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Mohamed Báqer Qalibaf es el portavoz del Parlamento iraní y uno de los candidatos favoritos en las elecciones presidenciales de este 28 de junio. Tras la muerte del presidente Ebrahim Raisí el pasado mayo en un accidente de helicóptero, el pueblo iraní regresa a las urnas de forma anticipada. Qalibaf es uno de los seis candidatos que autorizó el Consejo de los Guardianes, cinco conservadores y un reformista, de los cuales uno ya se ha retirado de la campaña.
Los iraníes conocen de sobra a Qalibaf. Es la cuarta vez que se presenta a las elecciones presidenciales: ya lo intentó en 2005, 2013 y 2017. También fue alcalde de Teherán entre 2005 y 2017, e hizo carrera en la Guardia Revolucionaria Islámica. Considerado como un conservador pragmático, Qalibaf es un firme defensor del régimen, aunque podría abrir la mano en cuestiones como las negociaciones con Occidente para alcanzar un nuevo acuerdo nuclear.
Un político y exmilitar conocido en Irán
Mohamed Báqer Qalibaf nació en la pequeña ciudad de Tornabé en 1961. Desde muy joven ha estado afiliado a la causa de la Revolución islámica: de hecho, participó en las protestas que llevaron a la caída del régimen del sha en 1979. También combatió en la guerra entre Irán e Irak de los años ochenta, llegando a comandar un destacamento. Como militar participó en proyectos de ingeniería civil y ascendió hasta llegar a la cúpula. Fue comandante tanto de la Policía como de la Fuerza Aérea de la Guardia Revolucionaria.
Qalibaf es un defensor de la política del ayatolá Alí Jamenei. Se ha mostrado como parte de la línea conservadora más dura. Una de sus primeras incursiones en política fue también uno de sus episodios más polémicos: la carta enviada al entonces presidente reformista Mohamed Jatamí en 1999. Irán vivía en esos años un clima de protestas estudiantiles, y varios miembros de la Guardia Revolucionaria, entre ellos Qalibaf, amenazaron al presidente con intervenir si no tomaba medidas para parar las manifestaciones.
Años después, Qalibaf renunció a sus cargos militares para entrar en política. Fue alcalde de Teherán entre 2005 y 2017, periodo en el cual también participó en las elecciones presidenciales: en 2005 quedó cuarto, en 2007 segundo, pero muy lejos de Hasán Rohaní, y en 2017 se retiró para apoyar al ahora difunto Raisí. Con esa trayectoria Qalifab fue nombrado en 2020 portavoz del Parlamento iraní, una plataforma desde donde ha seguido ganando reconocimiento entre los iraníes y peso político en el régimen.
Qalibaf: un candidato útil para el régimen
Irán celebra elecciones presidenciales y legislativas con regularidad, pero está lejos de ser una democracia. En las instituciones creadas a partir de la Revolución islámica de 1979 existen distintas fuerzas políticas, más conservadoras o reformistas, pero la abstención ha marcado las últimas elecciones por la represión contra las protestas de los últimos años. Y es que en el fondo la arquitectura estatal iraní está diseñada para mantener el régimen de los ayatolás y evitar las alternativas reales. En ese contexto, el perfil de Qalibaf es distinto al de Raisí en dos cuestiones clave, pero aun así puede ser favorable para el régimen.
La primera es la cuestión nuclear. Qalibaf se ha posicionado varias veces en contra de la proliferación nuclear porque entiende que es contraria al islam y un armamento que Irán no necesita. Sin embargo, esto no le ha impedido alinearse con las políticas del régimen. Si llega a la presidencia, podría retomar las negociaciones con Occidente sobre el acuerdo nuclear. Pero otra cosa es que lleguen a buen puerto: los intentos anteriores han resultado en vano, y la inteligencia estadounidense e israelí apuntan a que Irán sigue avanzando en su programa nuclear. No está claro que Qalibaf pueda revertir esa política, que ya es estatal.
La segunda diferencia es que Qalibaf no es un clérigo. Raisí no sólo era el presidente de Irán, sino uno de los nombres que más sonaban para suceder al ayatolá Jamenei. Si llega a la presidencia, Qalibaf podría servir para estabilizar el país después de la sucesión del líder supremo. Jamenei tiene ya 86 años, y su posible muerte durante la presidencia de Raisí anunciaba una lucha entre facciones por la sucesión y el poder. Con un exmilitar como presidente, las fuerzas quedarían más compensadas, dejando vía libre al hijo de Jamenei para ser el nuevo líder supremo. Además, en cuestiones como el velo o los derechos de los iraníes, Qalibaf representa una línea continuista y conservadora, que también le interesa al régimen.





