Hasta la elección de León XIV, nombrar un papa estadounidense era un tabú en la Iglesia católica, a pesar de ser uno de los países que más fieles aporta —72 millones, solo por detrás de Brasil, México y Filipinas— y más recursos económicos. La cúpula católica consideraba imprudente reforzar el poder global de Estados Unidos sumándole la influencia simbólica y política del Vaticano.
La ruptura de esta norma no escrita ha sido celebrada por Donald Trump, pero indica dos cosas, y ninguna es buena noticia para la Casa Blanca. Primero, que los cardenales —nombrados en un 80% por Francisco y procedentes de setenta países, más que nunca— consideran a Prevost más como un perfil internacional que como representante de Estados Unidos. Y segundo, en un contexto de declive estadounidense y ascenso acelerado de China y otros actores internacionales, la cúpula católica ya no ve a Washington como una superpotencia todopoderosa.
Robert Prevost (Chicago, 1955) es el primer papa nacido en Estados Unidos, pero probablemente fue elegido porque es mucho más que eso. También tiene nacionalidad de Perú, país al que llegó como misionero en 1985 y donde acabó siendo obispo. En 2023 Francisco le nombró prefecto del Dicasterio de los Obispos, un importante órgano encargado de preseleccionar a los obispos de todo el mundo, lo que le llevó a tener contacto con los católicos de los cinco continentes.
Además, Francisco le encomendó la presidencia de la Pontifica Comisión para América Latina, región con la que Prevost tiene una estrecha relación. El propio León XIV se ha encargado de presentarse al mundo como un papa global: en su primer discurso habló italiano y español, pero no dijo ni una palabra en inglés. Con todo, aunque Prevost está considerado un continuador de Francisco, no está claro que vaya a seguir la orientación geopolítica marcada por el papa argentino.
¿Continuidad con Francisco?
Jorge Bergoglio, el papa Francisco, introdujo dos cambios cruciales en la política internacional del Vaticano: priorizó a las periferias geográficas del catolicismo y se acercó a China y al Sur Global, rompiendo el tradicional alineamiento vaticano con las capitales occidentales.
Francisco desplegó una agenda de viajes nunca vista en el Vaticano. No visitó algunos de los grandes países católicos, como España o incluso Argentina, su país natal. Hasta cuando viajó a Francia, precisó que iba a Marsella, para enviar un mensaje positivo sobre las migraciones y el mestizaje que definen a la ciudad mediterránea.
Sin embargo, visitó países donde los católicos se cuentan por miles, no por millones, como Mongolia, Sudán del Sur, Emiratos Árabes Unidos, Argelia o Timor Oriental. Fue una manera de apoyar a los fieles católicos en zonas donde son minoritarios, estrechar los lazos con otras religiones y dibujar una Iglesia más global que eurocéntrica.
De León XIV no es esperable un cierre eurocéntrico, como sí habría podido suceder con un papa italiano. Pero tampoco una agenda de viajes tan sui generis como la de Francisco: con un estilo más mesurado e institucional, se dejará orientar más por la sólida diplomacia vaticana, que seguramente seguirá encabezada por el hasta ahora secretario de Estado, Pietro Parolin, de hecho el favorito en las listas de papables.
El segundo giro que Francisco imprimió a la agenda internacional vaticana fueron ciertos posicionamientos alejados de Estados Unidos y Europa. En la guerra de Ucrania, Francisco se mantuvo abierto al diálogo con Rusia que contrasta con el apoyo de Occidente al Gobierno de Volodímir Zelensky. De hecho, lo primero que hizo Bergoglio tras la invasión fue llamar al presidente ucraniano y después visitar la embajada de Rusia para mostrar su preocupación, un gesto que se interpretó en Occidente como excesivamente comprensivo con Vladimir Putin.
Francisco tampoco siguió a Washington en su creciente enfrentamiento con China. En 2018 la Santa Sede firmó un polémico acuerdo con Pekín para el nombramiento de obispos, que fue duramente criticado por Washington. El papa argentino también se salió del guion occidental en relación con el genocidio israelí en Gaza, que condenó con dureza. Además, se mantuvo en contacto telefónico diario con una parroquia católica de la Franja, un gesto inequívoco de apoyo a la población palestina.
Es una incógnita qué hará León XIV en el terreno geopolítico. Sin duda se cuidará de ser percibido como un aliado de Estados Unidos, con cuyo actual Gobierno no simpatiza. Pero no sabemos si será tan independiente como Francisco en sus posicionamientos.
La herencia de León XIII, el papa diplomático
La elección del nombre de un papa siempre da pistas sobre la orientación que piensa imprimir a su pontificado. León XIII (1878-1903) es conocido por su importante labor diplomática, además de por su defensa de la justicia social: suya es la encíclica Rerum novarum, sobre la situación de la clase trabajadora. León XIII medió entre las potencias europeas, por ejemplo en el conflicto que enfrentó al Reino Unido, Alemania y España por el control de las islas Carolinas, en el Pacífico.
La elección de este nombre es un guiño de Prevost al rol diplomático en defensa de la paz que tantas veces ha jugado la Santa Sede. De hecho, la paz fue el principal tema de su primer discurso, lo que confirma que esta será una de las prioridades de su papado. En teoría es el Espíritu Santo quien elige al papa, pero los cardenales siempre están muy atentos al contexto de su tiempo a la hora de votar. El convulso contexto internacional, incluidos la invasión de Ucrania, el genocidio en Gaza o el rearme europeo, sin duda ha influido en la elección de un pontífice comprometido con la paz.
Como si la realidad quisiera darles la razón, mientras los prelados estaban aislados del mundo en la Capilla Sixtina, India lanzó un ataque militar contra Pakistán que elevó a un nivel superior el enfrentamiento que mantienen ambos países. La duda es si esta defensa de una “paz desarmada y desarmante”, como dijo León XIV desde el balcón de la Basílica de San Pedro, se reducirá a proclamaciones retóricas sin efectos prácticos o se traducirá en una mediación activa y valiente.
La compleja relación con Trump
La otra gran incógnita es qué relación tendrá León XIV con Donald Trump. El presidente estadounidense ha mostrado una aparente alegría por la elección de Prevost pero el republicano había expresado abiertamente su preferencia por el arzobispo de Nueva York, el ultraconservador Timothy Dolan.
El hoy papa ha criticado en diversas ocasiones las políticas xenófobas del gobierno de Trump, si bien de manera más discreta que Francisco. Hace solo unos meses, Prevost afirmó en X que J. D. Vance estaba “equivocado” en una interpretación xenófoba del pensamiento cristiano publicada por el vicepresidente, católico converso.
Poco antes del cónclave, Prevost también difundió un artículo de Evelio Menjivar, obispo auxiliar en Washington pero nacido en El Salvador, crítico con la deportación sin garantías de migrantes al país de Nayib Bukele. “¿No veis el sufrimiento? ¿No se conmueve vuestra conciencia? ¿Cómo podéis seguir callados?”, escribió Prevost. No hay dudas sobre su opinión acerca de la agenda xenófoba de Trump. La duda es si León XIV se atreverá a oponerse tan claramente a su compatriota como lo hizo el papa Francisco.





