Una sociedad secreta revolucionaria fundada en París por inmigrantes alemanes, llamada la Liga de los Justos, aceptó a los pensadores Karl Marx y Friedrich Engels en 1847. Ambos expusieron sus ideas en el congreso de junio, que aprobó la adhesión de su Comité Comunista de Correspondencia, creado el año anterior. La organización pasó a llamarse la Liga de los Comunistas y, para orientar la nueva doctrina, les encargó a Marx y Engels que elaboraran un nuevo manifiesto. Así, el congreso de diciembre sustituyó las ideas comunistas del “socialista utópico” Wilhelm Weitling por las tesis marxistas.
Basándose en los Principios del Comunismo de Engels, Marx redactó el Manifiesto del Partido Comunista, que definió las bases del comunismo. Aunque la fecha de publicación se discute, se cree que fue impreso el 21 de febrero de 1848 en Londres. Su escasa repercusión inicial, limitada a los círculos comunistas alemanes, no le impidió convertirse con el tiempo en uno de los textos políticos más influyentes del mundo, por lo que fue registrado en la Memoria del Mundo de la Unesco en 2013.
Marx y Engels definen su postura: el comunismo
Cuando Marx llegó a París en 1843 para estudiar la Revolución francesa y el materialismo y socialismo franceses, ya era un opositor al absolutismo prusiano. Allí pudo relacionarse con socialistas, anarquistas y comunistas, y comenzó a colaborar con Engels. Desde entonces, ambos se acercaron a las teorías comunistas, pero a raíz de criticar el socialismo utópico y de establecer las bases de su concepción materialista de la historia en el socialismo científico.
En el Manifiesto del Partido Comunista sintetizaron su pensamiento revolucionario con un estilo dinámico y comprensible. Según el materialismo histórico, la lucha de clases entre opresores y oprimidos es el motor de la historia para avanzar en los modos de producción. Así, cuando la burguesía ascendió al poder, el modo de producción renacentista evolucionó al capitalista. De la misma forma, el desarrollo de las fuerzas productivas generaría nuevas contradicciones e injusticias, ya que la burguesía sería incapaz de elevar las condiciones de vida del proletariado, que de manera inevitable haría una revolución para alcanzar el poder.
Pero al contrario que la revolución burguesa, Marx y Engels consideraron que los proletarios solo conquistarían las fuerzas de producción si destruían el régimen de apropiación capitalista. Por tanto, demandaron abolir la propiedad privada burguesa y reorganizar los medios de producción en manos del Estado, gobernado por el proletariado organizado. Entonces desaparecerían las diferencias de clase y la hegemonía política del proletariado no sería necesaria. Aparte, ambos pensadores aclaraban que los comunistas formaban parte del movimiento proletario, pero luchando por sus intereses comunes a todas las naciones. De ahí que el Manifiesto termine con aquel “¡proletarios de todos los países, uníos!”.
El Manifiesto comunista: difusión limitada, repercusión histórica
Escrito y publicado en alemán, el Manifiesto tuvo una difusión limitada a revolucionarios alemanes. Además, tras la represión del movimiento obrero en las revoluciones europeas de 1848, divulgar el texto fue difícil con los nuevos Gobiernos liberales. El marxismo vino a ganar interés cuando el propio Marx participó en la Primera Internacional de Trabajadores en 1864, defendió la insurrección de la Comuna de París en 1871 y se leyó el Manifiesto en el juicio por traición de tres líderes socialdemócratas alemanes en 1872.
Durante este tiempo, Marx estudió el capitalismo para comprender los fracasos de la revolución obrera y perfeccionar su teoría de economía política, recogida en El Capital (1867). Esta se extendió entre los partidos obreros y el Manifiesto fue traducido a unos treinta idiomas. El punto de inflexión llegó en 1917 con la Revolución de Octubre en Rusia, cuando los bolcheviques liderados por Vladímir Lenin llegaron al poder y crearon el primer Partido Comunista. Lenin impulsó la Tercera Internacional en 1919 y desde entonces el Manifiesto se editó en tiradas masivas.
Convertido en un clásico de la política, el Manifiesto del Partido Comunista ha sido reinterpretado y puesto en práctica con modificaciones en el último siglo. La propia Unión Soviética se alejó del leninismo original durante el estalinismo y las reformas posteriores. Tras su caída en 1991, las tesis comunistas perdieron fuerza, pero perduran en China, Cuba o Vietnam, cuyas revoluciones instauraron distintos modelos de comunismo.






