Cuando terminó la Segunda Guerra Mundial en 1945, las potencias vencedoras no aceptaron el Gobierno provisional de Flensburgo ni cualquier otra autoridad alemana para evitar que en el país resurgiera el nacionalismo, como había ocurrido tras la Gran Guerra. En cambio, la Unión Soviética, Estados Unidos, el Reino Unido y Francia decidieron en la Conferencia de Yalta repartirse la administración de Alemania en cuatro zonas de ocupación militar. Aunque Berlín se encontraba en la zona soviética, también sería dividida de la misma forma.
Alemania, atravesada por el telón de acero, reflejaba la división del mundo en dos bloques durante la Guerra Fría. Las zonas estadounidense, británica y francesa se unieron en la República Federal Alemana (RFA) en 1949. La Unión Soviética respondió proclamando la República Democrática Alemana (RDA), que se convirtió en un Estado socialista, con una economía planificada y gobernado por el Partido Socialista Unificado de Alemania.
Una pieza clave para consolidar la RDA fue la creación del Ministerio para la Seguridad del Estado, más conocido por su abreviatura en alemán, Stasi. Esta agencia de inteligencia, fundada el 8 de febrero de 1950, siguió el modelo de servicios secretos soviéticos, que en 1954 evolucionaron hacia el KGB, con el que colaboró desde su dependencia hasta ser uno de los mejores servicios secretos en los años sesenta.
La Stasi, una policía tan secreta como eficaz
Con el objetivo de garantizar la seguridad del nuevo régimen, la Stasi persiguió todo tipo de oposición política. Aunque en un inicio tenía un personal bastante reducido, encargado de la contrainteligencia y de eliminar los restos del nazismo, pronto se transformó en un gran aparato de vigilancia interna y externa. La incapacidad de controlar la sublevación obrera de 1953, respaldada por miles de manifestantes contra el Gobierno, precisó la ayuda soviética y conllevó la sustitución del primer director de la Stasi, Wilhelm Zaisser, por Ernst Wollweber. Pese a sus intentos por fortalecer el poder interior y blindarlo de la influencia occidental, Wollweber fue reemplazado por Erich Mielke en 1957.
Mielke dirigió la Stasi hasta su final, convirtiéndola en uno de los servicios de inteligencia más eficaces del mundo. Infiltrada en todas las esferas de la sociedad de la RDA, a las detenciones arbitrarias y la tortura añadió la zersetzung (‘descomposición’) para reprimir la disidencia de forma sutil. Esta técnica de acoso psicológico consistía en intimidar, manipular, deteriorar la salud mental y aislar socialmente a los opositores. Asimismo, la Stasi realizaba una vigilancia continua gracias a una extensa red de agentes profesionales, además de informadores no oficiales entre la población, incluidos menores de edad.
Esta red de espionaje fue fundamental en el extranjero, perfeccionada por Markus Wolf como jefe de los servicios exteriores desde 1957. Colaboró con otros servicios secretos de Europa del Este, apoyó a grupos terroristas de Alemania Occidental, como la Facción del Ejército Rojo, e impulsó operaciones exitosas en Occidente. Por ejemplo, llegó hasta el cuartel de la OTAN en Bruselas, consiguiendo material durante veinte años, e infiltró al agente Günter Gillaume en el Gobierno de la RFA, lo que provocó la dimisión de su canciller, Willy Brandt.
De la disolución a la deuda con los ciudadanos
En los años ochenta, sin embargo, las políticas de apertura del presidente soviético Mijaíl Gorbachov no fueron bien recibidas dentro de la Stasi, que intentó contener las demandas populares. Pero entre las reivindicaciones de libertad y democracia en las manifestaciones de los lunes, iniciadas en septiembre de 1989, estaba la disolución de la propia agencia. Estas protestas desencadenaron la dimisión del presidente Erich Honecker en octubre y, finalmente, la caída del Muro de Berlín en noviembre.
Ante su inminente disolución, los agentes de la Stasi intentaron destruir la información, pero los ciudadanos tomaron la sede central de Berlín en enero de 1990 para salvar los documentos. El nuevo Gobierno, fruto de unas elecciones libres, disolvió la Stasi en febrero. Tras la integración de la RDA en la RFA para reunificar Alemania, se creó el Archivo de Registros de la Stasi con el objetivo de reconstruir todos sus documentos para así abrir los archivos oficiales y ofrecer a los alemanes el derecho a ver su expediente personal en el régimen ya extinto.