La historia moderna de Irán comienza en 1926, cuando la antigua monarquía Kayar sufrió un golpe de Estado a manos del general Reza Jan Pahlaví, que se proclamó rey de reyes (sah) y fundó la dinastía Pahlaví. Durante su reinado, en el que sustituyó el nombre de Persia, intentó modernizar el país, pero sus reformas de corte occidental, como la ley de 1936 que prohibía a las mujeres llevar velo en público, y su campaña de represión contra toda disidencia interna, enfurecieron a la población y en especial al clero.
En política exterior, la simpatía de Reza Jan con la Alemania nazi le costó el trono, ya que provocó la invasión anglo-soviética del país en 1941 y la abdicación en favor de su hijo. El nuevo sah, Mohamed Reza Pahlaví, reinaría hasta la proclamación de la República Islámica en 1979.
El último sah
Aunque el régimen de Mohamed Reza, basado en la Constitución kayar de 1906, fue al inicio más abierto que el de su padre, la sociedad condenó sus relaciones con el Reino Unido, al que permitía explotar el petróleo iraní a cambio de apoyo político y militar. Esta alianza hizo que en 1949 varios partidos formasen el Frente Nacional, una organización política a favor de nacionalizar el petróleo y contraria a la monarquía probritánica. Nada más ser elegido democráticamente primer ministro en 1951, el líder del Frente, Mohamed Mosadeq, nacionalizó el petróleo, pero dos años después el Renio Unido y Estados Unidos organizaron un golpe de Estado con el apoyo del sah para recuperar su explotación.
A partir de entonces, la monarquía Pahlaví quedó asociada con Occidente y en concreto con Washington, su nuevo aliado principal. El sah, además, endureció sus políticas y creó el servicio secreto de inteligencia Savak para eliminar toda oposición interna. Pero lo que terminó de enfurecer a los iraníes fue el programa de reformas que lanzó en 1963 para mejorar la economía y controlar al clero. El objetivo era occidentalizar Irán para homologar su régimen dictatorial ante Estados Unidos y las democracias europeas, lo que la población interpretó como otro intento de disolver su identidad persa e islámica. Fue entonces cuando cobró protagonismo el ayatolá Jomeini, crítico con el occidentalismo y secularismo del sah.
Nace la República Islámica de Irán
Desde 1963, Ruhollah Jomeini lideró la oposición del clero al régimen del sah, junto con los nacionalistas liberales y marxistas que también lo rechazaban. Este sexagenario líder chií, mayoría religiosa en Irán, destacó por su mensaje combativo y rebelde que identificaba Occidente con la dictadura de Mohamed Reza y reivindicaba el islam como verdadera identidad iraní. Sus críticas, sin embargo, le obligaron a exiliarse al vecino Irak, donde siguió liderando la oposición islamista.
Con el descontento social en aumento, el sah respondió a las manifestaciones comprando equipamiento militar y aumentando la represión. La situación era insostenible para 1977, año en que inició la Revolución iraní, una serie de protestas que acabaron con el derrocamiento de Mohamed Reza en enero de 1979 y con 2.500 años de monarquía persa. Con el sah exiliado en Egipto, Jomeini regresó a Irán y el 11 de febrero de 1979 proclamó la República Islámica, que sería ratificada por el 99% de la población. El nuevo régimen se basaría en el gobierno del alfaquí, un sistema en el que los juristas islámicos son la máxima autoridad.
Sin embargo, la disputa entre liberales, religiosos y marxistas no se hizo esperar. Los jomeinistas crearon entonces el Partido de la República Islámica y la Guardia Revolucionaria, y aprobaron una nueva constitución, que establecía un sistema gobernado por el ayatolá, con un presidente elegido democráticamente con el beneplácito del Parlamento y un cuerpo jurídico-eclesiástico para garantizar el cumplimiento de la ley islámica.
Cuando la República se consolidó en 1988 tras acabar la guerra contra Irak, enemigo frente al que se había legitimado, ya no quedaba oposición interna: Irán se había convertido en la única teocracia chií de Oriente Próximo. Desde entonces, su política exterior se basa en el antioccidentalismo, que demoniza a Estados Unidos mientras impulsa su programa nuclear, y en el islamismo, que le sirve para tejer alianzas con los grupos chiíes de los países árabes.






