Amin Maalouf: “Necesitamos un nuevo orden internacional. El sistema actual está agotado”

El escritor franco-libanés reflexiona sobre cómo viejas y nuevas potencias han cuestionado el dominio de Occidente en el mundo
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Amin Maalouf: “Necesitamos un nuevo orden internacional. El sistema actual está agotado”
Fuente: Alianza Editorial (cedida)

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Rusia, China y Estados Unidos están más divididos que nunca, pero ¿cuál es el origen de su confrontación? En su nuevo libro, El laberinto de los extraviados, Amin Maalouf parte de esta premisa para analizar tres países que han cuestionado la supremacía geopolítica de Occidente: el Japón de la revolución Meiji, la Rusia soviética durante la Guerra Fría y la China actual. También Estados Unidos, líder de ese bloque occidental. Con su análisis, Maalouf busca arrojar luz sobre la complejidad del presente, en la que, dice, los países se comportan como si estuvieran perdidos en un laberinto.

Nacido en el Líbano en 1949, Amin Maalouf es uno de los escritores en lengua francesa más reconocidos en la actualidad. Autor prolífico, ha sido premiado con el Goncourt, el Aujourd’hui 2019 a mejor libro de geopolítica por El naufragio de las civilizaciones y el Premio Princesa de Asturias 2010 por su obra y su labor tendiendo puentes entre Oriente y Occidente. 

Hablamos con él en Casa Árabe sobre su nuevo libro, recién publicado en España por Alianza Editorial. También sobre si Occidente está en declive, las relaciones internacionales en un mundo conflictivo y la necesidad de imaginar un nuevo orden mundial.

PREGUNTA – La tesis de su libro es que los países se encuentran “perdidos en un laberinto”. ¿A qué se refiere? ¿Por qué el mundo de hoy es más complejo que el de hace unas décadas? 

RESPUESTA – Ese mundo de hace unas décadas era el de la Guerra Fría: dos bandos que se enfrentaban política, económica y, a veces, militarmente. En ese momento, todos los acontecimientos globales se podían analizar en función de ese conflicto central. Cuando terminó este periodo, se podría haber creado un nuevo orden internacional, pero no fue así. Había una sensación de que existía un consenso global que no duró: las cosas se fueron complicando.

El mundo actual es ligeramente similar a la Guerra Fría, pero sin ninguna base ideológica. No existen dos sistemas enfrentados como entonces, sino un consenso general de que el sistema económico occidental es el que debería prevalecer. No existe un nuevo modo de solucionar los problemas y nada parecido a un nuevo orden mundial. 

¿Por qué escogió Japón, la Unión Soviética y China como países que han cuestionado la supremacía global de Occidente? Si tuviese que escoger otros ¿cuáles serían? 

A principios del siglo XX, Occidente era la fuerza dominante: nadie dudaba de esa prevalencia europea a nivel mundial. Sin embargo, estos tres países sí que se atrevieron, cuestionaron esa supremacía y tuvieron la ambición de acabar con ella. Por supuesto, había otros que cuestionaban y se oponían a Occidente, pero ninguno que lo planteara tan claramente. 

El libro tiene un enfoque histórico. Por eso analizo los retos que plantearon el Japón de la era Meiji, la Rusia soviética y la China de las últimas décadas. Pero evidentemente sí que hay otros países que pueden desafíar a Occidente, lo que pasa es que no se presentan como un reto específico. Aun así, por su dimensión y por la aceleración de su desarrollo económico, sí que se están convirtiendo en fuerzas con las que habrá que contar en el futuro. Pienso principalmente en India

“Occidente sigue siendo la coalición dominante en el mundo. Es una realidad que nadie puede cuestionar”

¿Cree que hay un declive de Occidente? Si lo hay, ¿qué efectos tendría sobre el sistema internacional? 

No me gusta hablar de “declive de Occidente”. Es una noción que empezó a escucharse sobre todo en Occidente a partir de la Primera Guerra Mundial y que tiene una parte de verdad, pero no es un término adecuado para describir la realidad actual. Occidente sigue siendo la coalición dominante en el mundo. Dentro de esa coalición, Estados Unidos sigue siendo la potencia líder, tanto desde el punto de vista militar, como político, tecnológico y económico. Esa es una realidad que nadie puede cuestionar. 

Lo que sí que estamos presenciando es el auge de algunos países que quieren tener más peso en la toma de decisiones global. Pero no presentan todavía un proyecto alternativo. Pueden cuestionar la predominancia occidental o algunos de sus aspectos, pero, a diferencia de en la Guerra Fría, no se puede decir que ahora mismo exista alguna nueva propuesta. No se puede hablar hasta ese punto de declive occidental. 

¿Qué tendría que pasar entonces para que consideremos que existe una propuesta alternativa? ¿Qué tendrían que hacer China, Rusia u otros para tener un proyecto así? 

Todos los países que quieren tener su propio desarrollo no están planteando un orden mundial alternativo. No en esos términos. No ha aparecido ningún otro modelo social o económico alternativo equiparable al de los soviéticos. Los dos principales países que están ahora mismo en conflicto con Occidente, Rusia y China, se han instalado en un modelo económico capitalista, y no reclaman en absoluto que haya que abandonarlo ni piden cambios radicales como hacían durante la Guerra Fría. 

Aunque desde Occidente se les perciba como regímenes autocráticos, no sin razón, ellos no están proponiendo extender el modelo de partido único. Si digo que hoy estamos extraviados en el laberinto es porque necesitaríamos idear un nuevo tipo de relaciones entre Occidente y los países que sienten cierto malestar con el sistema actual, pero que no tienen una propuesta clara que formular a la humanidad. Hay que imaginar una realidad diferente entre las distintas partes y civilizaciones del mundo. 

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En el libro menciona los beneficios de que países y culturas aprendan de otras. ¿Qué debería aprender Occidente del Japón, la Rusia y la China actuales? ¿Y de otros países? 

Hay muchas cosas de las civilizaciones que han conseguido construir sociedades modernas que merecería la pena quedarse. Un aspecto que me parece muy interesante es la atención que le dedican a la educación y a la enseñanza en el sudeste asiático. Los países de la esfera cultural del confucianismo llevan insistiendo milenios en su importancia. Eso ha permitido que países como Corea hayan podido experimentar un desarrollo económico acelerado impresionante. Muchos países de Occidente tendrían muchísimo que ganar otorgando esa importancia que dan esos países asiáticos a la educación. 

Otro ejemplo es el hecho de, mientras en Occidente priorizamos los derechos y libertades individuales, en lo que se podría llamar el “mundo del confucianismo” tiene más peso el principio de autoridad, ya sea pública o de los padres. Necesitamos un equilibrio entre la tendencia a la permisividad occidental y la tendencia a la jerarquía asiática, entre la libertad individual y una paz civil que respete la vida cotidiana de toda la población.

Un ejemplo práctico podría ser el de la droga. Los países asiáticos tienen una política muy agresiva contra la droga, mientras que en Occidente hay una permisividad bastante considerable cuando se permite que barrios y ciudades enteras caigan en manos de los delincuentes. Son solamente pistas de reflexión sobre cómo se podrían combinar las influencias de los distintos sistemas para mejorar la gestión de nuestras sociedades. 

¿Convence Occidente con sus valores fuera de Occidente? 

Los valores de Occidente tienen más peso de lo que pensamos. Varias sociedades de Asia oriental que han conocido un progreso espectacular consideran los valores de la democracia y la libertad que encarna Occidente como algo muy importante. Muchos coreanos, japoneses o chinos no los ven como valores exclusivamente occidentales, sino que entienden que los necesitan. Por lo tanto, no creo que estén caducos. 

Se da la paradoja de que aunque Occidente se haya debilitado y la forma de defender sus valores no sea siempre convincente, hoy por hoy, sigue siendo la única región del mundo que desarrolla valores a los que aspira el resto de la humanidad. No hay nada que los pueda cuestionar. 

“Tenemos que conseguir que la guerra y el uso de la violencia no compensen”

Al final de su libro menciona que los países han escogido viejas fórmulas para hacer frente al mundo actual, específicamente en la guerra de Ucrania: resucitar la OTAN cuando estaba en “muerte cerebral”, citando a Emmanuel Macron, o “no asumir la fragilidad de la nación  ucraniana”. ¿Cuál es la alternativa? ¿Habría que cooperar con Rusia? ¿Y con China?

Hace dos años parecía que la OTAN ya no tenía razón de ser. Sin embargo, la guerra de Ucrania iniciada por Putin se la ha devuelto. Necesitamos construir una nueva forma de relación entre las naciones y entre el resto de componentes de la humanidad. No se puede excluir a una región o a un país de forma definitiva. Tenemos que conseguir que la guerra y el uso de la violencia no compensen. Esto no significa que haya que entenderse con todos los países a cualquier precio. Pero lo que sí está claro es que en el mundo ahora mismo hay muchos conflictos que podrían ir a más, que podrían desembocar en guerras más mortíferas todavía. Necesitamos otra forma de solucionar los problemas mundiales. Otro orden internacional adaptado a la realidad actual. 

¿Cómo sería ese nuevo orden internacional? ¿Podría detallarlo un poco?

No es fácil preconizar soluciones desde el punto de vista del observador, pero creo que en la fase actual necesitamos sobre todo convencernos de que necesitamos ese nuevo orden. Hace falta que los sabios del mundo entero se pongan a buscar y a pensar como hicieron después de la Segunda Guerra Mundial. Ahora también necesitamos propuestas para crear organizaciones internacionales, para abordar los problemas de la humanidad como lo fueron entonces la necesidad de alfabetización, la lucha contra el hambre o el desarrollo de las relaciones entre países. 

Ese sistema que se ideó al final de la Segunda Guerra Mundial está agotado. Ya no es capaz de gestionar la realidad actual. Pero a partir del existente se podría desarrollar otro más avanzado que sí la tenga en cuenta. Hay numerosos desafíos que no existían hace cuarenta años o de los que no se tenía una conciencia tan clara como la que tenemos hoy. Podríamos citar, por ejemplo, las nuevas tecnologías que han aportado mucho a la humanidad, pero que también conllevan problemas y retos importantes. También los avances en la manipulación genética, las fuerzas nucleares, las guerras bacteriológicas o químicas, o el problema climático. Hoy que somos conscientes, tenemos la necesidad de repensar y replantearnos el orden internacional. 

Por retomar la idea de las “viejas fórmulas”, ¿se puede considerar la solución de dos Estados para Israel y Palestina una fórmula antigua? ¿Hay otras más factibles? 

Nadie dice que la solución de dos Estados vaya a ser fácil, pero es que nadie imagina otra solución. ¿Cuál sería la otra solución? ¿Qué un país aniquile al otro? Es la solución que se impone porque no hay ninguna otra que sea creíble. Por supuesto que sería una solución muy difícil de implantar. Y si algún día se decide empezar a aplicarla, pues serán muchísimas las complicaciones y dificultades, pero no hay otra opción.

Alba Leiva

Madrid, 1997. Redactora en El Orden Mundial. Graduada en Relaciones Internacionales por la Universidad Complutense y Máster en Geopolítica y Estudios Estratégicos por la Universidad Carlos III. Me interesa la política internacional, la geopolítica de los recursos, las nuevas tecnologías y la cultura.

1 comentario

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    Francesc de Miguel

    Ese planteamiento de plantar cara a occidente queda muy vacío cuando no se incluye el Islam en el relato

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