Un banco central es la institución financiera encargada de emitir y distribuir el dinero en un país o grupo de países, así como de la política monetaria. A través de instrumentos como los tipos de interés, el coeficiente de caja o las operaciones de mercado abierto, el banco central puede mantener la estabilidad de los precios e impulsar la economía en épocas de recesión. El primero surgió en Suecia y con el tiempo se extendería el modelo al resto del mundo, llegando a estructuras complejas como el Banco Central Europeo.
Una institución con funciones clave
El banco central es la única institución de un país autorizada para emitir y retirar dinero de la economía. Además, puede conceder préstamos a los Gobiernos y a los bancos comerciales, aunque a los segundos solo en última instancia. En periodos de recesión se encarga de regular la economía junto a las políticas del Gobierno. Por otro lado, tiene la función de cámara de compensación, es decir, garantiza y supervisa a los agentes financieros para que puedan realizar sus pagos entre ellos. También protege la divisa, la moneda extranjera que se intercambia en el país, para mantener la estabilidad del tipo de cambio.
Esta institución debe ser independiente de las autoridades para que sus decisiones no dependan del Gobierno de turno. Sus estatutos establecen los objetivos para cumplir en un plazo determinado a través de diferentes instrumentos. Los más comunes son la tasa de interés de referencia, que es el tipo de interés base en los préstamos interbancarios, o el coeficiente de caja, un porcentaje mínimo del dinero que deben reservar los bancos comerciales en el banco central. También están las operaciones de mercado abierto, que es la compraventa de activos financieros por parte del propio banco central. Si este disminuye la tasa de interés de referencia, el coeficiente de caja o compra activos financieros, podrá impulsar la economía.
De Suecia e Inglaterra al resto del mundo
El predecesor de los bancos centrales fue el Banco de Estocolmo, manejado por el banquero y comerciante Johan Palmstruch desde 1657. Actuaba bajo el control del rey Carlos X Gustavo de Suecia, quien adquiría la mitad de los beneficios. El banco custodiaba los lingotes de cobre de los depositantes a cambio de intereses. Sin embargo, cuando las autoridades decidieron depreciar la moneda y los depositantes retiraron sus lingotes, no había suficientes por el negocio de préstamo que Palmstruch había formado. Palmstruch facilitó entonces los billetes o kreditivsedla, intercambiables por metales valiosos garantizados por el banco. Sin embargo, se emitieron más billetes de los que podían garantizarse y la crisis llevó a su cierre.
El banco sueco sentó un precedente que sirvió para que el Parlamento viera la necesidad de crear un banco nacional. Así surgió el Riksbank o Banco de Suecia en 1668. Fue el precursor del banco central más significativo de la época, el de Inglaterra. La entidad instaurada por Guillermo III de Inglaterra en 1694 surgió para apoyar a la Corona pero permaneció controlada por particulares hasta que fue nacionalizado en 1946. Durante estos siglos surgieron instituciones similares en el resto de países. En general, se crearon como entidades privadas de apoyo al Gobierno que con el tiempo se convirtieron en instituciones públicas. No obstante, destaca la Reserva Federal estadounidense, que aparte de ser el banco central del país sus decisiones influyen en el resto del mundo desde mediados del siglo XX debido a la influencia del dólar.
El hito del Banco Central Europeo
Tras la consolidación del banco central en cada país, la fundación del Banco Central Europeo (BCE) en 1998 fue un hito porque coordinó los de diferentes Estados miembros de la Unión Europea. Surgió a raíz de la decisión en 1988 de constituir una Unión Económica y Monetaria en la entonces Comunidad Europea. La entrada en vigor en 1993 del Tratado de la UE sentó las bases del Sistema Europeo de Bancos Centrales y del BCE. Al año siguiente se creó el Instituto Monetario Europeo para fortalecer la cooperación entre los bancos centrales y las políticas monetarias. Finalmente, en 1998 se creó el BCE, que pasó a formar el Eurosistema junto a los bancos centrales de los Estados miembros y a ejecutar la política monetaria de los países donde la moneda es el euro.
El BCE se encarga de mantener la estabilidad de los precios, con su objetivo de inflación del 2% a medio plazo. Para ello usa herramientas que afectan a las condiciones de financiación y a la actividad económica. Por ejemplo, establece los tipos de interés, incluso negativos, ofrece préstamos a los bancos comerciales y compra y vende activos financieros. También orienta a los Estados miembros y supervisa a los países de la zona euro y otros que lo deseen aunque aún no hayan adoptado la moneda.