La geopolítica del Vaticano
La Ciudad del Vaticano no solo es la última monarquía absoluta de Europa y el Estado más pequeño del mundo. También es uno de los países más particulares e influyentes del planeta. Y es que el Estado vaticano alberga la Santa Sede, que es la máxima institución de la Iglesia católica. Su influencia internacional es el reflejo de la historia del cristianismo. La Iglesia comenzó a expandirse por el Imperio romano a partir del Edicto de Milán del año 313, que estableció la libertad de culto en el territorio imperial. Desde entonces, la Santa Sede ha definido la geopolítica de Europa.
Durante la Edad Media, el poder religioso de la Iglesia católica rivalizó con el poder político de las monarquías europeas. Al mismo tiempo, el cristianismo enfrentó sus propias luchas de poder entre el papa de Roma y el patriarca de Constantinopla. Sus disputas internas desembocaron en el cisma de Oriente del año 1054, que dio origen a la Iglesia ortodoxa. El catolicismo vivió su segunda fractura en el siglo XVI con la irrupción de la Reforma protestante en Alemania. El nuevo protestantismo rechazaba la autoridad papal y abogaba por un cristianismo más austero e individual. Mientras esto sucedía, la religión cristiana comenzaba a expandirse más allá de Europa gracias a las misiones religiosas que se asentaban por Asia y América.
Cinco gráficos y un mapa para entender el cristianismo en el mundo
La aparición de la Ilustración, el auge del nacionalismo y las revoluciones liberales del siglo XIX consolidaron la separación entre la Iglesia y el Estado y redujeron el poder del papa. La Santa Sede experimentó un período de declive y aislamiento que le llevó a perder propio Estado en 1870 con la unificación italiana. Sin embargo, con la creación de la Ciudad del Vaticano en 1929, la Iglesia católica se modernizó y se ha convertido en un actor geopolítico muy activo e influyente. ¿Cómo lo ha logrado? ¿Cuáles son los desafíos que se le presentan? Fernando Arancón, Blas Moreno y David Gómez responden a estas preguntas en este episodio de «No es el fin del mundo».
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