La guerra de Ucrania cambiará las alianzas en Oriente Próximo en 2023

Las rencillas de las monarquías del Golfo con Catar y Turquía parecen olvidadas. Asad y Netanyahu vuelven, y Argelia y Marruecos se rearman
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La guerra de Ucrania cambiará las alianzas en Oriente Próximo en 2023

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2023 verá cómo los países árabes exportadores de petróleo entierran el hacha de guerra y se unen para sacar el mayor rédito posible a la crisis energética, incluyendo pactos con China y la propia Rusia. Todos los países del Golfo están dispuestos a hacer negocios entre sí, e incluso con Netanyahu en Israel y Al Asad en Siria. La necesidad de gas y petróleo obligará a Occidente a hacer la vista gorda a estos acuerdos. Pero el destino de la región no está escrito, y el malestar económico provocado por la guerra de Ucrania podría desatar protestas como las de 2011. Argelia y Marruecos se rearman, las encuestas en Turquía vaticinan la derrota electoral de Erdoğan salvo fraude o guerra, y los militares en Irán empiezan a imaginar un futuro sin los ayatolás.

Nuevas alianzas en el Golfo

Las viejas rivalidades entre las monarquías del Golfo darán paso a una creciente colaboración en 2023. Catar o Emiratos Árabes Unidos compitieron entre sí en el pasado, pero la guerra en Ucrania y la crisis energética les ha hecho darse cuenta de que tienen mucho que ganar si negocian conjuntamente para la exportación de gas y petróleo. Mientras, siguen ocupando el vacío de poder dejado por Estados Unidos en la región.

Catar utilizará la influencia ganada con el Mundial para atraer más capital extranjero, y se espera que su PIB crezca hasta un 2.3% en 2023. A nivel energético, los cataríes se preparan para empezar a exportar su gas a Alemania en sustitución al ruso. Pero Doha quiere diversificar sus apoyos, y China también empezará a adquirir gas catarí a lo largo de la década. Ambos acuerdos son posibles gracias al North Field East Project, la ampliación del mayor yacimiento de gas catarí que aumentará la capacidad de producción del país en un 43% y consolidará a Catar como proveedor energético.

Arabia Saudí también se ha acercado a China, una cooperación que ha empezado en el ámbito tecnológico a través de Huawei pero que pronto se extenderá al sector energético. Estos acuerdos potenciarán el yuan a nivel internacional y reducirán el poder del dólar estadounidense sobre el comercio mundial. Emiratos tampoco teme tensionar sus relaciones con Estados Unidos: a lo largo de 2023, Abu Dhabi seguirá negociando simultáneamente con Rusia y el bloque occidental. Todo ello apunta a una nueva era en la que Occidente estará dispuesto a hacer la vista gorda a estas alianzas o a violaciones de derechos humanos a cambio de obtener recursos energéticos. Los dictadores del Golfo tendrán carta blanca para reprimir a sus poblaciones en 2023.

Vuelven Netanyahu y Asad

Un segundo motivo de acercamiento entre las monarquías del Golfo es el convencimiento de que Israel puede convertirse en un garante de seguridad en ausencia de Estados Unidos. Tel Aviv seguirá presionando para conseguir el reconocimiento diplomático de países como Arabia Saudí, que ya tiene buenos lazos extraoficiales con el país hebreo. Turquía es otro país que tenderá puentes hacia Israel, especialmente en cooperación militar. Incluso Catar, que siempre ha sido cercano a Irán, gravita lentamente hacia Israel

Con la región de su parte, el nuevo Gobierno de Benjamín Netanyahu tendría vía libre para aumentar la presión contra Irán, sepultando el acuerdo nuclear, que Biden ya da informalmente por muerto. Netanyahu también tratará de acelerar la ocupación de los territorios palestinos, lo que satisfaría a los ultraordoxos sionistas de Sionismo Religioso, partido ultraderechista que tiene la llave de la gobernabilidad en el país. 

2023 también traerá la paulatina rehabilitación del presidente sirio, Bashar al Asad, gracias a este nuevo clima de cooperación entre los países de mayoría suní. Una señal en ese sentido sería la reincorporación de Siria a la Liga Árabe, que lleva barajándose desde 2021 y que podría ocurrir este año. A pesar de ello, Asad no hará ninguna concesión a la oposición y su provechoso imperio de la droga seguirá creciendo.

La tensión se traslada al Magreb

Las dinámicas geopolíticas de Oriente Próximo —el peso creciente del Golfo e Israel— se trasladarán en buena medida al norte de África en 2023. Sudán, por ejemplo, verá crecer la influencia militar y económica de Emiratos y sufrirá presiones para acercarse a Israel. El rechazo de la población a la junta militar obligará a esta a buscar todavía más apoyo exterior, de forma que sectores como el del oro caerán por completo bajo control emiratí. 

Otro país que avanzará inexorablemente hacia Israel es Marruecos. Los acuerdos de defensa firmados entre Rabat y Tel Aviv en 2022 se ampliarán este año con la construcción de una fábrica de drones israelíes en suelo marroquí. El creciente poder militar de Marruecos condenará los intentos de los saharauis de luchar con las armas. En respuesta, Argelia seguirá aumentando su inversión militar y su cooperación con Rusia e Irán. Se especula sobre que Argelia quiera comprar drones iraníes, los mismos que Teherán está exportando a Rusia para su guerra en Ucrania. 

Libia será otro escenario donde se evidenciará el cambio de prioridades regional. Turquía lleva años apoyando a los rivales del general Jalifa Haftar en la guerra libia. Pero ahora que Ankara quiere mejorar sus relaciones con Emiratos, que apoyan a Haftar, puede que este año los turcos acaben cediéndole el control del país al general. Haftar ha hecho pública su intención de tomar por la fuerza la capital del país, Trípoli, un cruento conflicto urbano que dejaría cientos de bajas civiles y desembocaría en otra dictadura militar. 

Crisis económica e incertidumbre política

La mayor preocupación para Oriente Próximo en 2023 será que la subida de precios y la escasez de alimentos como el trigo, que hasta ahora se importaban de Ucrania, provoquen una oleada de protestas similares a las de 2011. Los países con peores indicadores económicos, y por tanto más proclives a la inestabilidad, son Egipto, a pesar del férreo control del dictador Al Sisi, e Irak, donde el poderoso clérigo Muqtada al Sadr hará todo lo posible para boicotear al Gobierno proiraní de Mohamed al Sudani. Por el contrario, y a pesar de que Líbano siempre parece a punto de explotar, las élites cleptócratas del país demuestran año tras año su capacidad de resistir a la crisis económica y al descontento popular. En 2023, la presidencia libanesa podría acabar en manos de un candidato respaldado por Arabia Saudí, Michel Moawad, lo que reduciría la influencia de Irán en el país.

En Turquía, la inflación va a causar graves problemas al presidente Erdoğan, que se enfrenta a la reelección en junio. Para distraer a la opinión pública, Erdoğan avivará conflictos en el extranjero, convirtiendo las crecientes tensiones con Grecia en una cuestión identitaria. También ultima una intervención militar contra los kurdos sirios en la primera mitad del año, sin apoyo de Estados Unidos o Rusia. Pese a esta agresiva política exterior, las encuestas dicen que Erdoğan será derrotado en las elecciones. La reciente inhabilitación del alcalde de Estambul, el opositor proeuropeo Ekrem İmamoğlu, demuestra que el presidente usará todos los amaños posibles para permanecer en el poder. Pero si Imamoglu apela y logra revertir la incapacitación, la artimaña de Erdoğan podría volverse en su contra, catapultando a su rival como líder indiscutible de la oposición. Otro candidato que puntúa bien en las encuestas es el alcalde de Ankara, el ultranacionalista Mansur Yavaş

Finalmente, el otro gran interrogante es el devenir de las protestas en Irán. A las mujeres se les han unido estudiantes, trabajadores industriales o los comerciantes del bazar de Teherán. No parece que las manifestaciones vayan a remitir a pesar de la represión. En paralelo, Irán se asoma a la inestabilidad que provocaría la muerte del anciano líder del país, el ayatolá Alí Jameneí. Si las protestas continúan, no es descartable que la Guardia Revolucionaria iraní se deshaga de Jameneí aprovechando que su salud empeora y dé paso a una dictadura militar.