Por qué Venezuela es una dictadura aunque celebre elecciones

Venezuela ha bajado 45 puestos en el índice de democracia desde la llegada de Nicolás Maduro al poder en 2013
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Por qué Venezuela es una dictadura aunque celebre elecciones
Marcha opositora en Caracas, 2019. Fuente: Wikimedia

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Venezuela es un país autoritario. Así lo acreditan índices de democracia como el de The Economist o el Instituto V-Dem sueco. Estos índices miden aspectos como la celebración de unas elecciones libres y justas, el pluralismo político, la prevalencia del Estado de derecho, la participación política, las libertades civiles y la transparencia y representatividad del Gobierno. En todos ellos, Venezuela queda por debajo del umbral democrático.

La última edición del índice de The Economist, de 2023, sitúa a Venezuela en el puesto 142 de 167, por debajo de Cuba (en el 135) y muy cerca de Rusia (144) o China (148). De hecho, se queda muy cerca de ser el país más autoritario de América Latina sólo superado por Nicaragua, en el puesto 143. Venezuela ha caído 45 puestos desde la llegada al poder de Nicolás Maduro en 2013, pasando de un régimen híbrido con Hugo Chávez al autoritarismo actual.

Por qué Venezuela es un país autoritario

Uno de los principales rasgos que identifica a una democracia es la celebración de elecciones. Pero eso no basta. Las elecciones deben ser libres, competitivas y justas, con diversos candidatos en igualdad de condiciones por alcanzar el poder. Las últimas elecciones presidenciales de Venezuela, del pasado 28 de julio, demuestran que esto no sucede en el país.

Antes de la votación, el régimen inhabilitó a la candidata opositora, María Corina Machado, una de las políticas más populares del país, e impidió la inscripción de su sustituta, Corina Yoris. También detuvo a varios activistas opositores y restringió el voto del exterior: en un país que ha sufrido una enorme emigración en los últimos años, apenas pudo participar el 1% de los cinco millones de venezolanos con derecho a voto en el extranjero.

La oposición también ha denunciado incidentes en los centros de votación durante el día de las elecciones y la caída del sistema de escrutinio del Consejo Nacional Electoral (CNE). El oficialismo todavía no ha publicado las actas de las mesas electorales, pero sí unas sospechosas cifras de voto que alimentan la teoría del fraude. Incluso el Centro Carter, uno de los observadores reconocidos por el régimen, ha cuestionado la integridad del proceso.

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Venezuela también carece de separación de poderes. Maduro controla los tres poderes del Estado —legislativo, ejecutivo y judicial—, los organismos electorales, el Ejército y los medios de comunicación públicos. Esto le ha permitido ampliar sus poderes presidenciales y legitimar sus irregularidades electorales y la represión contra sus opositores. También ha contribuido a afianzar una red clientelar del Estado que anula la transparencia, la rendición de cuentas y la representatividad de los votantes.

Del régimen híbrido de Chávez a la autocracia de Maduro

La regresión democrática de Venezuela comenzó hace dos décadas con Hugo Chávez. Chávez llegó al poder en 1998 y en sus inicios no alteró en exceso los pilares democráticos del país. De hecho, con la reforma constitucional de 1999, impulsó la participación de las clases populares con mecanismos de democracia directa.

El punto de inflexión llegó tras el golpe de Estado fallido que sufrió Chávez en 2002. Desde entonces, el régimen chavista fue erosionando los contrapesos democráticos. Chávez aprovechó su triunfo en el referéndum revocatorio en 2004 y su abrumadora mayoría en las elecciones legislativas de 2005 para cooptar las instituciones. Empezó a legislar sin pasar por la Asamblea Nacional. En 2004, modificó la composición del Tribunal Supremo (TSJ) para tener mayoría, incorporando doce jueces chavistas. Tres años más tarde, logró el cierre de Radio Caracas, uno de los principales medios del país, crítico con el chavismo. 

Sin embargo, uno de sus hitos más destacados fue hacerse con el control de PDVSA, la petrolera estatal, lo que le permitió administrar la principal fuente de ingresos del Estado y destinarlo a misiones sociales. Estas misiones contribuyeron a reducir los índices de pobreza en el país, pero también sirvió para crear una red clientelar que compraba la lealtad al presidente. Altos cargos de las Fuerzas Armadas fieles a Chávez ascendieron en la Administración.

El sucesor de Chávez, Nicolás Maduro, se sirvió de esta base para asentar la transición autoritaria tras la muerte de su predecesor en 2013. Por entonces, la oposición todavía tenía margen para competir electoralmente. De hecho, ganaron las elecciones de 2015. Su mayoría cualificada le otorgaba la capacidad de realizar cambios constitucionales y de impulsar un referéndum revocatorio contra Maduro. Fue ahí cuando Maduro dio el paso de un régimen híbrido a uno autoritario.

Para evitar perder el poder, el oficialismo volvió a modificar la composición del Tribunal Supremo a su favor. El nuevo tribunal anuló la elección de tres diputados antichavistas, lo que le quitaba a la oposición su mayoría cualificada. Al negarse la Asamblea a acatar esta decisión, el TSJ despojó a la cámara de sus competencias. El golpe final se concretó con la convocatoria de elecciones para una Asamblea Nacional Constituyente en 2017, en las que la oposición se negó a participar. Con el control absoluto de la Constituyente, el chavismo reemplazó a la Asamblea opositora y confirmó su giro autoritario. Desde entonces, Venezuela se ha afianzado como una dictadura bajo el mando de Nicolás Maduro.

David Gómez

Guadalajara, 1999. Doble grado en Relaciones Internacionales y Periodismo por la URJC. Ciencias Políticas en la Università degli Studi di Firenze. Apasionado de la geopolítica, el deporte y el cine.

1 comentario

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    Jose J. Rodríguez Moreno

    En España creo que siempre fue muy difícil entender la Venezuela del primer Chávez, más que nada porque apoyarla o atacarla se convirtió en una cuestión ideológica, más allá de los datos objetivos. Y aquí hay datos bien explicados, así que gracias una vez más por la claridad aquí y en el podcast sobre Maduro, que ayuda mucho a entender la evolución del régimen.

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