¿Qué es el posfascismo?

El posfascismo es heredero de esa corriente política totalitaria del periodo de entreguerras y ha adaptado sus posturas para participar en democracia. El término ha resurgido con la victoria electoral de Hermanos de Italia y Giorgia Meloni en el país transalpino
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¿Qué es el posfascismo?
Logo del partido posfascista Hermanos de Italia, con los de sus raíces Alianza Nacional y el Movimiento Social Italiano. Fuente: NicoGlock (Wikimedia Commons)

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El posfascismo es una corriente política de ultraderecha que puede atribuirse a distintas formaciones herederas del fascismo. A diferencia de los partidos neofascistas, que tras la Segunda Guerra Mundial han buscado volver a ese régimen, los posfascistas también mantienen posturas ultranacionalistas y ultraconservadoras, pero dentro de la política constitucional y del contexto neoliberal contemporáneo.

El término ha resurgido en los medios con la victoria del partido Hermanos de Italia, liderado por Giorgia Meloni, en las elecciones generales de ese país. En la academia también ha estado presente: el historiador italiano Enzo Traverso, por ejemplo, habló del posfascismo en su libro de 2018 Las nuevas caras de la derecha, donde señala las similitudes entre el fascismo histórico y parte de la ultraderecha reciente.

Del Movimiento Social Italiano a Hermanos de Italia

Después de la caída de Mussolini y del fin de la Segunda Guerra Mundial, los fascistas derrotados se agruparon en 1946 en el Movimiento Social Italiano (MSI). Como Italia no tuvo un proceso similar a la desnazificación alemana, este partido, liderado por Arturo Michelini y después por Giorgio Almirante, participó durante décadas en la política de la nueva república con posiciones fascistas. Llegó a ser la cuarta fuerza política, pero con el tiempo tuvo escisiones de miembros radicales ante los intentos de moderación.

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De cara a las elecciones de 1994, que marcaron una nueva etapa política en Italia tras el escándalo de corrupción Tangentopoli, el MSI se reconvirtió en la Alianza Nacional. Su líder, Gianfranco Fini, ya venía girando el discurso del partido hacia el nacionalismo conservador, y empezó a usar el término “posfascista” para establecer que la nueva formación había superado el fascismo. Con la salida de Fini en 2012, antiguos miembros de Alianza Nacional encabezados por Giorgia Meloni, que había militado en el MSI, crearon Hermanos de Italia, que conserva posturas, la llama tricolor en el logo o el lema “Dios, patria y familia”.

El posfascismo también es hijo de su tiempo

Fascismo y posfascismo coinciden en su defensa de la patria contra las que consideran amenazas a la nación, pero en contextos diferentes. Mientras que el fascismo surgió en el periodo de entreguerras como alternativa a las democracias en una Europa en crisis, el posfascismo prescinde del totalitarismo, matiza posturas como la necesidad de la violencia y participa en un marco de primacía democrática y capitalista.

En el caso de Hermanos de Italia, la receta posfascista es políticamente reaccionaria. Señala los problemas causados por el neoliberalismo, pero no busca eliminarlo, y se propone como garante del orden en una política inestable. También pretende recuperar soberanía frente a una Unión Europea a la que le achaca las crisis económicas, y frente a unos migrantes a los que culpa del desempleo o la descristianización.

De esta forma, en el posfascismo confluyen un discurso nacionalista y antipolítico, las fobias sociales y una oferta de protección a los desencantados. Construyendo una idea excluyente de los “otros”, el antisemitismo se ha transformado hoy en xenofobia e islamofobia, pero toma una postura más defensiva y conservadora, instando a fijar fronteras y a expulsar la influencia extranjera.

En el espectro de la ultraderecha

Las posturas posfascistas actuales han heredado del fascismo la oposición a la globalización y a las élites, así como un nacionalismo económico. Por tanto, se enmarcan en el fenómeno de la ultraderecha, y más concretamente de la derecha radical. Con la adopción de las ideas económicas liberales por parte de la socialdemocracia, la ultraderecha también se ha ganado a las clases obreras exprimiendo elementos nacionalistas y conservadores. Responsabilizan a los migrantes de la falta de trabajo o la delincuencia, y convencen a la población desempleada o desfavorecida con lenguaje racista o políticas antiinmigración.

En Europa, la victoria de Meloni y las elecciones en Suecia han confirmado el avance de la ultraderecha más allá del Grupo de Visegrado. Con el nuevo Gobierno italiano, la francesa Marine Le Pen o el primer ministro hungaro Viktor Orbán, la derecha dura ha ganado terreno en el continente, coincidiendo con la radicalización en Brasil bajo la presidencia de Jair Bolsonaro o en Estados Unidos con Donald Trump.

Carlota García

Gijón, 1998. Graduada en Estudios Internacionales y Máster en Geopolítica y Estudios Estratégicos. Interesada en el análisis de conflictos, geopolítica, seguridad y las relaciones internacionales.