Vox no es AfD ni Más País es Los Verdes: el error de comparar la política de Alemania con España

Pese a algunas similitudes entre partidos hermanos de Alemania y España, las diferencias son casi más importantes. La comparación entre Los Verdes y Más País, Die Linke y Podemos, AfD y Vox, y FDP y Ciudadanos ayuda a entender no solo el sistema político alemán, sino también la historia reciente del país.
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Vox no es AfD ni Más País es Los Verdes: el error de comparar la política de Alemania con España

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Los Verdes han sido el partido revelación de esta campaña: lideraron las encuestas durante varias semanas, doblarán su resultado de 2017 y formarán casi con toda seguridad parte del próximo Gobierno, donde ocuparán carteras fundamentales como Industria, Energía o Exteriores. Si aprovechan bien su paso por el poder podrán afrontar las elecciones de 2027 con serias opciones de alcanzar la cancillería. Pese a que varios partidos españoles —especialmente Más País— han tratado de hacer suya la “ola verde” alemana, no existe en España una organización comparable a Los Verdes. 

Los Verdes y Más País

La primera diferencia es histórica. Nacidos en los años ochenta, Los Verdes surgieron como una coalición de distintos movimientos sociales —pacifistas, ecologistas y antinucleares— con una agenda postmaterialista e izquierdista. Desde sus inicios contaron con dos corrientes internas: los fundis, ecosocialistas que renegaban de la democracia parlamentaria; y los realos, partidarios de un pragmatismo que les permitiese entrar en el Gobierno. 

A medida que los realos se fueron imponiendo, el electorado del partido fue mutando: ya no era una coalición de izquierdas antisistema, sino una formación diseñada para atraer a las clases medias. El cambio definitivo se produjo durante sus años en el Gobierno socialdemócrata de Gerhard Schröder (1998-2005), cuando Los Verdes consolidaron su giro hacia el centro, priorizando mantenerse en el poder a imponer su agenda. Hoy son un partido transversal que atrae a jóvenes, personas con educación superior y votantes adinerados y conservadores de regiones como Baden-Württemberg o Baviera.

Los Verdes comparten con Más País agenda social y climática, y ambos son miembros del Partido Verde Europeo. Pero sus diferencias son significativas: en los últimos años, por ejemplo, Los Verdes han adquirido una agenda exterior propia —con posturas claras hacia la Unión Europea, China o Rusia—, cosa que Más País aún no ha desarrollado a causa de su corta trayectoria y su enfoque en asuntos nacionales.

También les diferencian sus programas económicos. Hace escasos meses la revista Jacobin tildó a Los Verdes de “neoliberales con bicicletas”. Esta caricatura apunta a que, pese a su progresismo, el partido ha moderado su agenda económica ante la necesidad de hacerse con el centro político. No son un “Ciudadanos de izquierdas”, otro tópico que se escucha respecto suyo, pero tampoco aspiran a hacerse con el electorado a la izquierda de los socialdemócratas del SPD, sino a disputarle el centro a la CDU y el SPD. Ello explica, por ejemplo, que gobiernen con la izquierda postcomunista de Die Linke y el SPD en Bremen o Berlín, pero también con los liberales del FDP en Renania-Palatinado o Schleswig-Holstein y con la CDU en Hesse y Baden-Wurttemberg.

Die Linke y Podemos

Otra relación más compleja de lo que pudiera parecer es aquella entre Podemos y Die Linke, dos partidos pertenecientes al mismo grupo parlamentario en el Parlamento Europeo: la Izquierda Unitaria Europea. Existen tres grandes diferencias entre ellos: históricas, de electorado y de corrientes internas.

La histórica es la más obvia. Frente a los orígenes de Podemos, ligados a la crisis financiera de 2008, el movimiento 15M y la crisis de la socialdemocracia, Die Linke es fruto de la unión entre el Partido del Socialismo Democrático y Trabajo y Justicia Social. Si el segundo había sido una escisión del SPD, el primero era la reconversión del Partido Socialista Unificado de Alemania, la formación que había gobernado la autoritaria Alemania Oriental durante cuarenta años. 

Sus distintos orígenes explican las diferencias entre sus votantes medios. Frente al elector joven y con estudios que opta por Podemos, el de Die Linke es mayor, de renta baja y residente en las regiones del este, con el legado social y cultural que ello conlleva en asuntos como inmigración, desigualdad económica entre las dos Alemanias y el escepticismo hacia la globalización o la Unión Europea. El de Die Linke es un electorado, de hecho, al que la ultraderechista Alternativa por Alemania (AfD) ha sabido seducir: las elecciones de 2017 vieron un trasvase de unos 430.000 votos —un 11% de sus votos en 2013— en el este de Alemania entre Die Linke y la AfD, que supo erguirse como nuevo “partido protesta”.

Otra diferencia sustancial son las corrientes internas, inexistentes en Podemos después de varias escisiones pero aún muy importantes en Die Linke. A medida que Die Linke ha perdido apoyo electoral, las luchas por el control del partido se han agudizado. El ala más dura pretende dejar atrás las reivindicaciones de lo que denomina la “izquierda latte macchiato, adoptar un discurso más duro —sobre todo en materias como la inmigración— y volver a acercarse a sus bases electorales en el Este. Frente a ella, políticos como Katja Kipping, quien liderara el partido entre 2012 y 2021, reclaman un partido más moderado que sepa competir por el voto joven y urbano con SPD y Verdes. Los resultados que obtenga el partido en estas elecciones determinarán en gran medida el futuro discurso de Die Linke. 

Alternativa por Alemania y Vox

Vox y Alternativa por Alemania, los dos partidos más derechistas de sus respectivos parlamentos, tienen importantes similitudes: su defensa de la identidad nacional, y su oposición a la inmigración y a una corrección política que, supuestamente, silencia a sus votantes. Sin embargo, es más lo que les separa que lo que los une: si Vox se asemeja más a las derechas soberanistas europeas, la AfD se ha convertido en el partido derechista más radical de Europa occidental.

Las dos formaciones nacieron con objetivos distintos: Vox surgió como respuesta a distintas crisis políticas españolas y AfD fue fundada por un grupo de académicos y periodistas opuestos a una unión monetaria europea que, en su opinión, atentaba contra los intereses alemanes. En las elecciones europeas de 2014, de hecho, AfD pidió la expulsión de Grecia, Italia, España y Portugal del euro. Sus orígenes ordoliberales explican no solo las propuestas actuales del partido, sino la guerra civil que se libra, desde hace años, entre sus facciones neoliberal, ultraderechista y conservadora.

Vox y AfD tienen, además, agendas europeas distintas. Los primeros reclaman una Europa que respete la “libertad” de las “naciones soberanas europeas”, una posición más cercana la de la Agrupación Nacional de Marine Le Pen, el Fidesz de Viktor Orbán o el Partido por la Libertad de Geert Wilders. AfD va mucho más lejos: defiende la salida alemana de la Unión Europea, lo que da prueba de la creciente radicalización de un partido que no está sabiendo ensanchar su base electoral.

Dicha radicalización también queda manifiesta en las posturas de ambas formaciones hacia la pandemia y la vacunación. Vox ha criticado la gestión del Gobierno español y defendido la “libertad” de quienes no deseen vacunarse, pero nunca ha llegado a abrazar las conspiraciones antivacunas, cosa que AfD sí ha hecho. El movimiento negacionista alemán es muy poderoso y tiene orígenes antisemitas y supremacistas, y aunque con poco éxito electoral, la AfD ha hecho suyo el discurso antivacunas de estos grupos extremistas.

FDP y Ciudadanos

De nuevo, y pese a pertenecer a la misma familia política europea —Renew Europe—, también el FDP y Ciudadanos tienen grandes diferencias. La más importante es su distinta longevidad política. Ciudadanos es un fenómeno reciente: surgido como respuesta al proceso independentista catalán, dio el salto a la política nacional en 2015 como un “Podemos de derechas” y desde entonces ha vivido un ascenso y caída meteóricos. 

FDP, por el contrario, cuenta con más de setenta años de trayectoria. Entre 1948 y 1982 ejerció de partido bisagra apoyando Gobiernos tanto de la CDU como del SPD, sirviendo de tercera pata para un bipartidismo imperfecto. Durante esas cuatro décadas el FDP se vendió como un baluarte de estabilidad que “moderaba” la agenda económica progresista del SPD y la agenda social conservadora de la CDU. Fue a partir de 1982, cuando el FDP se coaligó con la CDU de Helmut Kohl, que el partido comenzó a transitar a la derecha. Desde entonces ha perdido gran parte de su antiguo peso político: la fragmentación del sistema electoral alemán, el auge de Los Verdes y la política “atrapalotodo” de Angela Merkel han limitado su transversalidad y absorbido gran parte de su electorado, y le han relegado a la derecha del tablero político.

La otra gran diferencia entre Ciudadanos y FDP es la agenda europea, más europeísta en el caso de los españoles. Ciudadanos es netamente europeísta: reivindica un presupuesto propio para la eurozona, un seguro común de desempleo o un ejército europeo. El FDP, sin embargo, es uno de los partidos más euroescépticos del Bundestag: se opone a la integración fiscal, a la consolidación del fondo Next Generation EU como un instrumento permanente o a la relajación de las reglas fiscales que piden países como España. Es por ello que su resultado en las elecciones federales puede ser determinante no solo para la próxima coalición de gobierno alemana, sino para entender la política europea del país en los próximos años.

Guillermo Íñiguez

Madrid, 1999. Graduado en Derecho por la Universidad de Cambridge. Máster en Derecho Europeo por la London School of Economics. Stagiaire en el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE). Escribo sobre política y sociedad alemana, instituciones comunitarias y política británica.