que se ha registrado en el país, también han sobresalido reclamaciones sobre asuntos del pasado como la reforma constitucional de 1995.

La intervención de tropas rusas —a través de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC)— para sofocar las revueltas ha abierto una nueva vía para el dominio ruso en la zona: de un lado, legitima su presencia militar en pro de la seguridad en la región. Del otro, frena el acercamiento entre Kazajistán y los países de Occidente, cada vez más habitual en los últimos años.

La geopolítica de Asia Central

El cerco de la OTAN sobre Rusia y la reacción de Putin

Tanto los movimientos de Rusia en Kazajistán como el agresivo intervencionismo que ha mantenido en Ucrania se explican, en buena medida, por el cerco que Estados Unidos y la OTAN han ido  construyendo sobre Rusia en gran parte de sus fronteras durante las últimas décadas. Esto ha provocado, a su vez, varios movimientos de reacción por parte del país euroasiático, que ha tratado de mantener sus espacios de influencia o de crear algunos nuevos. Uno de los más importantes ha sido la anexión de la península de Crimea después de que estallara el conflicto en el Donbás en 2014, pero no el único. La intervención en la guerra civil Siria, o el acercamiento a Irán o a un miembro de la OTAN como Turquía, son otros ejemplos.

El cerco geopolítico de Estados Unidos a Rusia

Las nuevas fronteras del espacio postsoviético en Europa

En el caso concreto de Europa, la nueva escalada de tensión que se vive entre Ucrania y Rusia ha vuelto a poner en evidencia la importancia que tiene la antigua república soviética en la estrategia de Moscú. Hoy, las fronteras de Rusia con la OTAN se sitúan a apenas 130 km del centro de San Petersburgo y a 580 de la capital, frente a los 1.600 km que existían por tierra durante la Guerra Fría. Ante esto, Ucrania no solo aparece como una línea roja en la política de seguridad que Rusia mantiene en Europa. Los vínculos económicos —apoyados, por ejemplo, en la gran red de gasoductos— y los lazos históricos y culturales también son muy importantes en la posición de Moscú respecto de su vecino, al que considera parte esencial de la identidad y la nación rusa.

En Bielorrusia, por su parte, la crisis migratoria azuzada por el régimen de Alexander Lukashenko en la frontera con Polonia ha afianzado la confrontación que mantiene el país con la Unión Europea desde las protestas masivas de 2020 y la posterior imposición de sanciones comunitarias. Mientras tanto, Moscú ha tratado de afianzar su relación con Bielorrusia, tradicionalmente llena de altibajos.

El mapa del espacio postsoviético en Europa, 30 años después de la caída de la URSS

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