Política y Sociedad África

Yihadismo y cambio climático a la orilla del lago Chad

Yihadismo y cambio climático a la orilla del lago Chad
Imagen aérea del lago Chad. Fuente: Stuart Rankin (Flickr)

El lago Chad ha perdido el 90% de su extensión en los últimos cincuenta años a causa de la sobreexplotación de sus aguas y el cambio climático. La desaparición del que fuera el lago más grande del Sahel está provocando una crisis humanitaria, poniendo en peligro la seguridad alimentaria de más de diez millones de personas. Pero, además, está creando un terreno fértil para el aumento de la inseguridad y la proliferación de grupos armados como Boko Haram.

En los años sesenta, el lago Chad, situado en el cruce de las fronteras entre Nigeria, Chad, Níger y Camerún, era uno de los más importantes de África occidental. Tenía una superficie de 25.000 kilómetros cuadrados, similar a la isla italiana de Sicilia y al lago Erie, uno de los Grandes Lagos de América del Norte. Aunque sus aguas solo bañaran a esos cuatro países, también beneficiaban a Argelia, Libia, la República Centroafricana o Sudán. Durante la colonización, el lago Chad estuvo bajo control del África Ecuatorial Francesa, pero, cuando las potencias dibujaron las fronteras de Nigeria, Chad, Níger y Camerún, repartieron las islas del lago entre los nuevos Estados. Este oasis, que acogía 135 especies de peces y regaba las mejores tierras de pastoreo del Sahel —la gran franja que separa el desierto del Sáhara al norte y la sabana sudanesa al sur—, había quedado dividido.

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El lago comenzó a menguar a un ritmo alarmante a partir de los años ochenta, y su área se ha reducido un 90% respecto a mediados del siglo XX debido a la sobreexplotación, el cambio climático y las sequías. Estos factores, junto a la situación de cuádruple frontera, han generado un enclave para la circulación ilegal y para que grupos yihadistas como Boko Haram, surgido al norte de Nigeria, recluten agricultores o pescadores sin medios de subsistencia. Aunque existe una relación directa entre las zonas que están secándose y la incidencia de Boko Haram, la marginación y la pobreza de estas regiones también provocan el aumento de la violencia y el surgimiento de grupos armados.

Entre la sobreexplotación y el cambio climático

Las razones de la desaparición gradual del lago no parecen tener remedio a corto plazo. El cambio climático y la sobreexplotación humana han sido clave: la reducción de las lluvias en la región ha empequeñecido el lago y ha hecho que ganaderos, agricultores y habitantes de poblaciones cercanas busquen agua allí. Desde los años setenta se han construido presas y diques en Chad y en Nigeria para destinar esa agua a la agricultura, la ganadería y a proyectos hidroeléctricos que han modificado el curso de los afluentes, limitando el agua que llega al lago.

El lago Chad ha perdido un 90% de su capacidad desde los años sesenta. Fuente: Wikimedia

En contraste con la pérdida de agua, los alrededores del lago han ganado población. La región ha pasado de siete millones de habitantes en los setenta a treinta millones casi medio siglo después. El Sahel es una de las zonas con mayor tasa de crecimiento poblacional del mundo, con un incremento del 3,4% anual, pero no es solo cuestión de natalidad. En los últimos diez años, la presión demográfica ha aumentado por desplazados internos y refugiados que llegan huyendo de conflictos y de la violencia de Boko Haram, organización yihadista de origen nigeriano. Más de dos millones de desplazados viven alrededor del lago y, con este ritmo de crecimiento, se espera que la población total se duplique en los próximos veinte años.

Las consecuencias de la sobreexplotación del lago no se han hecho esperar. Hay especies animales en peligro de extinción, y las 200.000 toneladas de pescado anuales que se obtenían en los años sesenta se han reducido a la mitad. La escasez de alimento está provocando que en la cuenca del Chad haya 10,7 millones de personas necesitadas de ayuda humanitaria, de las cuales 4,4 millones están en inseguridad alimentaria severa, también por la pandemia del coronavirus. A su vez, cerca del 25% de las mujeres de la región ha sufrido una agresión sexual ante el aumento de la inseguridad y la violencia. Esta situación no afecta a toda la cuenca por igual, pues el lago se seca a diferentes ritmos en los cuatro países. Chad y Camerún conservan mucha más agua que Níger y Nigeria, lo cual genera diferencias entre ellos al plantear una respuesta coordinada.

Tierra y lago de conflictos

Las provincias más golpeadas por la desaparición del lago están en la propia cuenca, aunque los efectos se notan más allá. Las provincias que lindan con el lago, a excepción de Yamena, la capital de Chad, son generalmente las grandes olvidadas de sus respectivas capitales. Estas zonas de difícil acceso llevan años arrastrando problemas de desempleo, analfabetismo y corrupción, y la sequía profundiza la crisis al aumentar el desempleo entre pescadores, ganaderos y en toda la economía local.

En Nigeria, el colapso de la economía dependiente del lago ha provocado enfrentamientos y matanzas entre ganaderos y agricultores. Los primeros, al tener que abandonar sus tradicionales pastos a orillas del lago, están migrando hacia el sur. Estos movimientos, apoyados por el Gobierno, han generado rechazo entre los agricultores de los estados centrales del país, quienes han visto amenazada su economía y su religión. Los ganaderos del norte son sobre todo musulmanes, mientras que los agricultores son cristianos. Se calcula que entre 2016 y 2019 murieron cerca de 4.000 personas a raíz de esos enfrentamientos, seis veces más víctimas que las de Boko Haram. Así, un conflicto originado por la sequía del lago está creando un conflicto religioso en Nigeria, del cual se han fortalecido grupos armados extremistas.

Boko Haram, organización yihadista surgida en 2002 en el estado de Yobe, comenzó su trayectoria con un discurso salafista contra la corrupción y la pobreza de zona noreste musulmana del país. El grupo ha crecido en influencia y número de ataques, asesinando a más de 36.000 personas primero en torno al lago en Nigeria y después también en países vecinos. Boko Haram ha ganado peso por su violencia y por saber atraer a la población local. Sus integrantes convencían hace más de una década a los habitantes de las islas del lago para sumarse a sus filas, a cambio de recompensas necesarias en esa zona empobrecida como educación, dinero o simplemente una vida mejor. Con el tiempo, las recompensas se convirtieron en amenazas y reclutamiento forzoso. Para 2014, Boko Haram había aumentado el número de ataques, se extendía a los cuatro países del lago Chad y diezmaba cosechas en Nigeria y Camerún.

Con su integración en Dáesh en 2015, Boko Haram pasó a denominarse Provincia del África Occidental del Estado Islámico (Iswap, por sus siglas en inglés), pero tensiones internas hicieron que el grupo se dividiera un año más tarde. Ahora están el Iswap, respaldado por Dáesh, y el JAS, un grupo independiente liderado por Abubakar Shekau, antiguo comandante supremo de Boko Haram. La división ha deteriorado aún más la situación en el lago, con ataques a civiles y enfrentamientos contra ejércitos oficiales y entre las dos facciones. Ambos grupos son habituales en las cuatro fronteras del lago Chad y se benefician de la geografía cambiante que les proporciona su sequía. Por ejemplo, uno de los peores ataques sufridos en Camerún, en 2019, se dio en una isla surgida tras la desecación en la parte norte del lago. Las milicias saben aprovechar la fragmentación de este territorio fronterizo como parte de su estrategia militar. 

La militarización como respuesta

A falta de una solución hídrica para el lago Chad, los esfuerzos nacionales e internacionales se están centrando en la contención de la inseguridad y la violencia. En varias conferencias se ha pedido apoyo internacional para frenar y combatir a los grupos terroristas, como en la Conferencia Internacional de Oslo de 2017, en la que participaron los países implicados con apoyo de Alemania y la ONU. No obstante, la atención y recursos internacionales de los últimos años se han centrado más en otras crisis, como los conflictos en Siria o Yemen.

La estrategia principal para frenar el yihadismo y la inseguridad de esta región multifronteriza se ha canalizado en la Fuerza Multinacional Conjunta (MNJTF, por sus siglas en inglés), creada en 1994 por Nigeria y que se ha extendido a Chad, Níger, Camerún y Benín. La MNJTF surgió para enfrentar el contrabando en la cuádruple frontera, pero la multiplicación de los ataques terroristas le dio una nueva dimensión en 2014. Ha contado con el apoyo de la Unión Africana y la Unión Europea, y de países como el Reino Unido o Francia, con apoyo logístico, entrenamientos y recursos.

Sin embargo, la falta de coordinación entre los países de la cuádruple frontera ha debilitado estos esfuerzos. Por ejemplo, con el Ejército nigeriano centrando sus operaciones en las costas del sur del lago, el JAS se ha rearmado al otro lado de la línea divisoria con Níger. Mientras que los ejércitos nacionales se limitan a sus fronteras, los grupos radicales se mueven por todo el territorio.

Paralelamente, Burkina Faso, Chad, Mali, Mauritania y Níger crearon en febrero de 2017 la Fuerza Conjunta del G5 Sahel para luchar contra la inseguridad y los grupos terroristas de la región. Esa iniciativa se sumó a las misiones de la ONU, como Minusma en Mali, y a la operación francesa Barkhane. En principio, la MNJTF va más allá que la Fuerza Conjunta del G5 Sahel, pues su ámbito de actuación es más amplio, lidia con múltiples grupos terroristas y los ejércitos de los países que la crearon están mejor preparados y tienen más experiencia. 

Estos órganos regionales, además de los esfuerzos de cada país, están llevando a una creciente militarización de la zona. El Gobierno de Chad incluso declaró la región del lago “zona de guerra” en marzo de 2020, obligando a 55.000 habitantes a abandonar las islas y a trasladarse a la zona continental si no querían ser considerados miembros o colaboradores de los grupos yihadistas. El Ejército chadiano lanzó después una ofensiva para expulsar a los grupos terroristas, creando comités de vigilancia para que los miembros de Boko Haram no pasaran de la zona del lago al continente. Nigeria, por su parte, se ha abierto más a la cooperación y a aumentar su participación en la MNJTF desde la llegada del presidente Muhammadu Buhari en 2015. Sus operaciones se han centrado en el estado nigeriano de Borno, en la frontera con Chad y Níger, empujando al Iswap y al JAS hacia Níger, al norte.

Transaqua, la posible solución del trasvase

La Comisión de la Cuenca del Lago Chad, creada en 1964 por los cuatro países que lo rodean, baraja desde los años ochenta distintas propuestas para remediar la situación hídrica. El proyecto para crear una presa en la República Centroafricana que trasvase agua del río Congo al río Chari, uno de los afluentes del lago, es de momento la que tiene más partidarios. Se intentó por primera vez en 1982, pero la propuesta no se retomó hasta la Conferencia Internacional de Abuya de 2018. Este encuentro, bajo el lema “Salvemos el lago Chad”, fue un punto de inflexión en la estrategia para recuperarlo. Participaron más de ocho países africanos, Italia o China, y la ONU, y se recuperó el proyecto del trasvase bajo el nombre de Transaqua.

El proyecto Transaqua plantea la construcción de un canal de 2.400 kilómetros entre el río Congo y el río Chari. Fuente: Savelakechad

Las compañías Bonifica, de Italia, y PowerChina, que participó en la construcción de la presa de las Tres Gargantas en el río Yangtsé, en China, valoran el proyecto Transaqua en 50.000 millones de dólares. El gigante asiático también ve el proyecto como una manera de seguir aumentando su influencia en África. Sin embargo, a finales de 2020 el solo Gobierno nigeriano ha invertido cinco millones de dólares en un estudio de viabilidad. Además del trasvase, el proyecto Transaqua plantea la construcción de presas para generar electricidad a lo largo de los 2.400 kilómetros del canal. Pero los retos van más allá del presupuesto. Las repercusiones medioambientales son un gran problema, ya que el canal sería nueve veces mayor que los de Panamá y Suez juntos. Además, queda la incógnita sobre si Transaqua será efectivo para revertir la situación del lago Chad en los próximos veinte años, algo que según la trayectoria actual del proyecto parece difícil de cumplir.

Durante la Conferencia Internacional de Abuya de 2018 también se acordó la creación del proyecto Biósfera y Patrimonio del Lago Chad (Biopalt), por parte de la Unesco y financiado con 6,5 millones de dólares del Banco Africano de Desarrollo. Su objetivo principal es frenar la degradación del lago y mejorar las condiciones de vida de la población. Para ello contempla desde la restauración de los ecosistemas dañados hasta la mejora de la economía local, con medidas como la plantación de espirulina, un alga que podría ayudar al medio ambiente y a la población del lago con su comercialización.

La sobrexplotación prolongada de los recursos del lago Chad y los efectos del cambio climático han dejado en estado crítico a esta parte vital del Sahel. Los esfuerzos por recuperarlo y por mejorar su seguridad parecen tener aún un largo camino por recorrer. El proyecto Transaqua sigue sin ver la luz, los progresos de Biopalt han sido lentos y se desconoce el futuro de la relación entre el Iswap y el JAS, los miembros escindidos de Boko Haram. De momento, la alianza del primero con Dáesh le ha proporcionado experiencia, recursos y combatientes con los que ha crecido y aumentado sus ataques. Tratar una crisis tan amplia como esta exige más coordinación entre Gobiernos y un enfoque más allá de lo militar que aborde también la recuperación económica de la región. Pero hasta ahora las distintas iniciativas para mejorar la seguridad en el Sahel no han terminado de recoger la importancia estratégica, económica y social del lago Chad y su papel dentro de una solución integral todavía pendiente.

Alicia García

Alicia García

Madrid, 1994. Graduada en Ciencias Políticas por la UCM y Máster en Relaciones Internacionales por la Universidad de Sussex. Interesada en migraciones, seguridad internacional y procesos de paz, pero, sobre todo, en escribir sobre aquellas realidades menos mediáticas.

1 comentario

  1. Muy interesante el articulo, aunque propuesta de trasvase me parece tan viable como la presa puente del estrecho de Gibraltar (no creo que lo veamos ni en tres vidas)
    ¿Quien va a invertir 50000 millones de dolares en un proyecto así? Nadie, seria dinero a fondo perdido y es muy complicado que alguien este dispuesto a tirar por el sumidero tanto dinero. Creo que es mucho mas factible la propuesta recogida en el Cedex de un trasvase desde el rio Ubangui y un caudal de unos 900 m3/s y unos 200 km de canal (vs 2400 km de Transaqua), por lo que si suponemos un coste por kilómetro de canal similar en ambos casos, la inversión seria de unos 5000 millones.
    Un saludo.

    Pd. Si alguien quiere ver la propuesta que comento
    http://hispagua.cedex.es/sites/default/files/especiales/Trasvases%20Africa/chad.html
    http://hispagua.cedex.es/sites/default/files/especiales/Trasvases%20Africa/save_lakechad.pdf