España es la gran dominadora del mercado mundial del aceite de oliva. En la campaña 2021/2022, la última para la que el Consejo Oleícola Internacional dispone de datos consolidados, el país ibérico produjo el 46% de todo el aceite del mundo y acaparó el 59% de las ventas internacionales. Ese protagonismo, sin embargo, se diluye en el mapa europeo de las denominaciones de origen, en el que España se ve superada por Italia.
Estos distintivos cuentan con la garantía y la protección de la Unión Europea y reconocen las características que hacen único un producto, muy ligadas al territorio en el que se elabora y al saber hacer tradicional. Sirven, por tanto, para garantizar la calidad y la singularidad de los alimentos europeos.
En el caso del aceite de oliva, Bruselas ha reconocido hasta 119 denominaciones de origen protegidas, de las cuales 43 pertenecen a Italia, 31 a España, 20 a Grecia, 10 a Francia, 7 a Portugal, 6 a Croacia y 2 a Eslovenia. Italia cuenta con mayor prestigio en los mercados internacionales y consigue vender su aceite hasta un 31% más caro que España, un éxito de márquetin y de sus esfuerzos por distinguir sus marcas regionales a través de las denominaciones de origen.
A pesar de ello, el primer exportador mundial está acortando la diferencia en los últimos años: España consiguió en 2023 dos nuevos reconocimientos —Madrid y Villuercas Ibores Jara, en Extremadura— y ha solicitado a la Unión Europea el registro de otras dos denominaciones —Sierras de Espadán y Calderona, en Castellón y Valencia, y Somontano, en Huesca—.
Las denominaciones de origen fueron introducidas por varios países europeos de manera paralela para proteger sus productos agrícolas según su origen geográfico. En España, por ejemplo, los reglamentos de funcionamiento de los aceites catalanes de Les Garrigues y Siurana se remontan a la década de los setenta.
Con el objetivo de unificar los distintos criterios existentes en el plano comunitario, la Unión Europea creó su propio sistema de regímenes de calidad en los noventa, que fue evolucionando hasta diferenciar entre denominación de origen protegida —cuando todas las etapas del proceso de producción, transformación y preparación tienen lugar en la región conocida—, indicación geográfica —cuando al menos una de las fases sucede en la zona— y especialidad tradicional garantizada —que reconoce aspectos tradicionales de un producto, como su elaboración o composición, más que un área geográfica específica—.
Los primeros aceites de oliva españoles en dar el salto en 1996 a la legislación europea fueron los de Baena (Córdoba), Sierra de Segura (Jaén), Siurana (Tarragona) y Les Garrigues (Lleida), seguidos de los de Priego de Córdoba y Sierra Mágina (Jaén).
En la actualidad, Andalucía es la región que acapara más denominaciones de origen aceiteras, con un total de 12, por delante de Cataluña con 5, Castilla-La Mancha con 4 y Extremadura con 3. Es también la comunidad autónoma que más aceite de oliva produce: hasta el 80% de la elaboración nacional procede de sus almazaras, seguida de Castilla-La Mancha —8%— y Extremadura —4%—.
Junto a las 31 denominaciones de origen protegidas, España también cuenta con otras dos indicaciones geográficas registradas y una pendiente de aprobación. Se trata, respectivamente, de los aceites de Jaén y Ibiza y el de Menorca.