El medallista olímpico iraní que se convirtió en un símbolo contra el régimen del sah

Gholamreza Tajtí, medallista olímpico iraní en lucha grecorromana, pasó de campeón para beneficio publicitario del régimen autoritario del sah a caer en desgracia tras alejarse del discurso oficial. Su muerte en 1968, en extrañas circunstancias y con apenas 38 años, desató un clamor popular e hizo de él mito aún vigente para quienes buscan un cambio político en el país.
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El medallista olímpico iraní que se convirtió en un símbolo contra el régimen del sah
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El cadáver del luchador olímpico Gholamreza Tajtí fue encontrado en la habitación de un hotel del centro de Teherán el 7 de enero de 1968. Llevaba días hospedado allí después de haberse trasladado desde su residencia habitual en el barrio de Janiabad para manifestarse contra la dictadura de Mohamed Reza Pahlaví, el sah de Irán y último heredero de una monarquía milenaria.

La muerte de Tajtí se investigó como un suicidio, pero su activismo político, siempre ligado a la reivindicación contra el Gobierno, levantó las suspicacias de la población sobre el Savak, el servicio secreto, y su multitudinario funeral se convirtió en una sentida e improvisada manifestación. “No lloréis por mí, llorad por nuestra desgracia”, rezaba la esquela al día siguiente en Towfigh, uno de los diarios satíricos más importantes de la época.

Hosein Towfigh, editor del diario y amigo personal de Tajtí, lo quiso dejar también por escrito justo antes de que la censura oficial cerrara su redacción meses más tarde: “Fue asesinado, pero nos querrán decir que se suicidó”. El hijo del campeón, en cambio, sigue manteniendo que lo que acabó con su padre fueron la depresión y una combinación letal de pastillas y alcohol. A más de medio siglo de la muerte de Tajtí, y cuando acaba de estrenarse una película sobre su vida a bombo y platillo en Irán, las preguntas vuelven a aflorar: ¿cómo un luchador de clase baja del sur de la capital se convirtió en un símbolo de la lucha contra la represión? ¿Por qué cada 7 de enero cientos de iraníes se echan a la calle o acuden a su tumba a darle las gracias? Las respuestas van más allá de sus tres medallas olímpicas.

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Matías Rebolledo

Santiago de Chile, 1995. Entre unos porotos con rienda y un arroz con costra. Graduado en Periodismo y Relaciones Internacionales. Crítico de cine y redactor de cultura para La Razón. Antes en El Mundo, ABC y la Agencia EFE. Me interesa el arte, el entretenimiento y todo lo que alguien ose a no tomarse en serio. Poder blando es poder de cambio.