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Woke (estar ‘despierto/a’ en inglés) hace referencia a quien es “consciente de los problemas sociales y políticos, en especial el racismo”, según recogió en 2017 el diccionario de Oxford. Su uso para alertar contra el racismo se remonta al movimiento por los derechos civiles en Estados Unidos a mediados del siglo XX, y se popularizó en la última década con el movimiento Black Lives Matter. Desde entonces, el wokismo se ha extendido a la lucha contra la violencia sexual, la xenofobia o la homofobia. A su vez, ha sido herramienta de marketing para grandes compañías y una forma de desacreditar de la derecha conservadora a los valores progresistas.
‘Stay woke’ contra el racismo
El primer antecedente popular del término woke como llamamiento a las personas africanas y afrodescendientes fue del predicador, periodista y empresario jamaicano Marcus Garvey en 1923: “Wake up, Ethiopia! Wake up, Africa!” (‘¡Despierta, Etiopía! ¡Despierta, África!’). Con esas palabras, el fundador de la Asociación Universal para la Mejora del Hombre Negro buscaba despertar la conciencia social y política entre las personas negras del mundo. Ya en 1938, el cantante afroamericano Lead Belly advertía “stay woke” (‘estad despiertos’) en el epílogo hablado de su canción protesta Scottsboro Boys. Esta canción narra la historia de los nueve adolescentes afroamericanos acusados injustamente de violar a dos mujeres blancas en Scottsboro, Arkansas, en 1931.
Desde entonces, el término woke se popularizó entre los afroamericanos y el movimiento por los derechos civiles en Estados Unidos. En 1962 lo empleó el escritor y activista William Melvey Killing en un artículo en el New York Times, donde criticaba la apropiación de las expresiones de la comunidad afroamericana por parte de la población blanca. El concepto también lo usó el líder más visible del movimiento, Martin Luther King Jr., en un discurso de 1965 en Oberlin College, Ohio. Pedía a los recién graduados que se mantuviesen “despiertos” durante la revolución social del momento.
El uso del término woke perdió fuerza en las décadas siguientes, pero volvió a extenderse en el siglo XXI. La cantante Erykah Badu, por ejemplo, repitió el “stay woke” con significado político en su canción Master teacher, de 2008. La palabra pronto se incorporó al movimiento antirracista Black Lives Matter, surgido en 2013 contra la violencia policial hacia los afroamericanos y en defensa de la igualdad racial. La muerte del afroamericano Michael Brown en 2014 a manos de un policía en Misuri detonó una oleada de protestas coordinadas, entre otros, con el hashtag #StayWoke como advertencia. Este uso después se extendió al movimiento #MeToo, que surgió en 2017 para denunciar la violencia sexual a raíz de las experiencias compartidas por distintas celebridades, y a las denuncias contra la xenofobia o la homofobia.
Un ejemplo de polarización
El wokismo, extendido en sectores progresistas, se ha vuelto un término paraguas para causas sociales apropiado por distintos sectores. También es una muestra de la polarización social y política en Occidente. Por un lado, el wokismo se ha convertido en un campo de batalla entre centristas y progresistas en Estados Unidos. Mientras tanto, la derecha conservadora estadounidense y en países de Europa usa el término woke para criticar la “corrección política”, entendida como evitar el lenguaje excluyente y ofensivo, y a la “cultura de cancelación” como forma de censura. Además, estos sectores sostienen que lo woke va en contra de los valores tradicionales, como la familia, y defienden que da privilegios a las personas sin tener en cuenta su mérito, haciendo referencia a los programas de diversidad, equidad y desigualdad (DEI).
Al mismo tiempo, el wokismo se ha vuelto herramienta del “marketing con conciencia social”, que apela al consumidor a través de su apoyo a una causa. Desde Nike a Coca Cola, distintas compañías han apoyado causas sociales, como la lucha contra el racismo a través de su exposición en el deporte profesional y las reivindicaciones en el mes del orgullo LGTBI. Por ejemplo, la liga de baloncesto de Estados Unidos aprobó los mensajes de justicia social en las equipaciones de los jugadores para la temporada 2020-21. Este tipo de marketing, sin embargo, ha sido cuestionado tanto por el oportunismo de las marcas para vender sus productos como por el uso de celebridades que no representan a los colectivos a los que apelan.






