El cambio climático es una amenaza para todo el planeta, pero se vuelve especialmente dañino en aquellos lugares con menor resiliencia y recursos para adaptarse a grandes cambios medioambientales, como es el caso de África. El mapa del cambio climático en África es diverso, con extensas regiones que experimentan nuevas sequias e inmensas regiones con un alto riesgo de desertificación, a la vez que nuevas áreas quedan expuestas a más y más intensos ciclones tropicales.
Los retos del continente son amplios. El aumento de las temperaturas debido a la emisión de gases de efecto invernadero hace que también se incremente la evaporación, lo que se traducirá en más precipitaciones en buena parte de las actuales sabanas, especialmente en las más próximas a las selvas africanas, con el consiguiente riesgo de lixiviado de los suelos y perdida de la fertilidad. Por otra parte, si el aumento de las temperaturas es superior al de las precipitaciones en lugares más secos, es decir, si se produce una evapotranspiración negativa, los actuales ecosistemas de praderas y sabanas retrocederán en favor de los desiertos.
Así, gran parte del mapa de África se ve amenazada por procesos de degradación de los suelos, la temida desertificación, como consecuencia del cambio climático. Este problema es especialmente acuciante en el Sahel, aunque también amenaza a la mayor parte del norte de África, el Cuerno de África, el sudoeste de Madagascar y extensas zonas de África del sur.
En el Sahel, la desertificación y el avance del Sáhara hacia el sur han convertido a la región en uno de los grandes focos de tensión del continente. Allí los pastores nómadas se están viendo empujados cada vez más hacia el sur en busca de pastos, mientras que los agricultores sedentarios, situados más al sur, y con cada vez menos cosechas, tienen que competir por los recursos con los recién llegados.
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El resultado ha sido la aparición de movimientos insurgentes y terroristas por todo el Sahel, generalmente con inspiración yihadista aunque también mezclados con luchas tribales, y que están afectando especialmente a países como Mali, Burkina Faso, Níger o el norte de Nigeria. Las raíces medioambientales de estos enfrentamientos están especialmente claras en el entorno del lago Chad, ahora casi desecado, y donde ha surgido y se ha consolidado el grupo terrorista JAS (antiguo Boko Haram) entre los habitantes de sus antiguas orillas. Si bien la desecación del lago no está —solo— causada por el cambio climático.
En el Cuerno de África, la desertificación se entremezcla con la guerra eterna de Somalia, a la vez que los ciclones tropicales empiezan a convertirse en una realidad. El 22 de noviembre de 2020 el ciclón tropical Gati tocó tierra en Somalia, el primero de sus características desde que se comenzaron a hacer registros hace cinco décadas. Y es que los ciclones tropicales se están volviendo más frecuentes e intensos como consecuencia del cambio climático, afectando a nuevas zonas como el cuerno de África y golpeando con mayor intensidad a países como Mozambique o Madagascar.
Las excepcionales condiciones de humedad provocadas por los ciclones tropicales en la región, que no deja de ser una zona seca, propician la aparición de plagas de langostas como la que azotó el este del mapa de África en 2020, y cuyo origen no deja de estar vinculado al cambio climático.
Aunque África es un continente de elevada altitud media, la subida del nivel del mar también amenaza algunas de sus costas, especialmente en las más bajas costas del golfo de Guinea, el delta de los ríos Níger o Nilo o algunos fragmentos de la costa oriental donde se ubican algunas de las mayores urbes del conteniente. La explosión urbana de África deja a cada vez más gente expuesta a la subida del nivel del mar en estas ciudades, con megaurbes como Lagos o El Cairo amenazadas por la subida del nivel del mar.
El blanqueamiento de los corales por el aumento de las temperaturas de las aguas del mar Rojo y del océano Índico es otro problema provocado por el cambio climático en las costas del este del mapa de África. La pérdida de corales supone una pérdida de protección de las costas frente a ciclones y tormentas tropicales, aumentando los efectos de la erosión y la subida del nivel del mar y reduciendo los recursos pesqueros para las comunidades costeras.
La subida de las temperaturas también tendrá importantes efectos en las cumbres. Se calcula que para mediados de siglo todos los glaciares africanos habrán desaparecido, privando de su agua a numerosas comunidades. También se acelerará el deshielo en cordilleras como el Altas o los Drakensberg (Sudáfrica y Lesoto), cambiando la disponibilidad del agua lo largo del año y favoreciendo rápidas inundaciones.
Pese a los importantes efectos del cambio climático sobre el mapa de África, los países del continente son de los que menos han contribuido a la elevación de las temperaturas globales, estando únicamente Sudáfrica entre los grandes países emisores de gases de efecto invernadero. Los que pagan no son siempre los que más contaminan.
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El mapa del cambio climático en África es una colaboración de El Orden Mundial y Casa África para la elaboración de una serie de mapas y gráficos centrados en diversos temas de actualidad del continente africano.







