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Como su nombre indica, el rojipardismo combina el rojo del comunismo y el pardo (marrón) del fascismo. También se lo conoce como Tercera Posición, nacionalismo revolucionario, nacionalbolchevismo o nazbol. Es contradictorio y pobre a nivel teórico, pues mezcla dos ideologías enfrentadas por brechas muy profundas: el internacionalismo y el racionalismo marxista y el nacionalismo espiritual fascista. El resultado es un híbrido insólito basado en el rechazo a la democracia y la cultura liberal. Suele crecer en en situaciones convulsión política y se la considera una ideología de extrema derecha.
Pero aunque los partidos nacionalbolcheviques sean irrelevantes en las urnas, otros movimientos y formaciones políticas de más peso muestran versiones suavizadas de esta ideología. Defienden los valores tradicionales y un nacionalismo identitario frente a la multiculturalidad y la globalización, y mantienen un discurso obrerista y anticapitalista contrario al imperialismo. Sus exponentes principales están en Europa y Rusia, e intentan aliarse con Gobiernos rivales de Estados Unidos en América Latina y el mundo árabe.
Nacionalismo, anticapitalismo y teorías de la conspiración
El concepto de nacionalbolchevismo apareció por primera vez en Alemania tras su derrota en la Primera Guerra Mundial, cuando empezó a proliferar en el país el rechazo al pensamiento moderno, la ciencia y la razón. El Movimiento revolucionario conservador, por ejemplo, propugnaba una vuelta al nacionalismo y a la religión en oposición al individualismo y a los valores de la Ilustración. Algunos de sus exponentes, como el jurista Carl Schmitt, querían reemplazar la lucha de clases marxista por el conflicto entre naciones. Esta corriente también tenía defensores dentro del Partido Comunista Alemán, como Fritz Wolffheim, que proponía una alianza con la burguesía y la extrema derecha, es decir, una lucha nacional y no de clase, para rechazar el Tratado de Versalles, que impuso severas condiciones a la rendición ...
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