Durante los meses de octubre de 2019 el Cuerno de África —principalmente Kenia, Somalia y Etiopía— experimentó una temporada de lluvias inusitada que provocó graves inundaciones, pero también unas perspectivas muy optimistas para las cosechas de la siguiente temporada. Se equivocaban. Estas lluvias iban a traer algo más: una plaga, de las peores de las últimas décadas, de los fatídicos insectos ya mencionados en las plagas bíblicas: las langostas.
Estos insectos representan un grave peligro, ya que un enjambre de un kilómetro cuadrado de extensión puede llegar a concentrar más de 150 millones de langostas y devorar al día el alimento de 35.000 personas, amenazando la seguridad alimentaria de veinticinco millones de personas. En Kenia actualmente hay enjambres de sesenta kilómetros de largo y cuarenta de ancho. La FAO, la organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, ya ha calificado la situación como “extremadamente alarmante” y ha lanzado una petición de ayuda internacional para combatir a los millones de langostas que avanzan por el Cuerno africano y que de no controlarse podría llegar a aumentar hasta quinientas veces para junio.
No es la primera vez que una plaga de langostas asola a algunos de estos países. En 1949 y 1963 grandes enjambres de langostas también arrasaron los cultivos que encontraron a su paso por el este africano, la península arábiga o el suroeste asiático. Y la última gran plaga que asoló África entre 2003 y 2004 se extendió a más de veintitrés países y tardó dos años en controlarse. A pesar de ello, la actual plaga ha sido considerada por la ONU como la más devastadora en Kenia desde hace un siglo. Las langostas están devorando el Cuerno africano.
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