“Nos volveremos a ver”. Escasas horas antes de la llegada de Joe Biden al poder en enero de 2021, Donald Trump se subió última vez en el helicóptero Marine One y, despidiéndose de una docena de periodistas, abandonó la Casa Blanca acompañado por su esposa, Melania, que vestía de riguroso negro. Así, el magnate se despidió del frío Washington para refugiarse en Mar-a-Lago, su soleado club privado a la orilla del océano Atlántico en Florida. Pronto, desde su nuevo hogar, planeó su vuelta al Despacho Oval.
Cuatro años atrás, el “Estado del Sol” había ganado relevancia política con las visitas del primer ministro japonés Shinzo Abe o el presidente chino Xi Jinping a la “Casa Blanca de Invierno”. Pero su influencia no haría nada más que aumentar. Para anunciar su última contienda presidencial, Trump eligió una barroca sala de su residencia en Florida a escasos kilómetros de donde daría el primer discurso tras su segunda victoria presidencial. Atrás quedaban los años en Nueva York, desde donde hace una década el magnate anunció su primera candidatura tras bajar del famoso ascensor de la Torre Trump, en la Quinta Avenida.
El eje de poder, parecía sugerir el republicano, se había desplazado al sur con él, en busca de buen clima y bajos impuestos. Los políticos republicanos no tardaron en peregrinar a expresar su lealtad a la meca del ostentoso Palm Beach. “Hará un gran trabajo convirtiendo Estados Unidos en Florida”, anticipó el alcalde de Miami a finales de 2024 a The Times. El país mira con nuevos ojos a un estado que, hasta hace poco, era reducido a una caricatura de hombres que luchan contra caimanes y mujeres que dicen ser la primera dama.
Florida, el eje poblacional que define Estados Unidos
La creciente influencia de Florida no se entiende sin la inmigración del último lustro. En 2020, más de 800.000 personas se mudaron allí desde otras partes del país o del mundo. Si en 2010 Nueva York era el tercer estado más poblado y superaba a Florida en casi 600.000 habitantes, en 2024 el estado sureño le aventajaba en más de un millón. A diferencia de Florida, Nueva York había adoptado restricciones por la pandemia, lo que hizo que un 13,5% de los nuevos residentes en 2020 vinieran de allí. Además, en 2022, Florida fue el estado con más aumento poblacional por primera vez desde 1957, según el Censo.
Otro atractivo ha sido ser uno de los siete estados sin impuesto sobre la renta. Muchos milenials aprovecharon el teletrabajo para instalarse allí y ahorrar más: un 29,3% de la población que se mudó al estado entre 2021 y 2022 era de esa generación, por delante de los boomers y la generación X. Además, con un 48,9% de nuevos residentes casados, muchos probablemente se asentaron para formar una familia aprovechando la alta oferta de vivienda. Esa moda para los jóvenes se sumaba al tradicional favoritismo para los jubilados del país, gracias a sus temperaturas, ocio y localidades centradas en la tercera edad.
Además, Florida sigue siendo un foco de población latina en Estados Unidos. Si hace veinticinco años esta minoría representaba el 17% de la población estatal, para 2030 sería un 23%, según proyecciones de la Universidad de Florida. De ser así, supondría cuatro puntos más que las minorías negra, asiática y nativa juntas, mientras que la población blanca no latina caería del 66% al 59%. En 2022, hasta seis millones de personas se identificaban como latinas en Florida, 1,8 millones más que doce años antes.
Este crecimiento poblacional ha fortalecido el protagonismo cultural del estado. La feria Art Basel, que toma las calles de Miami Beach cada invierno desde hace más de dos décadas, ha cobrado relevancia internacional en los últimos años, transformando la ciudad en un centro global de arte contemporáneo. El Festival de Cine de Miami, desde 1984, también ha aumentado el impacto artístico de la ciudad, y este año contó con doscientas películas, cortos y documentales de 45 países. Además, a residentes como Enrique Iglesias y Shakira, quien actuó en la Super Bowl de 2020, se han sumado otros que han hecho de Miami el centro de la industria musical latina en Estados Unidos, o figuras globales como el futbolista Lionel Messi.
Con todo, el aumento poblacional de los últimos años en Florida ha influido sobre todo en su peso político. En las elecciones presidenciales del 2000, el estado contaba con veinticinco votos en el Colegio Electoral, el órgano que decide quién se convierte en presidente, detrás de California, Nueva York y Texas. En las elecciones de 2024 fueron treinta, gracias a la migración interna, superando por primera vez a Nueva York. Esta consolidación de poder ha disparado el atractivo de Florida, sobre todo entre los conservadores.
La corte republicana tiene su trono en el Estado del Sol
Florida ha sido un estado disputado, pero en la última década se ha convertido en un bastión para el Partido Republicano. En 2016 se decantó por Trump por apenas 1,2 puntos sobre Hillary Clinton, y en las midterms de 2018 el veterano senador demócrata Bill Nelson perdió contra el republicano Rick Scott. Progresivamente, los conservadores aumentaron su margen: Trump le ganó en 2020 a Biden por tres puntos y en 2024 a Kamala Harris por trece, la victoria más amplia desde 1988. Los comicios estatales han ido en esa línea: después de un historial demócrata, todos los gobernadores de este siglo han sido republicanos. Tras ganar en 2018 por apenas 0,4 puntos, Ron DeSantis obtuvo el 59,4% de los votos en 2022. Actualmente, el Partido Republicano tiene veintisiete senadores y 87 representantes en el Congreso estatal, frente a diez y 32 del Partido Demócrata, respectivamente, su menor apoyo desde al menos el año 1900.
Como el medio Politico tituló el pasado mayo, “los demócratas de Florida se están desmoronando”. Esta debacle se debe a la falta de organización, peleas internas y una falta de respuesta unificada ante las acusaciones republicanas de “socialistas”, un apelativo que despierta recelos entre gran parte de la población del estado. Además del retroceso demócrata, los republicanos se consolidaron gracias a las medidas antirestrictivas de DeSantis durante la pandemia. Mientras que estados como Nueva York adoptaban confinamientos, Florida declaraba la guerra a las regulaciones, levantando las restricciones a restaurantes y otros negocios en otoño de 2020 o prohibiendo la obligatoriedad de las vacunas de covid-19 en 2021. Al año siguiente, el gobernador declaraba que el estado estaba a la “vanguardia de la libertad”, un mensaje que, sumado a su discurso populista contrario a los ideales liberales, resonó entre los votantes.
El apoyo a los republicanos ha hecho de Florida un laboratorio para el proyecto nacional de DeSantis, precandidato presidencial republicano en 2024, y para Trump. DeSantis implementó medidas como la ley de 2022 conocida como ‘No digas gay’, que prohíbe las discusiones sobre sexualidad y orientación de género en las escuelas del estado, o la ley de 2023 que permite portar armas sin necesidad de permiso. Trump, contrario a las políticas de diversidad y a regular el uso de armas, ha recompensado su lealtad ideológica, nombrando a la exfiscal Pam Bondi como fiscal general de Estados Unidos o al exsenador Marco Rubio como secretario de Estado. Sumados a la jefa de gabinete, Susie Wiles, al embajador ante la ONU, Mike Waltz, y a otros ante países latinoamericanos, muchos hablan del “efecto Florida”.
Los latinos también le han dado protagonismo político al estado. Hace cuatro años, Florida era el tercer estado con mayor número de población hispana, por detrás de California y Texas. Esta población, clave en la victoria trumpista de 2024, podría representar un 19% del electorado en 2036, afianzándose como la principal minoría del país. Con un 64% de la diáspora cubana en Estados Unidos, un grupo más conservador que el resto de latinos, Florida ha sido un centro conservador latino, pero otras comunidades protagónicas como la venezolana o la puertorriqueña también viraron hacia la derecha en las últimas elecciones. Sin embargo, decisiones como la posible eliminación de protecciones legales a venezolanos o las deportaciones masivas pueden hacer peligrar la popularidad republicana entre los latinos del estado.
El motor económico detrás del ascenso político
El auge político de Florida tampoco se entiende sin su crecimiento económico. La Gran Recesión había dejado al estado con un 11,9% de desempleo en octubre de 2010, una de las peores tasas de Estados Unidos. Como recogió un estudio de la Florida International University, “Florida fue a la vez un estado líder de la recesión y uno de los más afectados debido a la vulnerabilidad ante el desplome del mercado inmobiliario”. Sin embargo, tras el bache por la pandemia, el mismo informe recogía una tasa de desempleo del 2,7% en mayo de 2023. Además, los ingresos familiares medios en 2022 eran de 61.176 dólares, 14.000 dólares más que en 2015. Como dijo DeSantis en 2024, “Florida supera continuamente a la economía nacional”: ese mismo año, el PIB estatal creció un 3,6% frente a un 2,8% del de Estados Unidos.
Detrás de ese crecimiento hay varios sectores. Uno de ellos ha sido el turismo, que supuso un 10% del PIB estatal en 2023 gracias a destinos tradicionales como Walt Disney World y a sus kilométricas playas. Además, Florida es una región agrícola, y hace dos años era el principal productor nacional de floricultura, caña de azúcar o sandías. De hecho, el 51% de las naranjas variedad Valencia que se consumen en Estados Unidos vienen de Florida, también conocido como el “estado de la naranja”, en honor a su fruta oficial. Otro sector en auge es el tecnológico, con especial peso alrededor de Orlando, y en particular los semiconductores, que han hecho al estado el quinto en número de trabajadores de la industria. Como parte de la carrera con China, el Departamento de Defensa le otorgó en 2023 un contrato de más de cien millones de dólares al condado de Osceola para desarrollar microchips en el centro de investigación NeoCity.

Además, los bajos impuestos y la ausencia de uno sobre la renta han atraído a empresas y empresarios. El fondo de cobertura Citadel, uno de los más importantes del país, se trasladó de Chicago a Miami en 2022 en parte por sus ventajas fiscales, una decisión que ya habían tomado otras grandes compañías como la inversora Elliott Management en 2020. A ello se suman millonarios como el veterano Carl Icahn o Jeff Bezos, dueño de Amazon. Esta concentración ha dado lugar al llamado ‘Wall Street del sur’, en referencia a la zona financiera de Manhattan. Según estimaciones de Bloomberg, Nueva York y California han perdido dos billones de dólares en activos desde 2019 debido a firmas que se han trasladado a otros lugares como Miami. Según el think tank Tax Foundation, Florida estaba cuarto en su índice estatal del clima fiscal para los negocios, mientras que Nueva York y California eran el último y antepenúltimo, respectivamente.
Pero Miami no es el único polo económico entre las ciudades de Florida. Otro emergente es Orlando, que el año pasado aumentó en un 2,5% las ofertas de empleo, el porcentaje más alto en las treinta áreas más pobladas del país. También está Tampa, donde el ingreso medio de las familias aumentó más de un 15% entre 2023 y 2024, la subida más importante en las cincuenta ciudades más grandes del país en un año. Incluso la sede de la NASA podría trasladarse de Washington a Florida, probablemente a Cabo Cañaveral, como han pedido los dos senadores republicanos de Florida en un proyecto de ley introducido este año.
¿Sobrevivirá el atractivo de Florida a un futuro sin Trump?
El crecimiento poblacional y económico pospandemia ha convertido a Florida en la joya de la corona para el Partido Republicano, especialmente gracias a los lazos de Trump. Proyecciones recientes estiman que el estado se acercaría veintiséis millones de personas en 2035, dos millones y medio más que ahora, lo que lo afianzaría como el tercero más poblado de Estados Unidos. De ser así, su influencia en el Congreso aumentaría tras el próximo censo, que tendrá lugar en 2030. Florida podría ganar cuatro escaños, mientras que Nueva York perdería dos y California perdería tres. Sumado a los cuatro que ganaría Texas, esto podría afianzar la ventaja republicana en el Colegio Electoral. El Partido Demócrata, por tanto, tendrá que apostar por recuperar el estado del sol, pero su precandidato más popular para las elecciones a gobernador de 2026 ya abandonó una causa que consideraba “resucitar artificialmente lo que era realmente un caso terminal”.
Más bien, si algo ha demostrado el auge de Florida es una alternativa al gobierno demócrata en grandes estados como Nueva York, Illinois y California. Con una política de bajos impuestos y escasas regulaciones —al menos para temas que no afectan a la moral cristiana—, el estado del sol ha sabido convertirse en un polo económico, político y poblacional en el sur de Estados Unidos. De hecho, podría disputarle el centro de gravedad del sur del país a Texas, que no cederá tan fácilmente dado su mayor aumento de población. Pero con un presidente como hijo predilecto del estado y con varios de sus políticos en puestos clave en la Administración federal, Florida ha sabido posicionarse como foco estratégico, al menos hasta 2028.
Sin embargo, ni los republicanos ni los habitantes de Florida deben dar por sentado que el estado seguirá apoyando causas conservadoras. Hace medio siglo, California estaba en auge y produjo dos presidentes republicanos —Ronald Reagan y Richard Nixon—, pero en los años noventa pasó a manos demócratas debido a la cruzada antiinmigrante de los líderes republicanos, que antagonizó a su población latina. La historia que forjó la identidad californiana podría ahora replicarse en Florida, su homólogo de la costa este. Si no, los republicanos mantendrán la Casa Blanca gracias a los votos del soleado estado veintisiete.







Muy buen artículo, desconocía los datos sobre migración interna a Florida y su influencia en los representantes que manda al congreso de EEUU