Los papas que han liderado la Iglesia católica desde la Revolución francesa

En los últimos 250 años, el catolicismo ha vivido profundos cambios políticos, como la desaparición de los Estados Pontificios o la celebración del Concilio Vaticano II
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Durante siglos, el papa fue mucho más que el líder espiritual de la Iglesia católica: fue un monarca con territorio propio, ejército y poder político real. Hasta finales del siglo XIX, de hecho, los distintos papas ejercieron el gobierno de los Estados Pontificios, que abarcaban buena parte de la franja central de Italia. Sin embargo, todo empezó a cambiar con la irrupción del pensamiento ilustrado y la onda expansiva que provocó el estallido de la Revolución francesa. Con las conquistas de Napoleón, Pío VI fue depuesto y llevado preso por el emperador francés, marcando el inicio de una larga transformación que convirtió al Vaticano en lo que es hoy, un estado sin poder militar pero con gran proyección en la escena internacional. 

Desde el apóstol Pedro, considerado el fundador de la Iglesia católica y su primer papa, han pasado por el trono pontificio 265 sucesores. Francisco, elegido en 2013, ha sido el primero no europeo en ocupar el cargo, un hecho que simboliza uno de los grandes cambios recientes en una institución que durante siglos ha representado la autoridad de Jesucristo en la Tierra. Sin embargo, las transformaciones del papado han sido muchas, afectando no solo a su influencia espiritual, sino también a su poder político, cultural y simbólico. 

El cambio más visible es el del poder y las competencias del papa como monarca y líder espiritual. Si el sumo pontífice afianzó su poder sobre los reinos católicos al autoproclamarse como único representante del cristianismo contra la Reforma protestante de 1517, sería también otra corriente de corte liberal la que iba a cercenar su influencia en el siglo XVIII. La ilustración trajo consigo ideas que cuestionaban verdades religiosas, proponían la separación de Iglesia y Estado y consideraban la autoridad eclesiástica como un obstáculo para el progreso. El punto álgido de las ideas ilustradas llegó con la Revolución francesa, cuando se confiscaron los bienes de la Iglesia y se abolió el poder que esta tenía sobre el Estado. 

Con la llegada de Napoleón al poder, las tropas francesas invadieron los Estados Pontificios y proclamaron la República Romana, arrestando a Pío VI y deportándolo a Francia, donde moriría siendo preso. La misma suerte acabó corriendo su sucesor, Pío VII, quien era contrario a que la Iglesia estuviera supeditada al Estado, lo que provocó que Napoleón también lo arrestara y se anexionara el Vaticano al Imperio francés. 

¿Cómo se elige un nuevo papa?

Con la derrota de Napoleón y después del Congreso de Viena de 1815, Pío VII recuperó la soberanía de los Estados Pontificios hasta 1870, cuando la unificación italiana liderada por Garibaldi acabó con los Estados Pontificios, en ese momento liderados por Pío IX, y convirtió Roma en la capital de Italia. Con este fin del poder territorial, el papado quedó reducido a la Ciudad del Vaticano, despojado del Estado y del ejército. El papa se declaró entonces “prisionero en el Vaticano” y rompió relaciones con el nuevo estado italiano. 

No sería hasta la dictadura de Benito Mussolini y los pactos de Letrán de 1929 que se definiría el nuevo estatus político del sumo pontífice, de la Ciudad del Vaticano y de su relación con el reino de Italia. Tras casi 60 años de aislamiento, Pío XI firmó los acuerdos que declaraban el Vaticano como un Estado independiente dentro de Italia e impulsaron el nuevo papel diplomático de la Iglesia.  

Despojados de su poder territorial, los papas posteriores han ejercido su influencia a través del poder blando que les confiere la Iglesia: sobre sus fieles en todo el mundo y mediante los nuncios, los representantes diplomáticos del Vaticano en el exterior.

En ese nuevo escenario, uno de los papas más destacados del siglo XX fue Juan XXIII, el “papa bueno”, quien convocó el Concilio Vaticano II entre 1962 y 1965, considerado el mayor cambio interno de la Iglesia desde la Reforma protestante. Durante aquella asamblea se aprobaron reformas clave: la celebración de las misas en lenguas nacionales en lugar del latín, el reconocimiento del papel activo de los laicos y la apertura al diálogo con otras religiones y confesiones cristianas. 

Los papas con los pontificados más largos y más cortos

El siguiente hito en la historia moderna del papado lo marcaría el polaco Juan Pablo II. Primero, por ser el primer papa no italiano en 500 años. Segundo, por ser uno de los papas de la Iglesia católica con mayor influencia geopolítica que se recuerdan. No en vano fue apodado “el papa viajero” y se constituyó en un firme defensor de los valores liberales del bloque occidental durante la Guerra Fría, convirtiéndose en el paladín del conservadurismo. 

Entrando en el siglo XXI, destaca la figura de Benedicto XVI, un papa alemán de perfil intelectual que intentó reforzar el papel conservador de la Iglesia frente a un mundo cada vez más secular. Sin embargo, fue muy criticado por su gestión de los escándalos de abusos sexuales dentro de la Iglesia, que salieron con fuerza durante esos años. En 2013 sorprendió al mundo al renunciar al cargo, algo que no ocurría desde hacía siglos, abriendo así una nueva etapa en la historia del papado.

Finalmente, la elección de Francisco en 2013, el primer papa no europeo, marcó un antes y un después en la historia del Vaticano rompiendo varios dogmas: fue el primer papa latinoamericano, el primer jesuita y el primero en elegir el nombre de Francisco, en honor a la austeridad de San Francisco de Asís. Su papado ha estado marcado por la defensa de la paz en el mundo, de los derechos de los migrantes o del medio ambiente.

La ultraderecha internacional espera un nuevo papa alineado con sus intereses

Tras la muerte de Francisco, y con los problemas de abusos sexuales todavía vigentes, el próximo papado dependerá en gran medida del pulso que mantienen los cardenales que promulgan una Iglesia más conservadora, alineada con la extrema derecha global, y los que piden una más abierta e inclusiva. De esta deriva puede depender en buena parte la variación en el número de feligreses y especialmente, de sus países de procedencia. 

Durante el siglo XX y lo que llevamos de XXI, el centro de gravedad de creyentes se ha desplazado hacia el hemisferio sur, especialmente hacia el África Subsahariana, América Latina y partes de Asia según datos de la Enciclopedia Mundial Cristiana. En cambio, las cifras no son tan halagüeñas para la iglesia europea, donde el número de creyentes ha bajado en los últimos 50 años, pasando del 37% en 1975 al 32% en 2025. 

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