Lego, la mayor compañía de juguetes del mundo, tiene su centro de producción en Europa, desde donde la marca se ha extendido por el globo y se ha convertido en un símbolo de orgullo para Dinamarca. Se trata, sin embargo, de una excepción: aunque Lego mantiene sus fábricas repartidas por el Viejo Continente, dos de cada tres juguetes a la venta en el mercado global se fabrican en China. La potencia asiática es de hecho el mayor exportador de juguetes para casi todo el mundo, con cifras que superan el 70% y 80% en la mayor parte del planeta. Solo los países de la Unión Europea escapan del oligopolio chino, aunque este «solo» supone un tercio del juguete comercializado en la UE.
Pese a esto, la singularidad del dominio del juguete chino se asienta en una cadena productiva que parte de lo local antes de dominar lo global. La fabricación de juguetes se ha concentrado en un puñado de ciudades (en la más poblada mitad oriental del país), cada una de ellas especializada en el tipo de juguete en el que es más competitiva a la hora de producirlo.
Durante la apertura de China en los años 80, la ciudad de Shantou (al sur de país, en Cantón) fue una de las primeras cuarto Zonas Económicas Especiales abiertas al extranjero. El distrito de Chenghái, un suburbio de Shantou, se especializó en la fabricación de juguetes y extendió la marca Made in China. Su éxito inicial entró en problemas cuando se fue abriendo el resto del país, y su mano de obra más cara le dificultó competir con otras ciudades jugueteras chinas. La solución pasó entonces por la especialización en juguetes electrónicos, teledirigidos y tecnológicos de mayor calidad y valor añadido, que compensan con creces los mayores costes laborales.
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