Xenófoba y conservadora: Sahra Wagenknecht, la nueva líder rojiparda de Alemania

La poscomunista Sahra Wagenknecht ha disparado su popularidad en Alemania con un partido que ya triunfa en elecciones. Sin embargo, es ambigua con Rusia, rechaza la inmigración y está en contra de la izquierda “woke”. Su éxito es otra prueba de la normalización de la agenda de la ultraderecha.
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Xenófoba y conservadora: Sahra Wagenknecht, la nueva líder rojiparda de Alemania
La política alemana Sahra Wagenknecht durante una manifestación antimilitarista en Berlín en noviembre de 2023. Fuente: r Ferran Cornellà (Wikimedia Commons)

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Cuando en enero de 2024 la política más popular y polémica de Die Linke, Sahra Wagenknecht, abandonó el partido poscomunista y fundó uno nuevo, se generaron expectativas en Alemania. ¿La nueva formación podría quitarle votos a la ultraderecha? Sin embargo, con un discurso populista de manual, la Alianza Sahra Wagenknecht (BSW) se ha posicionado en un espacio político que no había sido explotado: la izquierda conservadora. 

Muchos se habían sorprendido con la portada de la revista Compact en diciembre de 2022. Esta publicación, parte del conglomerado de medios de comunicación favorables a la derecha radical alemana, salía a la venta con la imagen de Sahra Wagenknecht junto al titular “La mejor canciller. Una candidata para la derecha y la izquierda”. 

Un análisis superficial podría indicar una contradicción ideológica. ¿Qué podría tener que ver la líder de la izquierda poscomunista con la ultraderecha? Había sido una de las iniciadoras del grupo anticapitalista dentro de Die Linke y nunca se había mostrado crítica con el régimen político en la República Democrática Alemana (RDA). Sin embargo, aquella portada no se explica por su recorrido político o ideológico, sino por su discurso y su agenda actual. O más precisamente, por el curso que fue tomando en los últimos años.

Quién es Sahra Wagenknecht

Sahra Wagenknecht es una de las figuras políticas más conocidas de Alemania pese a que su carrera política está atada a un partido pequeño y relativamente joven. Die Linke nació 2007 de la fusión del PDS, heredero del partido único de la RDA, y una escisión del Partido Socialdemócrata liderada por Oskar Lafontaine, ex ministro de Finanzas del Gobierno de Gerhard Schröder y actual marido de Wagenknecht. 

Pero la vida política de Wagenknecht había comenzado muchos años antes, en 1989. Con veinte años se sumó al partido de la RDA, justamente cuando se iniciaba el movimiento de protesta que precipitó la caída del Muro de Berlín. Ella pretendía “cambiar la RDA”, pero no llegó a tiempo. Luego de la reunificación alemana ocupó cargos importantes en el PDS, aunque siempre con cierta controversia. Sus visiones políticas procomunistas generaban rispideces en personajes importantes de la formación.

Si bien en 2004 se convirtió en eurodiputada y en 2009 ingresó como diputada al Parlamento alemán, el verdadero despegue de Wagenknecht fue entre 2015 y 2017 como portavoz del grupo parlamentario de Die Linke. Desde allí explotó su faceta de polemista, de persona que no evita el conflicto y que no teme estar en contra de la opinión mayoritaria. Esta habilidad le convirtió en una voz codiciada por los medios, especialmente los talk-show televisivos. En medio de la era Merkel y con la Gran Coalición en el Gobierno, Wagenknecht era más que una opositora. Con facilidad para la provocación y en un contexto de amplio consenso, fue desde la izquierda la antagonista en el debate público frente al resto de los partidos.

Pero mientras la imagen de Wagenknecht crecía, en Die Linke aumentaba la crítica hacia su figura. No todos coincidían con sus manifestaciones públicas. Por ejemplo, cuando Wagenknecht se expresó sobre los ataques en Wurzburgo y Ansbach de 2016. En una nota de prensa publicó: “Los acontecimientos de los últimos días muestran que la acogida e integración de un gran número de refugiados e inmigrantes está acompañada de considerables problemas y es más difícil de lo que la despreocupada frase de Merkel, ‘lo lograremos’, intentó hacernos creer el pasado otoño”. Un planteo muy cercano al de Alternativa para Alemania (AfD), la derecha radical que siempre ha apostado a la criminalización de los refugiados. 

Posiblemente, estos desencuentros de Wagenknecht con la cúpula de Die Linke abonaron su idea de abandonarlo e independizarse. El primer intento llegó en 2018: Aufstehen (Ponerse de Pie). Inspirada en La Francia Insumisa de Jean-Luc Melechon y sin dejar todavía su partido, la líder política impulsó uno propio que buscaba explotar la idea de un “populismo de izquierdas”. El experimento duró poco, ya que Wagenknecht pronto detectó que no funcionaba y se retiró para evitar quedar manchada por tal fracaso. 

El camino al partido propio

Wagenknecht retomó su participación en un movimiento durante la pandemia. De hecho, consiguió convertirse en una vocera del heterogéneo grupo de escépticos que criticaban el confinamiento, las vacunas y, en general, las decisiones del Gobierno de Angela Merkel. Nuevamente, Wagenknecht sacaba a relucir su capacidad para señalar aspectos incómodos en la discusión pública para el resto de los partidos. Una habilidad que terminaría siendo su herramienta de comunicación política predilecta.

Por ejemplo, las ideas de su libro Die Selbstgerechten (‘Los moralistas’), donde critica visiones progresistas incluyendo movimientos como el ambientalista Fridays for Future o Black Lives Matter, generaron una fuerte reacción. Ya no sólo de sus compañeros de partido, sino de los medios interesados en tener una figura que se expresase contra el mainstream. La visibilidad de Wagenknecht era enorme en comparación con otros políticos de partidos pequeños, y poco a poco crecían sus índices de popularidad. Tanto, que la pregunta de los periodistas se volvió recurrente: ¿cuándo fundaría su propia fuerza política?

El punto más álgido de esta estrategia de comunicación de Wagenknecht fue su posición sobre la invasión rusa de Ucrania. Optó por una posición de supuesta equidistancia a raíz de las consecuencias económicas del conflicto y de la postura del Gobierno federal favorable a sancionar a Moscú, pero en realidad alineaba su discurso con el de Rusia. Por ejemplo, acusando a la OTAN de ser culpable del inicio de la guerra, o insinuado que los países de la Alianza sabotearon las negociaciones de paz.

Wagenknecht sigue defendiendo su posición sobre la guerra frente a todos los partidos alemanes excepto uno: AfD. En efecto, con la ultraderecha comparten la idea de que la economía alemana ha sido muy perjudicada por el posicionamiento del Gobierno actual frente al de Vladímir Putin. Más allá de esta coincidencia, Wagenknecht consiguió una popularidad impensada, y para agosto de 2023 ocupaba el tercer lugar en popularidad entre todos los políticos de Alemania. Las encuestas ya no daban lugar a dudas y, en enero 2024, la líder emergente fundó la Alianza Sahra Wagenknecht.

Rusia, populismo y antiinmigración: qué propone BSW

El partido de Sahra Wagenknecht no lleva su nombre en vano. Su programa oficial, que consta de apenas cuatro páginas, es un resumen preciso de las posiciones y opiniones de su jefa. En primer lugar, critica la situación actual bajo una retórica populista típica: la mayoría desahuciada frente a unas élites políticas corruptas y arrogantes que le dan la espalda. Tampoco hay novedades en reivindicaciones usuales de la izquierda como la justicia social, redistribución del ingreso y los salarios justos.

Lo que sí es llamativo es la relación que tanto el documento como Wagenknecht establecen entre ciertas injusticias y desigualdades con la inmigración. Sin recurrir a una xenofobia explícita, el programa de BSW conecta, por ejemplo, el aumento de precios de alquileres, la caída de los salarios o la criminalidad en general con la llegada de extranjeros y refugiados, una evaluación bastante cercana a la de la ultraderecha.

Otro elemento fundamental en la plataforma del partido es la mencionada posición respecto a Rusia. Argumenta que la relación con Moscú es clave para el bienestar de Alemania y se plantea que “Europa necesita una arquitectura de seguridad estable que a largo plazo debería incluir a Rusia”. No hace falta mucho análisis para entender que esta frase de su programa partidario es una declaración anti-OTAN.

La crítica al “izquierdismo liberal” o progresismo es otra clave de la visión política de Wagenknecht. Lo que venía expresando hace años se cristaliza en los postulados de BSW. Su discurso señala que la izquierda “woke” ha contribuido al ascenso de partidos de derechas por defender causas minoritarias y alejarse de las preocupaciones de la mayoría. La cultura de la cancelación, el uso de lenguaje inclusivo y la “corrección política” son el reflejo de lo que la líder define como “un autoritarismo cultural”.

Normalizando la agenda de la ultraderecha

La agenda y el discurso de Sahra Wagenknecht se solaparon entonces con los de la ultraderecha, generando una hipótesis sobre un posible trasvase electoral. Las primeras encuestas de intención de voto parecían verificar esas especulaciones. Apenas tres meses después de la fundación de BSW, la ultraderecha pasaba de un pico de 24% a estabilizarse alrededor del 18%.

Pero encuestas y elecciones no son lo mismo. En las europeas del pasado junio BSW fue la quinta fuerza más votada, y en las recientes regionales en el rezagado este de Alemania fue tercera, pasando a ser clave para formar gobierno tanto en Turingia como Sajonia. Sin embargo, la mayor cantidad de sufragios que recibió BSW no provienen de antiguos votantes de AfD. Por el contrario, los partidos más perjudicados son el socialdemócrata y la democracia cristiana, que tendrán que sentarse a negociar, y, sobre todo, Die Linke. Ahora el turno es para las elecciones de Brandeburgo, donde BSW podría ser la cuarta fuerza más votada.

La falta de trasvase de la ultraderecha al partido de Wagenknecht demuestra que el freno no ha sido tal. Por el contrario, ha profundizado la normalización de la agenda de la derecha radical en el espectro político hasta llegar a una nueva izquierda conservadora. Un posicionamiento que busca transmitir que vivimos en un mundo en decadencia, y que ideas que apunten a la pluralidad y la multiculturalidad son la causa del deterioro del bienestar social y material del país.

Hasta ahora diversas voces de BSW han planteado que una cooperación política con AfD es inviable. No obstante, Sahra Wagenknecht abrió un interrogante: “Si AfD dice que el cielo es azul, BWS no dirá que es verde. Rechazar todo lo que viene de AfD no ha servido para frenarla. Hace falta cambiar la forma de relacionarse con la ultraderecha”. Deducir de esa frase que la exlíder de la izquierda poscomunista formaría una coalición con la derecha radical “sería infantil”, dijo la propia Wagenknecht. Pero ante tantas coincidencias, es imposible descartarlo.

Franco Delle Donne

Doctor en Comunicación por la FU Berlin. CoHost del podcast El Tercer Voto, política alemana en español. Fundador del Epidemia Ultra. Investigador en la Werkstatt für Sozialforschung Berlin.