Calle del Juguete, avenida de la Muñeca, parque Playmobil o plaza de los Reyes Magos. Conducir por la Foia de Castalla, una comarca del interior de la provincia de Alicante, en el Levante español, es como callejear por el universo imaginario de un niño de cinco años. No es para menos: los municipios de Ibi, Onil, Castalla y Tibi, a los que se suele unir el de Biar, conforman el Valle del Juguete, un polo juguetero histórico que se ha diversificado pero que sigue concentrando un 36% de la producción juguetera de España, según la Asociación Española de Fabricantes de Juguetes.
Su origen se remonta al siglo XIX, concretamente a 1870, cuando un guardia civil de Onil aficionado a la alfarería llamado Ramón Mira creó la primera muñeca comercial en España. El prototipo estaba hecho de barro y medía apenas diez centímetros, pero Mira logró estandarizar su producción gracias a una mezcla de fécula de patata, harina, serrín y corteza de pino y comenzó a vender la muñeca en mercadillos regionales.
Al mismo tiempo, la familia Payá decidió fabricar miniaturas de productos de hojalata —sartenes, platos o regaderas— en la vecina Ibi, con tal éxito que pasaron a producir también vehículos de hojalata para los más pequeños. Poco a poco otros fabricantes de la zona fueron probando suerte en la incipiente industria del juguete, y en el siglo XX el éxito de marcas como Famosa —surgida en 1957 a raíz de la unión de 25 pequeñas empresas—, Feber, Moltó, Injusa o Cefa consolidaron el Valle del Juguete. La llegada del plástico en la segunda mitad del siglo XX supuso además un nuevo impulso para el sector, ya que abarató y facilitó la fabricación de sus productos.
De esta forma, el Valle del Juguete funcionó a pleno rendimiento entre los sesenta y los ochenta. En aquellos años el juguete llegó a suponer el 80% de la actividad industrial de Ibi y la fábrica de Famosa en Onil empleaba a más de 2.000 trabajadores. Muñecas como la Mariquita Pérez o la Nancy de Famosa y pronto también los Playmobil —cuyos cliks aterrizaron en Onil en 1976— fueron entonces fabricados en masa por peones alicantinos y enviados a todo el país, especialmente en Navidad, un periodo que sigue suponiendo el 70% de las ventas de la industria juguetera.
Pero la crisis del petróleo de los setenta —que impactó en el Valle del Juguete una década después con el incremento del precio del plástico— y la competencia china frenaron en seco la facturación de una industria muy fragmentada y por tanto la de una comarca extremadamente dependiente de una única actividad. La respuesta fue la diversificación: además de juguetes, los fabricantes de la Foia de Castalla pasaron a manufacturar componentes, envases o embalajes de plástico para todo tipo de industrias.
El Valle del Plástico
La consecuencia de esta diversificación es que el juguete ya solo supone el 10% del sector manufacturero de la comarca. Famosa trasladó sus fábricas a un polígono industrial de Alicante en 2012 y Playmobil ha anunciado este año el cese de su actividad en Onil, a excepción de su oficina de distribución y logística, mientras que algunas empresas son ya meras intermediarias de juguetes chinos. Los productores de piezas finales de plástico, como Smurfit Kappa, son los que concentran ahora la inversión en el interior de Alicante.
Aun así, fabricantes históricos como Guisval, Moltó o Injusa siguen en activo. La convivencia de la producción juguetera con la de componentes de plástico es además sencilla, ya que ambas actividades basan gran parte de su valor añadido en el trabajo de moldistas y matriceros. De esta forma, la Comunidad Valenciana sigue siendo el corazón de la industria juguetera española, que sigue contando con alrededor de un tercio de sus 257 empresas y sus casi 5.000 puestos de trabajo en el Valle del Juguete.
Al mismo tiempo, el sector está tratando de encontrar en el turismo una vía de salvación económica y de poner en valor su historia y aportación a la cultura local. La caída de la natalidad y la eterna estacionalidad del negocio siguen condenando a la industria juguetera —2023 fue el año con el menor demanda nacional de la historia y probablemente 2024 también lo será—, por lo que las autoridades y los empresarios del Valle del Juguete están tratando de tejer una red de museos y puntos turísticos que consiga rentabilizar su tradición. Los museos del Juguete Valenciano en Ibi o el de la Muñeca en Onil son ejemplo de ello.








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