La ultraderecha internacional espera un nuevo papa alineado con sus intereses

El papa Francisco fue una piedra en el zapato para los líderes de ultraderecha. Sin embargo, eso le granjeó enemigos dentro y fuera del Vaticano, sobre todo en Estados Unidos. Ahora Trump, Meloni, Orbán y compañía aspiran a que esa oposición conservadora se imponga en el próximo cónclave.
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La ultraderecha internacional espera un nuevo papa alineado con sus intereses
El papa Francisco durante la canonización de Juan Pablo II en 2014. Fuente: Jeffrey Burno (Flickr)

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La muerte del papa Francisco abre unas semanas de suspense en la Iglesia católica. No sólo por lo incierto del cónclave, el proceso en el que se elige el nuevo pontífice, sino porque su resultado podría acercar a la Santa Sede a la pujante ultraderecha global. En plena incertidumbre política mundial tras la vuelta al poder de Donald Trump, el legado de Jorge Bergoglio es progresista dentro de los estándares del Vaticano. Su atención a la justicia social, la crisis climática y las migraciones, sumado a cierto aperturismo en cuestiones de género y diversidad sexual, hicieron del papa una voz incómoda para los sectores más conservadores. 

El Vaticano es un actor clave en las relaciones internacionales y en la política de los países de tradición católica. Lo saben bien los dirigentes ultraderechistas, que ven en la sucesión de Francisco la posibilidad de tener a alguien más cercano a sus intereses al frente de la Santa Sede. Cuando el nuevo papa salga a saludar a la Plaza de San Pedro, sabremos si han surtido efecto las maniobras de los sectores más reaccionarios de la Iglesia católica durante los últimos años para asegurar la elección de un pontífice más conservador

Una piedra en el zapato para la ultraderecha 

La ultraderecha ha terminado de normalizarse en los últimos años: Giorgia Meloni llegó al poder en Italia en 2022, Javier Milei lo hizo en Argentina en 2023, la Agrupación Nacional francesa fue la fuerza más votada en las legislativas de 2024 y Donald Trump volvió a la presidencia de Estados Unidos en 2025. Sin embargo, el mayor triunfo de estas corrientes ha sido imponer su agenda a los partidos centristas. Emmanuel Macron copió en Francia una ley de inmigración de Marine Le Pen, Olaf Scholz impulsó deportaciones masivas en Alemania y el Partido Laborista británico está aplicando políticas antiinmigración. Asimismo, la Comisión Europea ha aprobado una estrategia de competitividad que relega parcialmente el Pacto Verde Europeo, y la OTAN reclama recortes sociales para aumentar el gasto militar.

En este panorama de derechización, el papa Francisco se mantuvo firme en defensa de la justicia social, el medioambiente y las personas migrantes. Por ejemplo, en su reciente libro La esperanza no defrauda nunca, denuncia “un capitalismo cada vez más salvaje”, así como “la subida de alquileres sin control estatal, que en nombre de una supuesta libertad de mercado deja desamparadas a millones de personas”. 

Asimismo, el papa argentino defendió la lucha contra el cambio climático. En la exhortación apostólica Laudate Deum de 2023 afirmó que “la crisis climática no es precisamente un asunto que interese a los grandes poderes económicos, preocupados por el mayor rédito posible con el menor costo y en el tiempo más corto que se pueda”. Francisco también es el defensor más visible en Europa del derecho a migrar. En 2024 denunció que “el Mediterráneo se ha convertido en un cementerio” y que “hay quienes trabajan sistemáticamente por todos los medios para repeler a los migrantes”. Según la Organización Internacional para las Migraciones, más de 28.000 personas han muerto o desaparecido en el Mediterráneo intentando llegar a Europa desde 2015.

Francisco, estadista y contradictor

Con esas posturas enfrentadas, las relaciones entre Francisco y los líderes ultraderechistas fueron tensas. Milei, entonces candidato presidencial, llamó a su compatriota “representante del Maligno en la Tierra” e “imbécil” por apoyar la justicia fiscal. El relativo aperturismo de Bergoglio en cuestiones de diversidad sexual y de género también fue un trago amargo para Meloni, que prohibió la inscripción conjunta en el Registro Civil de hijos de parejas del mismo sexo, o para Trump, que ha declarado la guerra a las personas trans. De igual manera, el papa intercambió críticas con Marine Le Pen, Matteo Salvini y Viktor Orbán. 

El enfrentamiento del papa Francisco con Trump ya venía de lejos. Antes de la primera elección del republicano en 2016, Bergoglio afirmó que “una persona que piensa sólo en hacer muros […] y no en hacer puentes no es cristiano”. Esa hostilidad quedó patente en la foto de la visita de Trump al Vaticano en 2017, en la que el papa posaba con rostro serio y alejado del republicano. Más recientemente, en una carta el pasado febrero a los obispos estadounidenses, Francisco criticó el plan de deportaciones de Trump, a lo que la Casa Blanca respondió que también “hay un muro alrededor del Vaticano”.

Estos choques se han alternado con gestos de distensión. El ejemplo más llamativo fue la reunión de más de una hora con Milei el pasado febrero. El pontífice también limó asperezas con Orbán, con quien se reunió tanto en Budapest como en el Vaticano, y mantuvo una relación cordial con Meloni pese a sus posiciones opuestas sobre inmigración. Estos gestos, no obstante, hablan del rol del papa como jefe de Estado, no de su postura política, ya que no suavizó el tono de sus declaraciones tras estos encuentros.

Los ultraconservadores, al asalto del Vaticano

La orientación progresista del papado de Francisco le granjeó enemigos dentro y fuera de la Iglesia, cuyo sector más tradicionalista lleva años organizándose para preparar su victoria en el próximo cónclave. Vicenç Lozano, periodista especializado en el Vaticano, describe en su libro Vaticangate (Roca Editorial) un “complot” para manipular la elección del próximo papa que va más allá de la Santa Sede.

El epicentro de la resistencia al papado de Bergoglio, explica Lozano, está en Estados Unidos, donde además de dinero existe una ultraderecha católica fuerte. Allí, organizaciones ultraconservadoras como el Napa Institute reúnen a conocidos opositores de Francisco, como el cardenal alemán Gerhard Müller, el arzobispo Samuel Aquila, de Denver, o el obispo Roberto Morlino, de Madison. También es clave la red de medios de comunicación tradicionalistas, como The Remnant. Un obispo de Texas compartió en 2023 un vídeo de la publicación, donde se llamaba a Francisco “payaso diabólico”, lo que le costó la destitución.

La manifestación más clara de la oposición ultra a Francisco es el proyecto Red Hat Report, impulsado por el grupo Better Church Governance Group. Este grupo se define como “una iniciativa laica para la rendición de cuentas de la jerarquía católica”, y su objetivo es recopilar dossieres sobre los cardenales electores del próximo cónclave para “asistir al público para entender [sus] caracteres, trayectorias y prioridades”. Sin embargo, el diario National Catholic Reporter reveló en 2018 una carta donde el director ejecutivo del grupo reconocía que pretendían “señalar a aquellos [cardenales] acusados de escándalo, abusos o encubrimientos” y “editar sus páginas de Wikipedia”, una fuente de información clave durante el último cónclave. Asimismo, el cardenal español Julián Herranz denuncia en su libro Dos papas (Ed. Rialp, 2023) este proyecto como uno de los “intentos descarados de influir en el próximo cónclave”.

Red Hat Report tiene una clara connotación política. A su acto de presentación en 2018 acudieron políticos republicanos y cargos de la primera Administración Trump, según cuenta Lozano. Uno de los impulsores, Jacob Imam, también anunció que contarían con exagentes del FBI y preguntó al público si creían que Francisco hubiese sido elegido en caso de haber existido antes esta iniciativa. De igual manera, uno de los defensores del proyecto es el cardenal Gerhard Müller, uno de los principales rivales de Francisco, junto con Robert Sarah y Raymond Burke. Este último, cardenal estadounidense, fue presidente honorario del ultraconservador Instituto Dignitatis Humanae, con el que colaboró Steve Bannon (ex asesor de Trump) para intentar crear un centro de formación de ultraderecha en Italia.

El próximo papa será menos progresista

Francisco dañó la coherencia del discurso de los líderes de ultraderecha, sobre todo los de Trump, Milei u Orbán, que —ya sea desde una óptica católica o protestante— presentan sus proyectos políticos como una misión divina. En ese sentido, un nuevo papa más conservador eliminaría uno de los principales focos de oposición a la ultraderecha en el debate público a nivel internacional. El cónclave tiene dos resultados probables, y cualquiera de los dos será mejor para la ultraderecha que la situación actual: un papa menos progresista y más discreto sobre cuestiones políticas, o un pontífice alineado con las posturas más conservadoras, que refuerce el mensaje de la ultraderecha.

Pablo Castaño

Periodista y doctor en Ciencia Política, Políticas Públicas y Relaciones Internacionales por la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB). Analista político para diversos medios de España, Francia y Estados Unidos y profesor en la UAB.