El gasto militar es un indicador relevante para comprender el comportamiento de los países y sus ambiciones geopolíticas. Cuanto mayor es el ejército de un Estado, mayor es su influencia en el mundo, donde usa su superioridad militar para presionar, influir e intervenir. Un claro ejemplo de esto son las actuaciones de China sobre Taiwán, los conflictos iniciados por Estados Unidos en Oriente Próximo o, más recientemente, la invasión rusa de Ucrania.
Según los datos que publica anualmente el Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI), en 2021 el gasto militar mundial aumentó en un 0,7% respecto del año anterior, con EE.UU., China, India, Reino Unido y Rusia realizando la mayor inversión en términos totales.
Las cifras demuestran lo evidente: la mayoría de países con grandes niveles de gasto militar son potencias mundiales o regionales o Estados que mantienen algún tipo de conflicto latente o abierto.
Pese a esto, en Europa nos encontramos con una disparidad importante: frente a una Europa occidental que en la última década ha tenido un gasto en defensa moderado o bajo, al este del continente las cifras son mucho más elevadas, sobre todo por la influencia que marca Rusia en la región.
La potencia euroasiática aumentó un 2,9% en gasto militar durante el 2021, cuando la escalada de tensión en Ucrania ya era más que palpable. La guerra en Ucrania —que desde 2014 ha aumentado su inversión en defensa en un 72%— ha puesto al continente en alerta, haciendo que la mayoría de los países presenten planes para aumentar su presupuesto militar.
En el continente americano también existen desequilibrios importantes. Estados Unidos es, con enorme diferencia, el país que mayor nivel de gasto militar tiene en el mundo. Tras Washington, son Cuba, Colombia y Ecuador los que más recursos destinan a la defensa del país, lo que contrasta con las bajas cifras de actores con peso un político y económico importante como México, Brasil o Argentina.
El caso de África es paradigmático por ser la región en la que más ha aumentado el gasto en armamento a nivel relativo en la última década. Con numerosos regímenes autoritarios y militares, además de conflictos armados importantes como el de Tigray en Etiopía, existen muchos países con graves problemas económicos y de desarrollo pero con un nivel de gasto militar elevado.
Aunque su gasto en defensa no llega al 2%, la potencia militar del continente sigue siendo Egipto, seguida de Argelia, que en los últimos diez años ha destinado una media del 5,72% de su PIB al apartado militar. Este país norteafricano pretende modernizar su ejército de cara al 2023 aumentando su presupuesto en un 130% como respuesta a las crecientes tensiones con Marruecos, país con el que mantiene un enfrentamiento histórico y que en 2021 invirtió un 4,18% de su PIB en gasto militar.
Aunque Global Firepower sitúa también a Sudáfrica, Nigeria y Etiopía como potencias militares africanas, las cifras SIPRI demuestran que estos Estados todavía tienen un gasto en defensa limitado, cercano al 1% de su PIB.
Oriente Próximo, por su parte, es la zona que mayores niveles de gasto ha registrado en la última década. Los conflictos encadenados, además de los enormes pulsos geopolíticos protagonizados por Arabia Saudí e Irán, han el camino para una política militarista en toda la región.
Por último, en Asia Pacífico los niveles de gasto militar también han registrado un aumento destacado. Según el SIPRI, el gasto total del continente creció en un 3,5% en 2021 respecto al año anterior. Este crecimiento se debe en gran medida a la inversión realizada por China e India para aumentar su capacidad militar.
Al ser una región con enorme potencial geopolítico y debido a conflictos territoriales, étnicos y otros que incluyen a potencias extranjeras como EE.UU., países como China, India, Pakistán, Vietnam o Indonesia han puesto muchos esfuerzo en desplegar su potencial armamentístico.







