1 de marzo de 1954

1 de marzo de 1954: Estados Unidos detona la bomba nuclear Castle Bravo

Las Islas Marshall fueron el campo estadounidense de pruebas nucleares durante la Guerra Fría. En el archipiélago del Pacífico, el atolón Bikini vio la explosión de su mayor bomba termonuclear, Castle Bravo. El deterioro causado perpetuó la dependencia del país hacia Washington.
1 de marzo de 1954: Estados Unidos detona la bomba nuclear Castle Bravo
Explosión de la bomba Castle Bravo en el atolón Bikini de las Islas Marshall. Fuente: Gobierno federal de Estados Unidos (Wikimedia Commons)

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La Guerra Fría dio inicio también a una carrera entre las potencias por desarrollar armas nucleares. Estados Unidos, que las había estrenado en Hiroshima y Nagasaki en 1945, decidió realizar sus pruebas en las Islas Marshall, que controlaba tras liberarlas de Japón en la Segunda Guerra Mundial. Algunos de sus atolones, islas en torno a arrecifes de coral, tenían las condiciones adecuadas: una ubicación aislada, poca población y un clima estable. 

Hasta entonces, solo Estados Unidos poseía armas nucleares, y sus nuevos ensayos empezaron al año siguiente con la operación Crossroads en el atolón Bikini. Cuando la Unión Soviética detonó su primera bomba atómica en 1949, el Gobierno estadounidense respondió con más inversión para investigar la bomba termonuclear, mucho más destructiva. Las primeras pruebas llegaron en 1952 con la operación Ivy en el atolón Enewetak. Dos años después, el 1 de marzo de 1954, Estados Unidos detonó su bomba nuclear más potente como parte de la operación Castle, la Castle Bravo.

La mayor bomba de hidrógeno estadounidense

Las bombas termonucleares o de hidrógeno fueron más allá de las primeras bombas atómicas, basadas en la fisión nuclear o división de núcleos atómicos pesados en otros más ligeros. Estas detonan las bombas termonucleares, que aprovechan las altas temperaturas de la fisión nuclear para fusionar dos núcleos atómicos, generando más energía para producir una fisión mucho mayor. Este proceso multiplicó por mil la potencia del armamento nuclear, que comenzó a medirse en megatones.

La novedad de Castle Bravo consistía en reducir su tamaño y peso para poder trasladarla en aviones bombarderos gracias a sustituir el dispositivo termonuclear «húmedo», que contenía hidrógeno líquido, por uno «seco». Así, como combustible de fusión, Castle Bravo utilizó deuteruro de litio, que es sólido a temperatura ambiente. Sin embargo, un error de cálculo subestimó la capacidad de absorción de esta composición, cuyo rendimiento de 15 megatones triplicó los cinco estimados. Entonces ocurrió el accidente nuclear más grande de Estados Unidos, casi mil veces más potente que la explosión en Hiroshima, y la quinta mayor prueba de la historia, lejos de los 50 megatones de la bomba soviética del Zar en 1961. La Guerra Fría escalaba a la amenaza termonuclear.

Castle Bravo: radiación y más pruebas

A pesar de las evacuaciones, los efectos inesperados y el desconocimiento de las pruebas expusieron a los habitantes de los atolones cercanos, como Rongelap y Utirik, a la lluvia radiactiva. Los militares estadounidenses y los barcos de alrededor también se sometieron a grandes niveles de radioactividad. Pero ni los problemas de salud y medioambientales ni la evidencia de que la radiación llegaba hasta Australia, India, Japón e incluso Estados Unidos detuvieron los ensayos nucleares, que se intensificaron hasta 1958, el año con más actividad. 

Ese año las críticas internacionales impulsaron una moratoria temporal para frenar la producción. Acordada entre Estados Unidos, la URSS y el Reino Unido, esta disposición allanó el camino al Tratado de prohibición parcial de ensayos nucleares de 1963. Hasta 1958, Estados Unidos había realizado 67 pruebas nucleares en las Islas Marshall, y después continuó probando allí armas convencionales y biológicas.

La responsabilidad estadounidense en la reconstrucción de Bikini

Cuando comenzaron las pruebas en el atolón Bikini, los habitantes fueron desplazados a las islas Rongerik y Kili por la falta de productos de primera necesidad. Sin embargo, los recursos escaseaban en ambas islas, por lo que Estados Unidos enviaba alimentos procesados. También se intentó reconstruir el atolón Bikini para permitir el regreso de los isleños, que volvieron a ser reubicados en 1978 debido a la radiación en un lugar todavía deshabitado.

Las autoridades estadounidenses recogieron los residuos radiactivos de las Islas Marshall, junto con los del campo de pruebas de Nevada, en una cúpula de hormigón, conocida como “la Tumba”, en el atolón Enewetak. Aunque el país se independizó con el Tratado de Libre Asociación en 1986, este obligaba a Estados Unidos a compensarlo por los daños, por lo que indemnizó al pueblo marshalés con 150 millones de dólares. Sin embargo, la progresiva subida del nivel del mar por el cambio climático pasó a deteriorar la cúpula, lo que ha aumentado los niveles de radiación. Por ello, las Islas Marshall han presionado a Washington por más ayuda económica, reforzando a la vez su dependencia.

Cristina Bermejo

Aranda de Duero, 1999. Graduada en Sociología, Relaciones Internacionales, y Experta en Desarrollo. Interesada en conflictos sociales, derechos humanos y migraciones, así como en temas de género y cultura.

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