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Ebrahim Raisí no llegó a completar tres de los cuatro años que le correspondían como presidente de Irán. Clérigo ultraconservador y exjefe del poder judicial, había sido ratificado en agosto de 2021 como nuevo presidente por el líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei. Había ganado las elecciones de junio con el 62% de los votos, tras la participación más baja desde la revolución de 1979. El Consejo de Guardianes sólo autorizó la participación de siete de los 592 candidatos, allanando el camino a Raisí, el favorito del líder supremo. Los vetos se aplicaron a políticos reformistas, conservadores y ultraconservadores, como el expresidente Mahmud Ahmadineyad, quien llamó a boicotear los comicios. Aunque las autoridades atribuyeron la alta abstención a la pandemia de la covid-19, ya se sabía que Raisí iba a ganar.
El sistema político iraní combina instituciones autoritarias con prácticas democráticas. El líder supremo es la máxima autoridad política y religiosa del país. Es un cargo vitalicio, equivalente al jefe del Estado, que sólo han asumido el gran ayatolá Ruhollah Jomeini, líder carismático de la Revolución Islámica, y Alí Jamenei, su sucesor desde 1989. De acuerdo con la constitución, tras su muerte o incapacitación se deberá formar un comité de tres miembros, entre ellos el presidente, que se encargará de sus tareas hasta que la Asamblea de Expertos designe al nuevo sucesor. La Asamblea la forman 88 juristas elegidos por votación pública y directa de una lista antes filtrada por el Consejo de Guardianes.
Por su parte, el presidente de Irán es el jefe del Gobierno. Se elige en una votación popular a dos vueltas y ejerce durante cuatro años renovables. Tras la muerte de Raisí en un accidente de helicóptero confirmada este lunes, el cargo lo ejercerá el hasta ahora vicepresidente Mohammad Mokhber, hasta que se convoquen elecciones extraordinarias en un periodo de cincuenta días.
El favorito del líder supremo
Raisí no era sólo el presidente de Irán: también se pe...
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