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Las megaciudades del futuro tienen nombre africano

Las megaciudades del futuro tienen nombre africano
Skyline de la ciudad de Nairobi (Kenia). Fuente: Tracy Hammond (goodfreephotos)

Las ciudades crecen y las previsiones indican que continuarán haciéndolo. En los países en vías de desarrollo las zonas rurales seguirán vaciándose, y esto se traducirá en grandes retos para las ciudades que no dispongan de planes urbanísticos sólidos y a largo plazo. ¿Cómo se afrontará este cambio demográfico en África, el continente que tendrá el crecimiento demográfico más acelerado del mundo y que albergará dos de las ciudades más pobladas del planeta?

La ciudad más poblada del mundo por el momento es la capital de Japón, Tokio, con más de 38 millones de habitantes. Pero las previsiones afirman que en 2075 esta posición la ocupará una ciudad que ni siquiera está ahora entre las diez primeras: Kinsasa, la capital de la República Democrática del Congo. ¿Cómo se explica este crecimiento, concretamente en las ciudades del África subsahariana, donde en 2050 casi el 60% de la población vivirá en grandes ciudades? ¿Cómo se afrontarán las bolsas de pobreza y el aumento de la extensión de asentamientos irregulares en estas urbes?

La previsión para 2030 es que Kinsasa, una ciudad con una extensión similar a la de Madrid, tenga 20 millones de habitantes. Y se calcula que en 2075 llegará a los 58 millones, lo que se traduce en un 190% más en 45 años. La capital congoleña no será un caso aislado, sino que es representativo de una dinámica que se está consolidando: mientras que la población de las grandes ciudades de los países más desarrollados se estanca o su crecimiento se ralentiza, las de los países en vías de desarrollo crecen sin freno, sobre todo en el África subsahariana y en Asia. En África, el crecimiento urbano se debe por encima de otros a un factor principal: los movimientos migratorios de quienes se desplazan del mundo rural a zonas urbanas.

Megaciudades entre 2010 y 2100. A medida que avance el siglo XXI, más megaciudades se concentrarán en el África subsahariana. Fuente: VisualCapitalist

China e India, los dos países más poblados del mundo, suelen ser los primeros en los que se piensa al hablar de crecimiento poblacional. Pero África es el continente cuya población crece más rápido y Nigeria pasará de la séptima a la tercera posición entre los países más poblados del mundo en aproximadamente 30 años. En Lagos, la ciudad más grande del país, residen actualmente casi 14 millones de personas, pero esta cifra crece exponencialmente: recibe 85 nuevos habitantes cada hora. En Nigeria, el país con el mayor porcentaje de población que vive con menos de 1 dólar al día, las personas que llegan a Lagos buscan nuevas oportunidades, pero lo que encuentran es un mundo marcado por la desigualdad: mientras que las grandes fortunas enriquecidas con las ganancias que aporta la exportación del crudo viven en barrios prácticamente amurallados, el 70% de la población vive en barrios marginales donde corren el riesgo de ser expulsados arbitrariamente utilizando la higiene y la seguridad como argumento para echarles, como se hizo entre 2016 y 2017 con unas 30.000 personas que residían en un poblado chabolista en las afueras de la ciudad.

Para ampliar: “Favelas y cinturones de miseria en América Latina”, Teresa Romero en El Orden Mundial, 2019

De la misma manera, en la República Democrática del Congo, centenares de personas se embarcan en las aguas del río Congo desde las provincias del norte y noreste hacia Kinsasa huyendo de las consecuencias de un conflicto armado que parece no tener fin, y de la inseguridad provocada por los brotes de ébola o la violencia sexual. Se instalan en la capital, que ya tiene casi 14 millones de habitantes y que cada hora acoge a 63 personas más. La urbe un día fue conocida como Kin la belle (‘Kin la bella’en francés); ahora sus habitantes la llaman Kin la poubelle (‘Kin el cubo de basura’ francés) debido a que la mala gestión de sus aguas residuales y desechos inundó la ciudad. Kinsasa sigue siendo hermosa para la élite económica congoleña que vive en la zona de Citè du fleuve , pero en el resto de la ciudad la imagen más habitual es la de los pescadores que se abren paso entre las chabolas de autoconstrucción, en una megaciudad sin alcantarillado y sin un plan urbanístico

Otras ciudades de la región se encuentran en una situación igualmente preocupante, entre ellas  Luanda (Angola) y Johannesburgo (Sudáfrica). El negocio del petróleo ha atraído a muchos extranjeros y ha convertido a la capital de Angola es una de las más caras del mundo para vivir como expatriado. Pero, al mismo tiempo, la inseguridad y la desigualdad están a la orden del día. Después de la bajada de precios del carburante en 2014, la inflación y el mercado negro ─la única forma de encontrar medicinas para enfermedades como la neumonía─ se apoderaron de la economía, lo que ha aumentado la criminalidad, ha facilitado la continuidad de un modelo de instituciones corrompidas y ha perpetuado la desigualdad. A pesar de esto, el crecimiento urbanístico no se frena, por lo que la ONU también la incluye en la lista de ciudades que se convertirán en megaciudades de aquí a 2030

Johannesburgo, la capital financiera de Sudáfrica, también sufre los efectos de la creciente urbanización. A esta gran ciudad llegan personas de las provincias circundantes en busca de trabajo y oportunidades, pero también para tener los servicios básicos más cerca. Este crecimiento demográfico supone una mayor demanda de recursos y una generación más alta de residuos que gestionar de forma sostenible, por lo que es fundamental una planificación urbanística estratégica para el país africano. Sudáfrica todavía arrastra la herencia del apartheid, que dejó un marco de desigualdad y segregación racial que sigue estando presente. Por otro lado, la falta de infraestructuras de transporte hace que muchas comunidades vivan lejos de todo servicio, por lo que deciden emigrar hacia la gran ciudad y se instalan en asentamientos informales donde no existen medios de saneamiento y de suministro adecuados. Frente a esta segregación física, Johannesburgo está construyendo puentes y otras infraestructuras para conectar los distintos barrios de la ciudad y evitar las graves consecuencias que conlleva esta división.

Para ampliar: “El legado de la exclusión social en Sudáfrica”, Fernando Rey en El Orden Mundial, 2019

Estos ejemplos permiten identificar los motivos principales que motivan las migraciones hacia grandes ciudades de África subsahariana, unos movimientos que son comúnmente internos e intrarregionales, con prevalencia de aquellos que se originan en las áreas rurales más marginadas hacia los centros urbanos. Así pues, en una región donde casi el 60% de la población vive en el campo, la falta de infraestructuras adecuadas y de oportunidades hace que sus habitantes quieran emigrar hacia áreas urbanizadas. Igualmente, los conflictos y la inestabilidad política que se extienden en la región también obligan a la gente a huir de las zonas más remotas, especialmente si están cerca de zonas fronterizas. Y, por último, los efectos del cambio climático, como inundaciones o sequías, ya están motivando a muchos a emprender el éxodo a las ciudades. Ante esa afluencia de llegadas, ciudades como Luanda, Kinsasa o Lagos se enfrentan a problemas de vivienda, infraestructuras de saneamiento, planificación urbanística, desigualdad, transporte y contaminación.

En el barrio de Kilamba, en Luanda, se está desarrollando un modelo de planificación urbanística para paliar la falta de infraestructuras de saneamiento y de viviendas adecuadas. Pero la realidad es que estas casas son construidas por empresas chinas, y se levantan en terrenos donde antes vivían luandeses a quienes, después de ser expulsados, se les ofrece una vivienda nueva por un alquiler cuatro veces más alto que el que pagaban en primer lugar. El resultado es que muchos de los apartamentos acaban vacíos u ocupados por personas de un poder adquisitivo más alto, por lo que se hace evidente la necesidad de implementar políticas pensadas para aquellas personas más vulnerables que llegan a la ciudad en busca de oportunidades. 

Para ampliar: “China en África: del beneficio mutuo a la hegemonía de Pekín”, Pablo Moral en El Orden Mundial, 2019

La marginalidad habitacional se traducirá también en importantes bolsas de pobreza. En Nigeria, seis personas pasan a vivir en una situación de pobreza extrema cada minuto. Paliar esa lacra pasa en parte por medidas como las pensiones que reciben todas las personas mayores de 60 años que no tienen rentas altas en Sudáfrica, o la inversión mayor en educación que lleva a cabo Etiopía. Por otro lado, también se precisa dinamizar la economía y el mercado laboral para revertir las situaciones de desigualdad económica propias de muchos de los países del África subsahariana.

Crecimiento poblacional por hora estimado en ciudades seleccionadas. Lagos y Kinsasa son dos de las ciudades que más rápidamente crecen del mundo. Fuente: We Build Value

Otro gran reto será desarrollar medios de transporte asequibles para que no suceda lo que en ciudades como Johannesburgo, donde la población que vive en los barrios más empobrecidos y que no tiene medios para mantener su vehículo privado destina el 40% de sus ingresos al transporte. El proyecto de construcción de puentes para conectar barrios segregados es un buen ejemplo de cómo el cambio urbanístico puede propiciar transformaciones sociales y económicas, acercando comunidades y facilitando la movilidad de los que tienen menos recursos económicos. En esta misma línea, el Gobierno sudafricano ha publicado una guía para la planificación urbanística integral dirigida a los Gobiernos locales que da algunas pautas para facilitar esta mejora en la vida de las personas mediante el desarrollo urbanístico. 

Para ampliar: “Adónde migran los africanos”, Pablo Moral en El Orden Mundial, 2018

Finalmente está el problema de la contaminación, que se estima provoca más muertes prematuras que la malnutrición o el agua no potabilizada. La quema de carbón vegetal y madera en las cocinas de muchos de hogares y el uso de carburantes altamente contaminantes en grandes ciudades obligará a los Gobiernos locales a tomar decisiones realmente transformadoras, al contrario de lo que se hizo en su día en Nigeria trasladando la capital de Lagos a Abuya.  ¿Qué medidas podrían tomarse? Invertir en redes de transporte público suficientes, definir normativas más restrictivas en el uso de combustibles fósiles y facilitar el acceso a modelos de cocina no contaminantes para garantizar la seguridad en los hogares de las familias con menos recursos económicos. 

Para conseguir algo parecido al ideal de ciudades de la urbanista canadiense Jane Jacobs, que adaptan el espacio público y hacen las metrópolis más habitables, o a aquello recogido en los Objetivos de Desarrollo Sostenible se necesita tiempo, pero con la llegada masiva de nuevos residentes, las megaciudades del África subsahariana no disponen de ello. Es por eso que una alternativa sería actuar para mitigar las causas de los movimientos migratorios, reduciendo la conflictividad en la región, desplegando infraestructuras adecuadas en las zonas rurales e incentivando el dinamismo económico y el desarrollo en estas zonas.

Las ciudades africanas también necesitan definir planes urbanísticos con una perspectiva que tenga en cuenta que el espacio físico y los elementos sociales y económicos están interrelacionados. Y, por otro lado, sus Gobiernos tendrán que incidir en la dinamización del mercado laboral, para que los migrantes llegados puedan encontrar las oportunidades que buscan y reducir también la pobreza. Hay que empezar a impulsar medidas cuanto antes; de lo contrario, difícilmente Lagos podrá ser la que algunos llaman la megaciudad del futuro o la Singapur africana. 

Para ampliar: “Mientras las ciudades crecen”, Clara R. Venzalá en El Orden Mundial, 2018