Isabel de Baviera, más conocida como Sissi, fue la emperatriz de Austria y reina de Hungría entre 1854 y 1898. Fue un personaje adelantado a su tiempo de gran importancia política que apoyó los movimientos liberales y nacionalistas de su época en una corte muy conservadora. Su apodo real debió de ser Lisi, pero pasó al vulgo como Sisi y más tarde fue modificado por el cine hasta el actual Sissi. Como su nombre, muchos aspectos de su vida han sido romantizados para contar una historia de amor inexistente, obviando su importancia política.
Culta, liberal y rebelde, Sissi Emperatriz vivió en una corte a la que nunca se adaptó, y su actividad institucional fue determinante en la formación y supervivencia del plurinacional Imperio austrohúngaro. Sus excentricidades, gran belleza y problemas de salud le han convertido en una figura habitual en las producciones culturales e históricas, y recientemente ha vuelto a la actualidad por una nueva serie dramatizada sobre su vida como una emperatriz inusual.
Sissi emperatriz
Sissi nació en Nochebuena de 1837 en Múnich, hija del duque Maximiliano José de Baviera y de la princesa Ludovica, hija de Maximiliano I de Baviera. Se crió en el castillo de Possenhofen, lejos de Múnich, donde creció con una libertad que determinaría su personalidad y rebeldía.
Conoció a su primo, el futuro Francisco José I de Austria, en Innsbruck en 1848, cuando la familia imperial austriaca se refugiaba allí de las revoluciones liberales que estaban teniendo lugar en Viena, y que dieron lugar a la guerra de independencia de Hungría. Ese mismo año, con apenas cumplida la mayoría de edad, Francisco José sería nombrado emperador, tras la abdicación de su tío el emperador Fernando I.
Sissi y el emperador de Austria volverían a encontrarse en Bad Ischl en 1853. Con Francisco José ya afianzado como emperador, su madre —y tía de Sissi—, la archiduquesa Sofía de Baviera, orquestó este viaje con intenciones de que el emperador se encontrase con Elena, la hermana mayor de Sissi. Elena, una joven más formal, muy religiosa y conocedora de las reglas de la corte, parecía la candidata perfecta para ser emperatriz a ojos de Sofía. Pero Francisco José se enamoró de Sissi: su bella prima a la que recordaba como una niña, de ahora dieciséis años, que se había sumado al viaje a última hora para olvidar un amor de adolescencia.
Pese a la negativa inicial de Sissi y la oposición de la mayor parte de la familia imperial, Sissi se convirtió en emperatriz de Austria en 1854, con dieciséis años. Su vida en el Palacio de Hofburg, residencia real de los Habsburgo, estuvo marcada por la melancolía y sus excentricidades para sobrellevarla. Sissi no encajaba con los deberes y etiquetas de su posición en la corte ni con la aristocracia que la rodeaba. La archiduquesa Sofía de Baviera tampoco aceptó su mentalidad e ideas políticas liberales, más modernas que las del emperador y la nobleza austríaca, y se encargó de la educación de los cuatro hijos del matrimonio, alejándolos de Sissi.
Sissi vivió, por tanto, con una profunda depresión que equilibró con viajes por media Europa y el norte de África. Además tuvo que enfrentarse a las trágicas muertes de su hija Sofía, que con solo dos años enfermó durante un viaje a Hungría (y de lo que Sissi se responsabilizó personalmente), y la del archiduque Rodolfo, heredero del Imperio que fue encontrado muerto por un disparo en la cabeza. La muerte del archiduque en 1889 aún es un misterio entre el posible suicidio o asesinato, pero para Sissi fue un golpe que la llevó a vestir siempre de luto y a no permitir que la volvieran a retratar.
Reina de Hungría
Sissi también simpatizó con los movimientos nacionalistas húngaros, y su apoyo fue decisivo para igualar el estatus político de Hungría con Austria. Sissi se refugió en Buda (actual Budapest) durante la guerra austro-prusiana, que culminó con la unificación alemana y dejó a Austria fuera del proyecto alemán. Sissi estableció amistad con el líder nacionalista húngaro Guyla Andrássy y fue clave en la formación de Austria-Hungría.
Tras el ultimátum al emperador para que devolviera la condición de Estado constitucional a Hungría, el Imperio austriaco se transformó en el austrohúngaro con el Compromiso de 1867. Nacía entonces un imperio de dos Estados con gobiernos distintos, pero unidos bajo la corona que ostentaba la casa Habsburgo. Sissi y Francisco José I de Austria se convertían por tanto en reyes de Hungría.
Sin embargo, mientras que el emperador nunca entendió los cambios ideológicos y nacionalistas de la época, Sissi tampoco pudo escapar de ellos. En uno de sus viajes, en 1898, fue asesinada por un anarquista italiano en Ginebra. La emperatriz, defensora de ideales más progresistas y democráticos que Francisco José, más conservador, murió mientras el Imperio austrohúngaro se debilitaba debido a los separatismos y las crisis internas que desembocarían en la Primera Guerra Mundial.
El Imperio después de Sissi Emperatriz
El Imperio sobreviviría a la muerte de Sissi, pero no a la de su esposo. Las diversas guerras que Viena había tenido que librar durante la vida de Sissi habían mostrado que el Imperio era una potencia secundaria que perdía terreno ante las pujantes Italia y Alemania. Para compensar sus pérdidas, Austria-Hungría centró sus fuerzas contra el Imperio otomano, pero esto sería el principio del fin.
La invasión y posterior anexión de Bosnia y Herzegovina a Austria-Hungría calentaron aún más el ambiente nacionalista, y con el atentado de Sarajevo y el asesinato del archiduque Francisco Fernando en 1914, heredero al trono y sobrino de Francisco José I, estalló la Primera Guerra Mundial, que finalmente supondría la disolución del Imperio.
Las personas más modernas y liberales de la corte, la emperatriz Sissi, el archiduque Rodolfo y el archiduque Francisco Fernando habían muerto violentamente, y no quedaban figuras poderosas que entendiesen los cambios que se habían producido en el mundo y que pudiesen adaptar al Imperio a su nuevo contexto.
Legado en las pantallas
Décadas después de su muerte, la vida de Sissi emperatriz se daría a conocer gracias al cine y la televisión. En los años cincuenta, la trilogía austriaca dirigida por Erns Marischka, con la actriz Romy Schneider, romantizó a la emperatriz Sissi destacando su belleza y los lujos propios de su condición, pero también sus tragedias familiares, su relación con sus cuatro hijos o los trastornos alimenticios y problemas de salud. Ahora, en 2022, la historia de Sissi ha recobrado protagonismo con serie alemana sobre su vida en Netflix, creada por Katharina Eyssen y protagonizada por Devrim Lingnau.







