“Quiero morir en Marte”. Ese es el deseo de Elon Musk. Pisar el planeta rojo es la principal motivación del multimillonario y objetivo central de su empresa SpaceX. No es un sueño original: miles de hombres y mujeres que sueñan con el espacio han pensado en caminar por sus desiertos y cañones. Una meta más para la humanidad que alimenta las ideas de progreso, de llegar siempre más lejos, de conquistar cada vez más territorios. La NASA también ambiciona llevar humanos al planeta vecino en la década de 2030, por lo que es esperable que ambos proyectos converjan. Pero ¿sirve para algo pisar Marte?
Voces críticas argumentan que llegar a Marte no sirve para ningún objetivo científico, sino de expansión imperial. La exploración mediante robots o misiones más modestas podría servir para ampliar el conocimiento sobre el planeta rojo de forma más barata y sin arriesgar vidas humanas. Permite continuar aprendiendo sobre sus condiciones, la posibilidad de que exista o haya existido agua y el contexto en el que se da la vida en el espacio. Mandar humanos a Marte o colonizarlo son proyectos nacionalistas, no necesariamente científicos, pero que sirven para motivar la búsqueda de conocimiento y hacer que la ciencia y la ingeniería avancen. El problema es a qué coste.
Objetivo Marte 2030
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