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Pixar, Star Wars o Marvel: el crecimiento del imperio de Disney

La compañía se ha convertido en el gran gigante del entretenimiento tras iniciar una agresiva política de absorciones empresariales a partir de los años 90
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Desde su fundación como estudio de animación en 1923, hace un siglo, Disney ha evolucionado hasta convertirse en un imperio que lidera el sector de los medios y el entretenimiento a nivel internacional. Con cerca de 200.000 empleados, no solo es ya una de las setenta compañías más valiosas del mundo: también se ha convertido por el camino en un referente cultural y en un arma propagandística de Estados Unidos.

Gran parte de esa expansión, sin embargo, se debe a una reciente y exitosa política de adquisiciones de empresas ya consolidadas en el mundo cinematográfico, como Pixar, Lucasfilm —la productora de Star Wars e Indiana Jons— o Marvel. También de los medios: la compra de 21st Century Fox en 2019 a cambio de 71.300 millones de dólares sigue siendo la segunda mayor adquisición del sector de los medios de comunicación de la historia. Todos esos movimientos ayudaron a Disney a aumentar su base de clientes a la vez que liberaba el camino de competidores.

La política de adquisiciones echó andar en los noventa. Tras la muerte de los hermanos Disney en 1966 y 1971, el estudio atravesó un periodo complicado en el que no terminó de dar con la clave en sus producciones para atraer a nuevos públicos, como sí hacían nuevas propuestas como Star Wars o E.T. La frontera entre el cine para niños y para adultos se estaba difuminando y Disney no estaba siendo capaz de subirse a esa nueva ola, firmando entre finales de los setenta y los ochenta algunos de sus mayores fracasos. Taron y el caldero mágico (1984), por ejemplo, apenas recaudó la mitad de lo que costó su producción.

Fue entonces cuando la llegada de un nuevo director ejecutivo, Michael Eisner, cambió la dirección de la compañía. De la mano de Steven Spielberg, Disney volvió a producir un éxito cinematográfico —¿Quién engañó a Roger Rabbit?, de 1988, que logró cuatro Premios Óscar— y en los años siguientes el estudio también lanzaría La sirenita, La bella y la bestia, El rey león y Pocahontas, taquillazos que engrosaron las cuentas de Disney.

Sí, las películas cada vez son más largas

Los nuevos ingresos fueron aprovechados entonces por Eisner para afianzar la posición de la empresa en el sector. Así, decidió fundar el estudio Touchstone —enfocado en películas para una audiencia más madura—, crear el canal por cable Disney Channel, abrir Disneyland París y comprar las cadenas de televisión ABC y ESPN por 19.000 millones de dólares, dando el pistoletazo de salida a las adquisiciones de grandes empresas.

En el año 2005, la llegada a la presidencia del CEO actual, Bob Iger, reforzó esa estrategia. Con el objetivo de adaptarse a los cambios en una industria en constante movimiento y evolución tecnológica, la nueva dirección apostó por diversificar su negocio y llegar a nuevos mercados. El gran primer movimiento de Iger fue la compra en 2006 de Pixar por 7.400 millones de dólares, una adquisición que muchos consideraron demasiado cara a pesar de que el estudio ya había producido éxitos como Buscando a Nemo o Los Increíbles. Sin embargo, grandes estrenos como Toy Story III, Ratatouille, WALL-E o Up pronto demostraron la rentabilidad de tal inversión.

Además, la compra de Pixar sirvió de ejemplo para otras empresas más pequeñas que también despertaron el interés del imperio Disney, ya que la compañía absorbida mantuvo su identidad y cierta autonomía. Así, el conglomerado se hizo con Marvel en 2009 por 4.200 millones de dólares y con Lucasfilm en 2012 por otros 4.060 millones.

Pero fue en 2019 cuando llegó la compra definitiva: Disney absorbió el gigante mediático 21st Century Fox, haciéndose de paso con el control total del servicio de streaming Hulu y aumentando considerablemente su catálogo de personajes y productos audiovisuales —como Los Simpson o X-Men—. Gracias a esa ampliación de su particular imperio, Disney lanza también en 2019 Disney +, su servicio particular de cine bajo demanda y entra a competir de manera directa con Amazon y Netflix.

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