El afroestadounidense George Floyd murió en Mineápolis, Minesota, el pasado 25 de mayo a consecuencia del violento arresto por parte de Derek Chauvin, un policía blanco con un historial controvertido. El agente permaneció arrodillado sobre el cuello de Floyd durante casi nueve minutos mientras este gritaba angustiosamente “no puedo respirar”, y mantuvo su postura incluso cuando el detenido perdió la consciencia. Pese a que tanto Chauvin como otros tres policías fueron despedidos, solo este ha sido acusado de asesinato en tercer grado y de homicidio involuntario.
La muerte de Floyd, que no había ofrecido resistencia, así como la aparente impunidad policial, han encendido las tensiones raciales y han desencadenado multitudinarias protestas por todo el país. Mineápolis y otras grandes urbes como Nueva York, Washington o Atlanta llevan varios días viviendo una oleada de manifestaciones populares en defensa de la igualdad racial, llegando a la violencia y el saqueo en numerosos casos. “Sin justicia, no hay paz”, corean miles de manifestantes de costa a costa.
Para ampliar: “Black lives matter: la continua lucha por la igualdad racial”, Lorena Muñoz en El Orden Mundial, 2017
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