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El Banco Central Europeo (BCE) es la institución de la Unión Europea que se encarga de la política monetaria de los países cuya moneda es el euro. Su objetivo principal es asegurar la estabilidad de precios que mantenga una inflación inferior pero cercana al 2%. Para ello, el BCE fija los tipos de interés y les hace recomendaciones a los países. También supervisa a sus bancos, emite los billetes de euros y sostiene la infraestructura financiera de la eurozona para que las operaciones sean seguras y eficaces.
El BCE forma parte del Sistema Europeo de Bancos Centrales (SEBC), que reúne a los bancos centrales de la Unión, con los que actúa de manera coordinada. También para ello, el BCE está compuesto por cuatro organismos. El Consejo de Gobierno, principal órgano rector, incluye a los diecinueve gobernadores de los bancos centrales nacionales. El Comité Ejecutivo lo forman un presidente, un vicepresidente y cuatro miembros nombrados por los dirigentes de los países de la eurozona. Además, están el Consejo General como órgano consultivo y el Consejo Supervisor.
Hacia la unión económica y monetaria
El germen del Banco Central Europeo fue la Unión Económica y Monetaria en Europa a finales del siglo XX. En 1988, el Consejo de la entonces Comunidad Económica Europea estableció el objetivo de avanzar hacia esta unión. Para ello, los gobernadores de los bancos centrales nacionales acordaron una transición en tres fases. La primera consistió en suprimir las restricciones de circulación de capitales entre los Estados miembros. Para la segunda y la tercera, se reformularon los tratados comunitarios.
Así, los países miembros firmaron en 1992 el Tratado de Maastricht, que creó la Unión Europea e introdujo el protocolo para crear el SEBC y el BCE. Su predecesor, el Instituto Monetario Europeo (IME), se creó en 1994 para fortalecer la cooperación entre bancos centrales. Al año siguiente, el Consejo Europeo acordó introducir la moneda única, el euro, que en 1998 acordaron adoptar Alemania, Austria, Bélgica, España, Finlandia, Francia, Irlanda, Italia, Luxemburgo, Países Bajos y Portugal. El BCE se constituyó el 1 de junio de ese año para encargarse de la política monetaria. En 1999 se introdujo la nueva moneda y se fijaron los tipos de cambio. Las antiguas divisas y el euro convivieron hasta que este se adoptó por completo en 2002.
El Banco Central Europeo, clave en la crisis y para la eurozona
Con los años, otros países se han sumado a la eurozona, que hoy conforman diecinueve Estados sujetos a las directrices del Banco Central Europeo. El primero fue Grecia (2001), seguido de Eslovenia (2007), Chipre y Malta (2008), Eslovaquia (2009), Estonia (2011), Letonia (2014) y Lituania (2015). Además, los microestados de Andorra, Mónaco, San Marino y la Ciudad del Vaticano, que no forman parte de la Unión Europea, han adoptado la moneda a través de acuerdos con Bruselas.
Para entrar en la zona euro existen criterios de convergencia económica, como tener precios y tipo de cambio estables y unas finanzas públicas saneadas. Por ello, Bulgaria o Croacia aún no lo han podido adoptar. Entretanto, Dinamarca mantiene su moneda porque se acogió a una cláusula de exclusión voluntaria en el Tratado de Maastricht, mientras que Suecia elude a propósito algunas condiciones.
La importancia del BCE se puso de manifiesto en la crisis del euro de 2010, por la que varios países no pudieron hacer frente a su deuda pública. La institución manejó la crisis, frente a la cual rebajó los tipos de interés y les dio préstamos millonarios para sostener sus economías. A cambio, desde Bruselas se exigió a los países que recortaran el gasto público, lo que tensó las relaciones en la Unión Europea. El caso más grave fue el de Grecia, que llegó a celebrar un referéndum por el que se negó a cumplir estas condiciones.