El mapa de la fertilidad en la Unión Europea

En 2022, solo nueve regiones europeas superaron la tasa mínima necesaria para el reemplazo generacional, de 2,1 hijos por mujer
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La Unión Europea no solo se convirtió hace tiempo en la región más envejecida del mundo, sino también en aquella donde menos niños nacen. De hecho, desde 2012 se han registrado más muertes que nacimientos en suelo comunitario. Esta situación se conoce como crecimiento natural negativo y encuentra explicación en las bajas tasas de fertilidad de la región, con una media de apenas 1,46 hijos por mujer en 2022, según los datos publicados por Eurostat.

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Frente a esto, tan solo nueve provincias continentales de cuatro países —Rumanía, Bulgaria, Francia y Alemania— cerraron ese año con una tasa de natalidad superior a 2,1 hijos por mujer, que es el umbral mínimo que garantiza el reemplazo generacional. Esta tasa no tiene en cuenta la migración, pero sí guarda una estrecha relación con ella. Conjuntamente, la natalidad y la migración son los principales factores que influyen en el saldo demográfico de una región.

Seine-Saint-Denis, a las afueras de París, es el departamento mas dinámico de Francia en términos demográficos, y también una de las regiones comunitarias con mejores ratios: allí, la tasa de natalidad se sitúa en 2,15 hijos por mujer y la edad media de la población alcanza los 35,5 años, datos que contrastan con el resto del país. En la capital del departamento hasta el 28% de la población es migrante, aunque casi el 70% de los nacidos tiene padre o madre extranjera.

El distrito alemán de Kaiserslautern, por su parte, es también la gran excepción en el país germano. Si bien la mayoría de las provincias alemanas se sitúan en una horquilla de entre 1,5 y 1,8 hijos por mujer, en esta provincia situada al suroeste del país la media alcanza los 2,18 hijos por mujer. Además de ser un distrito situado en una de las zonas más industrializadas del continente, también alberga la principal base militar estadounidense en suelo europeo, la base aérea de Ramstein. De hecho, de los 100.000 habitantes del distrito, casi 40.000 son americanos.

En cuanto a las provincias búlgaras y rumanas con mejores tasas de natalidad todas se localizan en el este, cercanas a la frontera exterior de la UE. Ambos países cuentan con las madres mas jóvenes de la Unión, con la media de edad para tener el primer hijo situada en los 26,6 años en Bulgaria y en los 27 en Rumanía.

El mapa del envejecimiento en la Unión Europea

Si se observa el mapa completo de la Unión Europea, se puede distinguir claramente la diferencia entre un centro y un este mucho más dinámicos en términos demográficos y un sur muy envejecido y con tasas de fertilidad preocupantes, que casi en ningún caso sobrepasan la media europea de 1,46 hijos por mujer.

De hecho, España, Grecia e Italia concentran las provincias con menos hijos por mujer de todo el espacio comunitario. Las Islas Canarias tienen el peor dato, con una media de 0,86 hijos por mujer. Las provincias de Ourense, Zamora o Asturias también registran una tasa por debajo de un hijo por mujer, siendo España el país —junto con Malta— con peores datos demográficos en conjunto. En Italia, los peores datos de natalidad los concentran las provincias del sur de Cerdeña, mientras que en Grecia es la provincia de Fokida la que tiene el dato más bajo del país, con 0,96 hijos por mujer.

¿Cuáles son los países con más y menos hijos por mujer?

La causa de la baja natalidad no radica únicamente en la falta de voluntad para tener hijos o en los cambios culturales, sino también en los crecientes costes de vida y manutención. La precarización del empleo juvenil y el deterioro de las condiciones laborales, sumados a los altos precios de la vivienda, a la incorporación de la mujer al mercado laboral en el último siglo y a la dificultad para conciliar, complican aún más la situación.

A pesar de las políticas encaminadas a mejorar las cifras de nacimientos, desde la segunda mitad del siglo XX la tasa de natalidad no ha dejado de bajar en la Unión Europea. Si bien la llegada de madres extranjeras ha mejorado los indicadores de natalidad en ciertas regiones europeas, las actuales tasas migratorias no son suficientes para cubrir los desequilibrios que enfrentará la pirámide poblacional europea durante los próximos años. Para resolver un problema que amenaza los cimientos de nuestro sistema de bienestar, con el incremento de la población jubilada y cada vez menos personas en edad laboral, tanto las políticas de migración como de fomento de las tasas de fertilidad son necesarias en la Unión Europea.

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