Política y Sociedad América del Norte

La NBA, una gran marca comercial y política de EE. UU. en las canchas de baloncesto

La NBA, una gran marca comercial y política de EE. UU. en las canchas de baloncesto
Fuente: elaboración propia.

La NBA es una de las competiciones deportivas más importantes del mundo. Este negocio millonario congrega a espectadores de todo el planeta y sus principales jugadores y equipos tienen una enorme popularidad. Pero además el baloncesto forma parte de la identidad de EE. UU., es reflejo de las convulsiones políticas del país y sirve como una herramienta diplomática del Gobierno.

La pandemia también ha tenido una repercusión directa sobre la liga de baloncesto más importante del mundo. En marzo de 2020, la NBA decidió suspender la competición por culpa del coronavirus, aunque la organización pronto planeó alternativas para retomar la actividad de forma segura. El parón total podría suponer pérdidas de más de mil millones de dólares entre derechos de televisión, taquilla y publicidad. La solución fue trasladar la fase final de la temporada a la conocida como “burbuja de Orlando”, en el vasto complejo de Disney World en Florida. Veintidós equipos quedaron aislados en esa burbuja, unas instalaciones que cuentan con doce canchas, tres estadios y varios hoteles para acoger a todas las plantillas durante varios meses. 

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La temporada también quedó marcada por el fallecimiento de Kobe Bryant el 26 de enero de 2020 en un accidente de helicóptero. La estrella deportiva jugó veinte temporadas en Los Ángeles Lakers, uno de los grandes equipos de la NBA. Consiguió cinco anillos  de campeón, fue dos veces máximo anotador del año y mejor jugador en dos finales y rompió otros records, como el de jugador más joven en llegar a los 30.000 puntos. También logró el oro olímpico con su selección en Pekín 2008. El baloncesto estadounidense perdía a uno de sus grandes emblemas: Bryant llevaba años siendo uno de los grandes reclamos mediáticos de la NBA. 

El baloncesto juega un importante papel en la sociedad estadounidense, lo que hace que la NBA no solo sea una competición deportiva sino también un reflejo de la vida política del país. La burbuja de Orlando no quedó aislada de la crisis social que se vivía fuera. Los jugadores del Milwaukee Bucks no disputaron su partido contra Orlando Magic en solidaridad con las protestas raciales que estallaron tras la muerte en mayo del afroamericano George Floyd a manos de la policía de Mineápolis. Las principales estrellas de la competición comenzaron una campaña contra el racismo que les ha enfrentado con el presidente Donald Trump. Así, la NBA se convirtió en un elemento controvertido más de una campaña electoral crucial.

El surgimiento de un espectáculo de masas

Los orígenes de la NBA se remontan a junio de 1946 en Nueva York, cuando los propietarios de pabellones deportivos y clubs de hockey sobre hielo de la costa este de EE. UU. fundaron la Basketball Association of America (BAA). La idea fue de Walter A. Brown, dueño del estadio Boston Garden y del equipo de baloncesto de la ciudad, los Celtics. El empresario observó que tras el final de la Segunda Guerra Mundial la asistencia de público a espectáculos deportivos había crecido, el baloncesto se encontraba en plena expansión y los recintos estaban siendo infrautilizados porque solo se dedicaban a torneos de hockey y veladas de boxeo. Su apuesta por el baloncesto era una nueva línea de negocio que garantizaría partidos e ingresos por taquilla todas las semanas. 

La nueva competición comenzó con solo once equipos, que tuvieron que pagar una cuota inicial de 10.000 dólares. Las entradas de los partidos rondaban entonces los dos dólares. En 1949, la BAA se fusionó con la National Basketball League (NBL), otra competición privada creada en 1937 por las corporaciones General Electric, Firestone y Goodyear. La unión entre las dos grandes ligas de baloncesto del país daría lugar a la actual National Basketball Association (NBA). Sin embargo, habría que esperar varias décadas para que el torneo ganara popularidad. La liga solo se consolidó como uno de los grandes espectáculos deportivos en EE. UU. en la década de los ochenta. La época dorada de la NBA concentró en esos años a leyendas como Kareem Abdul-Jaber, Larry Bird o Magic Johnson, a los que seguiría Michael Jordan, considerado el mejor jugador de la historia.

La NBA se convirtió en un referente comercial global en la década siguiente, los noventa. Los principales equipos y sus estrellas pasaron a ser reclamos publicitarios en centenares de países, la liga se enriqueció con jugadores extranjeros y se amplió el calendario de giras internacionales. Ya en el siglo XXI, el baloncesto estadounidense es uno de los espectáculos deportivos más seguido a escala mundial, junto a la Champions League —la competición europea de fútbol— y la final de fútbol americano en Estados Unidos, la Super Bowl. La NBA firmó en 2014 un contrato de nueve años con las cadenas de televisión ESPN y TNT por valor de 24.000 millones de dólares, el más alto en la historia para una competición nacional. Y en 2019, la competición ingresó más de 1.200 millones de dólares solo en patrocinios. 

Equipos, divisiones y conferencias de la NBA en 2008. Fuente: Wikipedia 

El gran artífice de transformar la NBA en un producto comercial de éxito fue David Stern, comisionado de la competición entre 1984 y 2014. El comisionado es la máxima autoridad de la organización y es elegido por consenso por los equipos. Dirige la política deportiva y económica de la entidad, negociando contratos televisivos y de publicidad y estableciendo el calendario de la temporada. También fija las condiciones de las plantillas de la NBA con el sindicato de jugadores.

El torneo está compuesto actualmente por treinta equipos, conocidos como “franquicias”, que son propiedad de diferentes compañías o grupos inversores. Para poder participar, un grupo inversor, con el respaldo institucional de una ciudad, condado o Estado, debe negociar con la organización de la NBA para adquirir una nueva licencia o comprar una ya existente. Esta forma de organizar la liga explica sus sucesivas ampliaciones, incluyendo hasta una franquicia con sede en Canadá: los Toronto Raptors. A lo largo de la historia de la NBA algunos equipos desaparecieron por la falta de respaldo económico y otros cambiaron de ciudad al ser adquiridos por un nuevo propietario. La competición se organiza en dos grandes conferencias: este y oeste, que a su vez se dividen en tres divisiones. Los ganadores de cada conferencia se enfrentan cada año en la final del torneo. Este formato busca evitar al máximo que los equipos tengan que realizar largos viajes continuamente. 

Existen tres elementos que marcan la gestión económica de la NBA. Primero,  el límite salarial, que se introdujo en los ochenta para garantizar una liga más competitiva. Marca el tope que los equipos pueden gastar en pagar a sus plantillas, condicionados a tener solo uno o dos jugadores “franquicia”, quienes perciben los salarios más elevados. Segundo, el procedimiento del draft, por el que cada equipo selecciona a jóvenes promesas universitarias y de ligas extranjeras al final de la temporada, asegurando que sean los equipos con peor resultados los que elijan primero. Finalmente, las relaciones entre jugadores, franquicias y NBA quedan reguladas por el Convenio de Negociación Colectiva, que establece el mínimo y tope salarial, porcentajes de ingresos para cada parte o planes de pensiones para los deportistas retirados. 

Los jugadores se organizan en un sindicato, la National Basketball Players Association (NBPA), un actor clave en el funcionamiento de la competición. La NBPA se creó en 1954 para defender los intereses y derechos de los deportistas frente al comisionado y las franquicias y negocia sus condiciones profesionales. Ingresar en el sindicato es voluntario, pero prácticamente todos los jugadores son miembros. En dos ocasiones, en 1998 y 2011, no se llegó a un acuerdo por el Convenio, lo que provocó la suspensión de la liga durante meses, reduciéndose los partidos y los ingresos.

Los jugadores de la NBA, iconos políticos

La fama da a los jugadores un papel destacado en la sociedad estadounidense y relación directa con el poder político. La tradición marca que el presidente invite a los campeones de las principales ligas nacionales a la Casa Blanca, una costumbre que inauguró en 1863 Andrew Johnson recibiendo a clubs de béisbol. El primer equipo de baloncesto en visitar la residencia presidencial fueron los Boston Celtics en 1963, recibidos por John F. Kennedy. Sin embargo, ningún equipo se ha reunido con Donald Trump durante su mandato. Importantes jugadores y entrenadores como Lebron James, Stephen Curry o Doc River rechazan al presidente, considerándole racista y próximo a las ideas supremacistas. Trump ha respondido atacando frecuentemente a la competición, a la que tacha de haberse convertido en una organización política.  

Las malas relaciones entre Trump y la NBA vienen ya desde antes de que fuera presidente. Hillary Clinton recibió más de un millón de dólares del entorno de la NBA para su campaña en las elecciones presidenciales de 2016. Incluso el actual comisionado, Adam Silver, reconoció haber donado dinero a la candidata demócrata. Trump, por el contrario, no recibió ningún apoyo y muchos de los equipos dejaron de hospedarse en sus hoteles cuando se postuló a la presidencia.

La tensión creció a partir de 2017, cuando el ya presidente  criticó a los deportistas que se arrodillaban cuando sonaba el himno. Este gestó lo inició el jugador de fútbol americano Colin Kaeperick para protestar contra la violencia policial hacia los afroamericanos. Trump ha vuelto a atacar a la NBA en 2020 después de que las principales estrellas y la propia organización se manifestaran a favor del movimiento Black Lives Matter

Barack Obama recibió a Los Angeles Lakers en la Casa Blanca en 2010. Fuente: Wikipedia

La NBA sirve como termómetro de las convulsiones sociales de Estados Unidos. En la década de los sesenta, numerosos jugadores participaron en el movimiento de los derechos civiles, como las estrellas Bill Russell y Wilt Chamberlain. Kareem Abdul-Jabbar se negó a participar en los Juegos Olímpicos de 1968 tras el asesinato de Martin Luther King. Otras voces dentro del baloncesto también criticaron la guerra de Vietnam.

Décadas más tarde, el jugador de los Chicago Bulls Craig Hodges acudió a la recepción oficial en la Casa Blanca vistiendo un traje tradicional africano, un dashiki, como gesto político de reconocimiento hacia la población afroamericana. Hodges le entregó al presidente George H. W. Bush una carta en la que criticaba la violencia policial, la pobreza y desigualdad. Aquel gesto le costó a Hodges su carrera: pese a ser uno de los mejores jugadores del momento, ningún equipo quiso ficharle y no volvió a jugar en la NBA.

Ya en el siglo XXI la organización y los equipos han reforzado su imagen de compromiso social con campañas a favor de la igualdad de género, contra el racismo o la homofobia. Muchos jugadores también han apoyado la campaña More Than a Vote (‘Más que un voto’), para concienciar a los afroamericanos de la importancia de votar en las elecciones presidenciales de 2020. Y las protestas de los jugadores de baloncesto están empezando a tener eco entre jugadores de béisbol, fútbol americano o hockey sobre hielo. 

La propia NBA es un reflejo del racismo que pervive en la sociedad estadounidense. En sus inicios la competición estuvo dominada por jugadores blancos, aunque esta tendencia se revertiría a lo largo de los setenta. Los primeros jugadores negros, Earl Lloyd, Chuck Cooper, Nat Clifton y Hank Dezonie, llegaron en 1950. Hoy son negros más del 80% de los jugadores, pero solo un 33% de los entrenadores y un 25% de quienes ocupan puestos de responsabilidad en las franquicias.

El baloncesto y la hegemonía de EE. UU.

La NBA ha tenido que enfrentarse con los dos grandes organismos del baloncesto mundial: la Federación Internacional de Baloncesto (FIBA) y el Comité Olímpico Internacional (COI). El extenso calendario de competición estadounidense, con una fase regular de 82 partidos, unido a ciertas peculiaridades en las reglas de juego de la NBA, distintas a las de otros ligas, han condicionado la participación de las grandes estrellas estadounidenses en olimpiadas o mundiales. Sin embargo, estos torneos suelen adecuarse a las exigencias de la NBA, ya que los jugadores estadounidenses son el mayor reclamo mediático cuando se celebra una competición entre selecciones. 

El baloncesto y la NBA son señas de orgullo para la sociedad estadounidense, considerada el referente mundial de este deporte. Desde que fuera incluido como disciplina olímpica en los Juegos de Berlín de 1936, la selección estadounidense se ha llevado siempre el oro salvo en cuatro ocasiones. En los mundiales celebrados desde 1950 ha ganado cinco títulos, solo igualados por la antigua República Socialista de Yugoslavia.

Al igual que ocurrió con otras disciplinas como la danza o el ajedrez, el baloncesto olímpico también se convirtió en un símil del enfrentamiento de los dos bloques de la Guerra Fría. En los Juegos de Barcelona de 1992, un año después de la desaparición de la Unión Soviética, el equipo estadounidense de baloncesto consiguió el oro olímpico y mostró una gran superioridad sobre el resto de selecciones. El equipo era conocido como el Dream Team y reunió a las grandes estrellas del momento, lideradas por Michael Jordan. Esa victoria reafirmó a la NBA y a baloncesto como grandes marcas globales de un EE. UU. que también era entonces la gran potencia mundial.

El Dream Team que ganó los Juegos Olímpicos de 1992. Fuente: Wikipedia

La NBA y el poder político han colaborado mucho en ciertos momentos, movidos por la necesidad de la primera de ampliar su cuota de mercado y el deseo del segundo de usar el baloncesto como herramienta diplomática. En 1979, los Washington Bullets disputaron dos encuentros en Pekín y Shanghái para consolidar los vínculos culturales y diplomáticos entre China y EE. UU., que se habían iniciado en 1971 con un torneo amistoso de ping pong entre las dos selecciones. Sin embargo, el primer partido en el extranjero de un equipo de la NBA fue realmente el que enfrentó a los propios Washington Bullets con el Maccabi de Tel Aviv en Israel en 1978. El viaje fue organizado por promotores israelíes interesados en mejorar la imagen internacional de su país y fortalecer los vínculos con Estados Unidos. El partido coincidió además con la negociación de los Acuerdos de paz de Camp David entre los Gobiernos egipcio, israelí y estadounidense, por los que Egipto fue el primer país árabe en reconocer oficialmente al Estado de Israel.  

A finales de los ochenta la URSS y Estados Unidos empezaron un acercamiento diplomático histórico. Las reformas políticas y económicas de Mijáil Gorbachov aceleraron el desmoronamiento del bloque soviético y el fin de la Guerra Fría. La  NBA vio en esta apertura de la URSS una oportunidad para extender su marca al otro lado del telón de acero. Dos años antes de que McDonalds abriera su primera sucursal en Moscú, los Milwaukee Bucks y los Atlanta Hawks jugaron en el verano de 1988 varios encuentros contra la selección soviética tanto en EE. UU. como en territorio ruso. La Casa Blanca usó la diplomacia deportiva para impulsar los vínculos con el Kremlin. 

Con la caída de la URSS, los años noventa fueron los del liderazgo incuestionable de EE. UU. Su cine, música y deporte se vendían en todo el mundo y ayudaron a extender la forma de vida y valores estadounidenses. En 1998, la entonces secretaria de Estado Madeleine Albright le regaló al dirigente norcoreano Kim Jong-il un balón firmado por Michael Jordan como muestra de conciliación entre los dos países. El actual líder del país, Kim Jong-un, es un ferviente seguidor del baloncesto estadounidense, al igual que su padre, y ha recibido en repetidas ocasiones al exjugador Dennis Rodman en Corea del Norte. Más recientemente, el príncipe saudí Mohamed bin Salmán ha estado en contacto con la NBA para intentar celebrar algunos partidos en su país como parte de la diplomacia deportiva de Arabia Saudí.

Mantener vivos el juego y el negocio

Un gran problema para las cuentas de la NBA son las complicadas relaciones entre EE. UU. y China. La organización firmó en 2019 un contrato de 1.500 millones de dólares con la plataforma china Tencent para emitir sus partidos en el gigante asiático durante cinco años. Pero los mensajes de apoyo desde la NBA hacia las protestas de Hong Kong de 2019 provocaron que el Gobierno chino boicoteara durante meses a la competición de baloncesto. Algunos dirigentes políticos de Washington han presionado a la NBA para que reduzca sus vínculos con el mercado chino dentro de la guerra comercial

Mientras la demanda crece en el extranjero —sobre todo en los emergentes mercados asiáticos—, la audiencia en EE. UU. ha disminuido un 45% desde 2012. Trump lo achacó al uso político que él cree se está haciendo de la competición, especialmente en relación al apoyo a las protestas raciales. El fútbol americano y el béisbol siguen siendo los deportes más seguidos, pero la popularidad del baloncesto crece. El problema de la NBA parece ser generacional: el baloncesto es el segundo deporte más seguido por los jóvenes menores de veintinueve años, pero mucho menos entre los mayores de 45 años. 

La historia de la NBA es un relato de enorme éxito empresarial que trasciende las fronteras de Estados Unidos. La marca, las franquicias y los jugadores son adorados por millones de seguidores en todo el mundo. Así, el baloncesto sigue siendo una seña internacional de identidad y poder para los estadounidenses. Pero por delante también hay retos: sobrevivir a los enormes cambios sociales que vive el país y a la tensión geopolítica contra China y seguir congregando a millones de espectadores frente a la televisión cada noche.

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